La adhesión también fue importante en los gremios más cercanos al Gobierno

Pese a la presión de las cúpulas, y a que habían cerrado las paritarias, se notó en la UOM, Smata y Comercio.

No parece casual: ayer debía finalizar el congreso anual de delegados de la UOM, en Mar del Plata, con un discurso de su líder, Antonio Caló. Pero misteriosamente, o no tanto, la clausura se postergó hasta el mediodía de hoy. Y anoche se disiparon con rapidez las versiones de que al acto de cierre iba a concurrir Cristina Kirchner.

Las últimas palabras del jefe de la UOM, hace 48 horas, parecieron dictadas por Moyano, su más tenaz adversario: “El paro va a ser grande”, pronosticó como si fuera un cronista.

Quizá fue una maldición: la huelga general afectó a muchísimos sectores de la actividad económica, pero llamó la atención que haya impactado tanto en aquellos donde justamente el sindicalismo oficialista y el Gobierno habían llamado a no parar.

En UPCN, por ejemplo, relativizaban la contundencia de la huelga, pero admitieron que, según un relevamiento del gremio, en la Cancillería y en los ministerios de Economía y de Trabajo apenas el 30 por ciento del personal se había presentado para trabajar.

En las filas de Smata se comentaba el caso de la planta de Volkswagen de General Pacheco, donde están sufriendo suspensiones: allí faltó apenas un 35% de los trabajadores, pero no pudieron hacer nada porque no llegaban los camiones con los insumos. El gremio del ultra-K Ricardo Pignanelli metió presión para que la gente fuera a trabajar, hasta tal punto que Volkswagen tuvo la intención de suspender ayer la producción por 24 horas, como se hizo en Ford, pero los sindicalistas se opusieron.

La situación de Comercio fue muy particular. Armando Cavalieri firmó a principios de esta semana una paritaria “cuidada” (27% en dos tramos y dos sumas fijas de $1.200), tras un fuerte pressing del Gobierno, pero las seccionales rebeldes (Rubén Ledesma, de Zona Oeste; Pedro Orlando Machado, de Lanús y Avellaneda, y Ricardo Raimundo, de Zona Norte), que militan en el massismo, adhirieron al paro y quedó demostrado que el acuerdo salarial no sirvió para desalentar a los mercantiles huelguistas.

En el Oeste, por ejemplo, en algunos grandes supermercados como Walmart, Jumbo o Disco, la moción del paro había ganado por un amplio margen en las distintas asambleas. Es más: muchos reclamaban a viva voz que junto con el paro también se hiciera una movilización.

El caso de los subtes, donde los metrodelegados, mayoritariamente kirchneristas, no adhirieron el paro, también fue curioso. Ayer no funcionó ninguna línea, pese a que sólo la B, donde tiene mucho predicamento el delegado del PTS Claudio Dellecarbonara, había votado a favor de la huelga.

¿Hubo una ayudita de la empresa, en sociedad con Metrovías? Fue lo que denunció Beto Pianelli, líder de metrodelegados, que ayer no pudo evitar que la alta adhesión a la protesta le diera oxígeno a la UTA, su archienemigo sindical, con el que mantiene una feroz una pelea por la representatividad.

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