Arranca otra ofensiva contra Ganancias

Los gremios más decisivos empiezan a pintarse la cara para lo que viene: la batalla contra el Impuesto a las Ganancias. Camioneros y bancarios liderarán la ofensiva, pero no serán los únicos. Es que, si Cristina Kirchner no aumenta el mínimo no imponible, miles de trabajadores cobrarán el aguinaldo de junio con descuentos queneutralizarán los aumentos logrados en las paritarias.

La alianza sindical opositora, que lideran Hugo Moyano, Luis Barrionuevo, Omar Maturano y Roberto Fernández, saldrá mañana a la calle para reclamar ante la ANSeS un “haber jubilatorio digno”, pero tienen resuelto un paro de 24 horas en julio (después del Mundial) que tendrá como uno de sus principales ejes la modificación del polémico impuesto. Los camioneros tienen previsto lo mismo luego de firmar la negociación salarial: es que están reclamando un 40% de aumento y sus sueldos son de los más elevados de la actividad privada. Y los que empezarán una embestida en el mismo sentido son los bancarios: el jueves y el viernes próximos pararán en la última hora de atención al público y repetirán la medida de fuerza el 18 y el 19, profundizándola a dos horas.

En el Gobierno hay funcionarios convencidos de que la Presidenta anunciará el alivio fiscal en los próximos días (“sería ideal para compensar en la tapa de los diarios las malas noticias sobre Boudou”, bromeó uno de ellos), pero en la CGT oficialista no están tan seguros: su líder, Antonio Caló, está seguro de que se anunciará después del Mundial de Fútbol porque las arcas oficiales hoy no pueden prescindir de los fondos que provienen de la millonaria recaudación de Ganancias.

La protesta de la Asociación Bancaria, dirigida por el radical Sergio Palazzo, no sólo tiene que ver con los “descuentazos”: hay una pelea sin cuartel contra el gobernador de Tucumán, José Alperovich, por la reincorporación de 36 despedidos de la Caja Popular provincial y en repudio por la dura represión de 22 bancarios que reclamaban por los cesanteados. Algo que grafica las dificultades del kirchnerismo para encarrilar la relación aun con los sindicalistas menos díscolos: Palazzo dejó la CGT moyanista en medio de un acuerdo con el Gobierno para normalizar su obra social y mantiene una posición política autónoma, aunque de buena llegada con la Casa Rosada.

El líder bancario acusa a Alperovich de buscar el vaciamiento de la Caja Popular y sospecha que quiere apropiarse de los fondos que provienen del juego y luego privatizar esa entidad. Para colmo, el mandatario tucumano perdió peso en el juego del poder: su esposa, Beatriz Rojkés, dejó de ser la presidenta provisional del Senado y dicen que él está coqueteando con Sergio Massa ya que no puede aspirar a una nueva reelección, algo que en el PJ es sinónimo de muerte política.

¿Nadie del gobierno nacional pudo persuadir a Alperovich de que revisara una actitud que está empujando convertirse en opositor a un gremio clave? Si todo sigue así, el congreso nacional de los bancarios lanzará a fin de mes un paro nacional de 24 horas. Hay cierta coherencia: desde la Casa Rosada tampoco se ayudó mucho a sindicatos ultraoficialistas como SMATA y la UOM para prevenir o solucionar una de las peores crisis que sufre el empleo en la industria automotriz.

Pero Antonio Caló y Ricardo Pignanelli prefirieron no apuntar al Gobierno, sino echarle la culpa al avance de “los zurdos” en conflictos como el de Gestamp. Unos 14 gremios industriales enrolados en el kirchnerismo analizaron con preocupación (y al borde del macartismo) el ascenso del sindicalismo combativo, aunque allí no estuvo Rodolfo Daer, jefe del Sindicato de Alimentación de Capital y el que más sufre el asedio de la izquierda en fábricas de la zona norte del conurbano.

“Si piensan combatir así al trotskismo, están en pedo”, fue el diplomático mensaje que les hizo llegar a sus colegas. Daer eligió otro método: después de mucho tiempo, hace veinte días volvió a la planta de Mondelez (ex Kraft) de General Pacheco para hablar con los trabajadores. Y su estrategia no difiere tanto de la desplegada por el PTS: está reclamando, en sintonía con la federación del sector, un aumento salarial del 40% y desde este viernes, cuando venza la conciliación obligatoria, habrá paros sorpresivos de cuatro horas por turno y marchas ante las cámaras empresariales.

Ese impactante reclamo del 40% es la bandera que han enarbolado en el sindicalismo opositor. No sólo para compensar los destrozos que causa la inflación, sino también para dejar desacomodados a los gremios K, que firmaron paritarias por debajo del 30%. Cerca de Moyano y Barrionuevo deslizan, con malicia, que por ese desfase salarial crece la bronca entre trabajadores de sindicatos K como la UOM, la Uocra y Comercio. El que salió reforzado del veredicto de las bases fue otro ultrakirchnerista como Andrés Rodríguez, que fue reelegido en UPCN con el 64% de los votos.

La efervescencia interna insinúa peleas en gremios como el mercantil, que tiene elecciones en 2015 y en donde Armando Cavalieri se enfrentaría a un bloque opositor del conurbano y del interior, y en Luz y Fuerza, que afrontaría una rebelión de sindicatos provinciales.

En este clima tenso figura esa misma izquierda que causa tanto pánico en el PJ: en su periódico partidario, el Partido Obrero acusó al PTS de “una campaña de intrigas”, consistente en “repetir que el PO no está en la lucha de Gestamp”. Y advirtió: “La difusión de calumnias es el método del lumpenaje político. No hemos olvidado que el PTS hizo lo mismo cuando mataron a Mariano Ferreyra”.

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