Se avecinan reclamos salariales explosivos

Se avecinan reclamos salariales explosivos
Cuánta inflación podrá soportar el sindicalismo sin reaccionar? La pregunta es cuánto podrán soportar los trabajadores o, en todo caso, cuánto podrán hacer el Gobierno, los empresarios y algunos dirigentes por contener los explosivos reclamos salariales que se vienen.
Porque no hace falta ser Horangel para animarse a una predicción bastante obvia: las paritarias de 2014 amagan con ser las más complicadas de la última década.

Por más que el ministro Florencio Randazzo haya dicho ayer, luego de diez años de kirchnerismo, que “la inflación es un tema histórico, no de este gobierno”, el indetenible alza del costo de vida ya está marcando la agenda sindical. Casi todos los gremios piden un bono navideño que compense la suba inflacionaria de estos últimos meses y el gran dilema es que este reclamo será la base de la rediscusión salarial para el año próximo: nadie quiere afrontar una nueva negociación sin recuperar algo de lo que se perdió.

Pero el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, ya advirtió que no habrá bono de fin de año para jubilados y trabajadores activos, mientras hay gobernadores que alertaron acerca de las dificultades que tendrán para pagar el medio aguinaldo de diciembre. Tras haber recibido la bendición papal, la CGT oficialista no se propondría exigir orgánicamente ningún bono, aunque analizará esta semana cómo afrontar una instancia de diálogo tripartito sin eludir el reajuste antiinflacionario y, a la vez, sin irritar al Gobierno.

Hay otros factores que incidirán en un horizonte de paritarias complicadas. Será más difícil cerrar acuerdos, por ejemplo, cuando la atomización sindical se profundiza y crece la sensación de anarquía. Por un lado, cada central obrera se sigue dividiendo en más sectores internos como consecuencia de dos fenómenos: 1) Ni sus variantes kirchneristas ni opositoras logran resultados concretos de su poder de presión, y 2): La ausencia de un liderazgo fuerte en el PJ, ante un escenario incierto por el fin del ciclo de Cristina Kirchner, interfiere en los planes sindicales y centrifuga las lealtades políticas.

Por otro lado, al calor de los últimos fallos laborales de la Corte, existe una fuerte competencia interna entre los sindicatos con personería y los que no la tienen, e incluso entre los gremios a nivel nacional y algunas seccionales rebeldes. Los dirigentes saben que está en crisis el “unicato” que siempre dominaron a su antojo: manejan estructuras burocratizadas, preparadas para recaudar pero no para llegar al afiliado, por lo que ahora muchos empezaron a sentir la presión de las bases y, en algunos casos, de un sindicalismo combativo que les está ganando muchas seccionales y comisiones internas.

Quizá demasiado tarde, hay gremialistas que admiten que fue un error haberse preparado para combatir contra jóvenes inexpertos de La Cámpora, sin llegada real entre los trabajadores, en lugar de pensar cómo frenar el avance de la izquierda, que desde hace años se fijó el objetivo de disputarle al peronismo el poder en los sindicatos.

La tendencia tiende a expandirse: en las elecciones de Ademys, uno de los principales gremios docentes porteños, la izquierda del Frente Multicolor le acaba de ganar con el 53% de los votos al Frente de Unidad Docente, que responde a la CTA opositora, mientras que, con el 62% de los votos, la clasista Lista Celeste se impuso a la oficialista Lista Verde de Smata en los comicios de la autopartista Lear, de General Pacheco.

Por eso no parece casual la fuerte marcha que el sindicalismo combativo realizó hace 72 horas por el centro porteño, con eje en reclamos a los que aún no se animan algunas fracciones de la CGT: “Doble aguinaldo, la reapertura de las paritarias y ni un solo despido”. Tampoco, que los primeros proyectos que presentará el flamante diputado trotskista Néstor Pitrola, por ejemplo, sean banderas olvidadas por algunos sindicalistas, como la “abolición del impuesto al salario y el 82% móvil para las jubilaciones”.

El avance de la izquierda sindical incluso empuja decisiones: Rodolfo Daer, titular del Sindicato de Alimentación de Capital, anunció movilizaciones en demanda de un bono navideño de 3.000 pesos, pero, más allá de su convicción, se tuvo que poner al frente de los reclamos porque tiene al trotskista PTS como un enemigo de peso en las comisiones internas de importantes fábricas de la zona norte como Kraft, PepsiCo y Stani-Cadbury.

Si el sindicalismo peronista no se democratiza para fortalecerse y quitarle espacios a sus rivales clasistas, al menos debería unificarse, pero las señales van en un sentido contrario: la CGT Balcarce festeja como una goleada que el papa Francisco haya recibido a una amplia delegación de esa central en el Vaticano (luego de que se había sugerido que iba a ser sólo una comitiva de gremios industriales), algo que desorientó a los que pensaban que Jorge Bergoglio no iba a tomar partido en la interna sindical.

Otro gesto que desorientó fue el sugestivo faltazo de Hugo Moyano y de su hijo Facundo al acto que organizó anteayer el gremio plástico, liderado por Alberto Murúa, en el predio de Esteban Echeverría, al que sí fue Sergio Massa. Hay quienes interpretan que Murúa, un moyanista que se volcó al massismo, sería uno de los tantos candidatos a conducir una CGT unificada. ¿Será por eso que los Moyano tomaron distancia?

En estos días, ambos hablarán del proyecto de democratización sindical que quiere presentar Facundo y que los aliados de su padre en la CGT Azopardo visualizan como una amenaza. Si Hugo Moyano lo avala, lo apoyará más la izquierda que el peronismo.

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