Con aval “gordo”, Caló liderará la CGT Balcarce

“Al que le quepa el sanyo , que se lo ponga”.
La frase no la acuñó ninguna fábrica de productos electrónicos sino Lorenzo Miguel, reinventando involuntariamente el tradicional proverbio y sin haber imaginado que su heredero, Antonio Caló, ya está probándose el sayo para que la UOM vuelva a sintonizar la máxima conducción de la CGT, adueñándose de manera imprevista del control remoto del sindicalismo K. Es que, en un sorpresivo giro de 180 grados, el sector de los “Gordos” resolvió este fin de semana que quiere que haya un solo secretario general de la CGT Balcarce y definió que Caló es el candidato ideal para ese cargo, con lo que se evapora la alternativa de un triunvirato de conducción que se venía barajando ante las fuertes diferencias internas.

La plana mayor de los “Gordos” (Armando Cavalieri, de Comercio; Oscar Lescano, de Luz y Fuerza, y Carlos West Ocampo, de Sanidad) representaba la principal resistencia a la idea de que Caló fuera el único líder cegetista: le criticaban algunos gestos desconcertantes y temían que pudiera ser tan incontrolable como Hugo Moyano.

Por eso, apadrinaron un esquema colegiado, que licuara el poder de Caló y cristalizara la relación de fuerzas internas del sector, donde los “Gordos” conviven con los “independientes” (Gerardo Martínez, de la Uocra; Andrés Rodríguez, de UPCN, y José Luis Lingeri, de Obras Sanitarias) y con ex moyanistas del Movimiento de Acción Sindical Argentino (MASA), liderados por el taxista Jorge Viviani.

Los “Gordos” resolvieron alinearse con Caló más por necesidad que por entusiasmo: temían que las “operaciones políticas” de otros dirigentes terminaran sumando a la futura conducción cegetista a Viviani, al que visualizan como “la continuidad del moyanismo”. Hacerle un lugar en la grilla de la CGT Balcarce equivalía a consagrar una conducción de 4 dirigentes en lugar de 2, o incluso de 5: desde MASA volvieron a acercarse a Luis Barrionuevo para que se sume al sector sindical oficialista.

Al dirigente gastronómico lo había vetado la presidenta Cristina Kirchner por su perfil opositor, pero, en un complejo juego de equilibrios, aportará un gesto de buena voluntad al planeta K: acaba de decidir que no participará de la protesta callejera que compartirán Moyano y la CTA de Pablo Micheli. Sin embargo, Barrionuevo dará mañana una señal distinta cuando marche para exigir el esclarecimiento del asesinato de José Ignacio Rucci al lado del dirigente camionero y del gobernador José Manuel de la Sota.

Caló también recordará a Rucci en la tradicional conmemoración que se realiza en el cementerio de la Chacarita, donde, según sus allegados, dará algunas pistas de cuál será su verdadero papel en la CGT Balcarce. Y por la tarde, quizá, participe de la reunión del sindicalismo kirchnerista en la sede de UPCN, que, hasta la inesperada decisión “gorda”, estaba prevista sólo para avanzar con el triunvirato, del que, además del metalúrgico, iban a formar parte Rodríguez, de UPCN, y Héctor Daer, de Sanidad.

El giro de los “Gordos” será decisivo : reúnen a los gremios con mayor cantidad de afiliados y, por ende, de congresales que decidirán la nueva CGT Balcarce. Por eso Caló se encamina a transformarse en el tercer metalúrgico que liderará la central obrera (después de Rucci, en 1970, y de Naldo Brunelli, en 1993-1994), pero será el primero en llegar desde la secretaría general de la UOM (aquellos fueron jefes de la seccional San Nicolás). Y lo hará fortalecido: fue reelegido en las elecciones de su gremio, que finalizaron el viernes, al frente de una lista única con un alto porcentaje.

Hubo pocas seccionales en las que existió competencia interna, y en todos los casos terminó ganando la oposición. Sucedió en Villa Constitución, donde triunfó el candidato apadrinado por la CTA oficialista, y en Córdoba, en la que se impuso un peronista ortodoxo que está cerca del delasotismo. Aun así, pueden ser opositores en sus seccionales, pero no comen fierro: ninguno dejó de apoyar a Caló a nivel nacional.

En la vereda opositora, fue histórico el gesto de Moyano de visitar a Micheli, y de haberlo hecho acompañado no sólo por sus hijos Pablo y Facundo, sino también por 15 dirigentes de su consejo directivo. La charla fue tan fructífera que hasta Gerónimo Venegas, del ala conservadora del moyanismo, se fue antes de la reunión pero le susurró a la dupla Moyano-Micheli: “Espero que decidan el paro nacional”. No fue así: el camionero puso a su gremio como emblema del apoyo a la movilización del jueves 11 de octubre a la Plaza de Mayo, aunque falta el aval orgánico de su CGT. Algunos creen que quizá se decida marchar, pero no sumarse a una huelga decidida por otra central.

Hay motivos adicionales que suman malestar en el moyanismo: Juan Carlos Schmid, de Dragado y Balizamiento, está en estado beligerante y asociado con la CTA rebelde en los reclamos por los trabajadores de la isla Demarchi, mientras que Abel Frutos, de Panaderos, buscará otro mandato en su gremio en las elecciones del 1° de octubre con la amenaza cierta de que La Cámpora alentaría la formación de una lista opositora.

Por ahora, la CGT Azopardo sólo piensa en pasado mañana, cuando en La Falda, Córdoba, se presente en sociedad el documento de 21 puntos, un conjunto de propuestas imaginadas como la plataforma política del camionero. Y la expectativa está puesta en si, como se espera, De la Sota aparecerá para la foto con Moyano.

En medio de semejante expectativa, un inesperado problema : Hebe de Bonafini advirtió que las Madres de Plaza de Mayo marchan los jueves y que el sindicalismo opositor debería elegir otro día para protestar. Micheli y Moyano lo harían, pero los más duros son los pueblos originarios: como parte de la CTA disidente, propusieron marchar justamente el 11 de octubre porque es el “último día de libertad” en el almanaque indígena. El tema se discutirá esta semana, pero confirma lo difícil que es concretar la oposición gremial al kirchnerismo cuando, por ahora, hay más caciques que indios.

Comentá la nota