Caló y Moyano, en el juego de los espejos

Caló y Moyano, en el juego de los espejos
Por Ricardo Carpena

Cuando se mira en el espejo, Hugo Moyano tiene ganas de encontrar la imagen de Lula y su pesadilla es descubrir allí la figura de Saúl Ubaldini luego de su estruendoso traspié electoral de 1991.

Antonio Caló, por su parte, parece empecinado en hallar en su espejo las claves del liderazgo de Augusto Vandor y se lo podría intuir molesto por verse como Guerino Andreoni, el dialoguista dirigente mercantil al que los libros de historia sólo recuerdan por haber liderado una CGT menemista tras la fractura sindical de 1989.

Las próximas horas serán decisivas para saber si habrá motivos ciertos para que ambos se sientan conformes ante sus espejos. En el caso de Moyano, la expectativa está puesta en su lanzamiento político de mañana en el Luna Park: el Partido por la Cultura, la Educación y el Trabajo simbolizará el intento de un sector clave del sindicalismo peronista para dejar de depender de la estructura política tradicional y soñar con llegar al poder con un candidato surgido de las filas del movimiento obrero.

“Tenemos que dejar de ser un factor de presión para pasar a ser un factor de poder”, decía el líder camionero en 2009, cuando “entendió que era hora de poner en juego sus propios resortes electorales”, tal como lo destaca el excelente libro “La lucha continúa”, de Santiago Senén González y Fabián Bosoer. ¿Lo logrará el líder camionero?

A diferencia de Ubaldini, el jefe de la CGT Azopardo prefiere avanzar más despacio, tratar de consolidar su partido y armar alianzas más amplias, que no lo dejen tan aislado y expuesto. En el fondo, sólo parece confiar en sí mismo, pero la necesidad de que no lo pase por arriba la maquinaria kirchnerista hizo que terminara abrazado con Roberto Lavagna, José Manuel de la Sota y Francisco de Narváez. Y le vino bien su reciente cortocircuito con Mauricio Macri: en su entorno sigue inquietando una coalición que vire “tan a la derecha” (como si De Narváez hubiera bajado de Sierra Maestra).

Por tratarse de un partido del siglo XXI, el lanzamiento de mañana tendrá demasiados ribetes del peronismo clásico, no sólo porque se eligió hacerlo un 7 de mayo, el día en que nació Eva Perón. La idea es que, antes del orador central, hablen un representante de la rama gremial (Juan Carlos Schmid), uno de la política (Omar Plaini), una de la femenina (Susana Laburu), uno de la juventud (Facundo Moyano) y un aliado provincial (el dirigente petrolero Guillermo Pereyra, candidato a senador por Neuquén).

Entretanto, Caló tratará de acercarse lo máximo posible a Vandor o, aunque sea, a l a vieja estrategia del prócer metalúrgico de “golpear para negociar”. El jefe de la UOM convocó para hoy, a las 10, a los secretarios generales del gremio en la seccional Villa Lugano para decidir medidas de fuerza ante el estancamiento de las paritarias, aunque por la tarde está previsto un nuevo encuentro con los empresarios del sector.

Todo indica que se podría firmar lo que sugiere el Gobierno: formalmente, un 24% de aumento (17% retroactivo a abril y 7% en julio, más dos sumas fijas de casi $700), que serviría como punto de referencia y tope para el resto de las negociaciones salariales. Pero la mejora cambiaría si, como quiere la UOM, los aumentos son acumulativos; así, el incremento real de los sueldos se elevaría hasta poco más del 26% anual.

Así, Caló podrá dar una señal de alineamiento con Cristina Kirchner de manera más enfática que sus colegas de la CGT Balcarce, quienes, de todas formas, quedaron bastante tranquilos tras el encuentro con la superintendenta de Servicios de Salud, Liliana Korenfeld, para hablar de los serios problemas de las obras sociales.

Sobre todo cuando la funcionaria les aseguró, en nombre de la Presidenta, que “las obras sociales no se tocan” y, así, frenó las fuertes sospechas de que el Gobierno estaba desfinanciando el sistema para que avanzara el proyecto del titular del PAMI, Luciano Di Césare, de crear un seguro de salud con fondos de aquellas entidades. Fue el saldo más concreto de esa reunión que duró casi tres horas y media: los $ 15.000 millones que debe el Estado a las obras sociales, y que surge del aporte de los trabajadores, seguirán retenidos, aunque Korenfeld se mostró dispuesta a comenzar a distribuirlos cuando surjan proyectos sindicales de construcción de clínicas, por ejemplo.

Donde el sindicalismo K está por ir a la guerra es en el rubro del transporte. El líder de La Fraternidad, Omar Maturano, que encabeza la Ugatt, donde militan 18 gremios del sector, está cada vez más duro: cuestionó la gestión de Mariano Recalde en Aerolíneas y logró que la CGT oficialista apoyara a la UTA en el actual conflicto salarial de los choferes de ómnibus de larga distancia. Y, mientras sigue alejándose del ministro Florencio Randazzo, se mira en el espejo de los dirigentes que más poder acumulan: asumirá al frente de la Federación Ferroviaria, integrado por los cuatro gremios del área.

Otro reflejo de esta dirigencia sindical que, atrapada por los espejismos, quizá tema repetir el destino de José Espejo, aquel líder de la CGT tan subordinado a Juan Perón que debió renunciar, en 1952, cuando lo silbaron durante un acto en la Plaza de Mayo.

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