Los dos caminos de las centrales obreras

Los dos caminos de las centrales obreras
El aumento del mínimo no imponible anunciado por la Presidenta les dio impulso interno a los sectores de la CGT y la CTA que apuestan al diálogo con el Gobierno, frente a los sectores que promueven medidas de acción directa.
Por Julián Bruschtein

En un escenario sindical caracterizado por la fragmentación de las representaciones de los trabajadores, los diversos sectores gremiales impulsan una agenda de pedidos casi calcada y se diferencian, sobre todo, por la metodología con que buscan encaminar sus logros. El anuncio presidencial del aumento del mínimo no imponible de Ganancias les dio aire a quienes apuestan por el diálogo, como la CGT oficial que encabeza el metalúrgico Antonio Caló y la CTA que lidera el docente Hugo Yasky. La CGT de Hugo Moyano y la CTA de Pablo Micheli impulsan medidas de acción directa, que hasta el momento solo esbozaron planteos políticos como sectores de la oposición, al igual que la CGT Azul y Blanca del gastronómico Luis Barrionuevo.

“Es menos de lo que nosotros creemos que se debe aumentar, pero es un claro gesto de la Presidenta hacia las organizaciones sindicales y a los que estamos convencidos de que a través del diálogo y el acercamiento de posiciones se puede llegar a un acuerdo”, señaló a Página/12 un dirigente sindical de la CGT que conduce Caló, poniendo énfasis en las diferencias de criterio para llevar adelante los reclamos de los trabajadores, que generaron además la fractura de la CGT que encabezó durante ocho años el camionero Moyano, hoy en la vereda de enfrente. El proceso político iniciado en el 2003 por Néstor Kirchner terminó siendo la divisoria de aguas para las centrales obreras, que comenzaron con un debate interno ante el cambio de paradigma que ofreció el ex presidente luego de doce años de neoliberalismo explícito.

La cruzada por encabezar un nuevo mandato en la CGT fue dejando a Moyano aislado de sus antiguos aliados. Su empecinamiento por pegar el salto del gremialismo a la política y su intento de posicionarse como el heredero del kirchnerismo lo hicieron jugar sus cartas de manera anticipada y terminó debilitado, haciendo alianzas con sectores de la oposición que no mucho tiempo atrás le dedicaban críticas y denuncias en su contra.

La agenda compartida entre las cinco centrales ponía como primer punto el aumento del mínimo no imponible de Ganancias. La modificación del piso salarial a partir del cual se aplica el impuesto fue uno de los caballitos de batalla sobre el que Moyano y Micheli se montaron para realizar medidas de fuerza sostenidas, con cortes en los ingresos a la Ciudad de Buenos Aires y movilizaciones a Plaza de Mayo. Por su lado, Caló y Yasky empujaron una mesa de diálogo con el Gobierno, que terminó dando sus frutos con el anuncio de la semana pasada de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, lo que descomprimió la discusión de paritarias que se viene. Primero fue la exención de la aplicación del impuesto al medio aguinaldo de diciembre pasado y, ahora, el aumento de un 20 por ciento en el mínimo no imponible.

A pesar de que el porcentaje logrado les pareció insuficiente, los gremialistas de la CGT liderada por Caló aseguran que “la medida nos va a permitir encarar la discusión salarial con mayor tranquilidad”, según confió un dirigente de un sindicato de los trabajadores industriales. La discusión en paritarias generaba cierta preocupación entre los sindicalistas, por la posibilidad de que una mayor cantidad de trabajadores superaran el límite del mínimo no imponible y vieran licuado el aumento salarial al que pudieran llegar en la mesa de negociación. Yasky también aseguró que esperaban un aumento del mínimo no imponible cercano al 25 por ciento, pero también fue bien recibido el anuncio presidencial.

Para las centrales obreras enroladas en la oposición, el número anunciado por la Presidenta “está muy lejos de lo que debería ser, cercano al 35 por ciento”, confió un sindicalista cercano a Moyano, a pesar de que el propio Facundo, hijo del camionero, dijo que “debería haber sido del 50 por ciento”. “El moyanismo exagera su posición como una novia despechada, pero a la hora de las resoluciones y los acuerdos no va más allá de los acuerdos generales de los demás gremios, como pasó con el monto que pedían para fin de año, de cuatro mil pesos, y finalmente no lograron ni la mitad de lo que planteaban”, recordó el dirigente del gremio industrial. Y agregó que “Moyano hizo siempre lo mismo, negociaba para su gremio y que los demás se arreglen por su cuenta”.

La agenda sigue su curso con la universalización de las asignaciones familiares y la devolución de una deuda que el Estado mantiene con las obras sociales sindicales. Todos plantean los mismos reclamos, lo que varía es la forma de plantearlos. Mientras Caló y Yasky abogan por el diálogo para encaminar los reclamos gremiales, Micheli, Moyano y Barrionuevo eligen directamente las medidas de fuerza. Hay que destacar que estos tres sectores gremiales sostienen relaciones con sectores y partidos políticos de la oposición. Moyano está por lanzar su agrupación en todo el país (el Partido para la Producción y el Trabajo), Micheli aporta a la estructura la Unión Popular, que tiene diputados como el ex titular de la CTA Víctor De Genaro; y Barrionuevo opera con cercanía al duhaldismo y ahora al delasotismo, sin dejar de lado las incursiones individuales en Catamarca.

“Es verdad que está fraccionado el movimiento obrero, pero mucho menos que en Europa, y es una situación coyuntural. Tienen la misma agenda y seguramente se irán acercando en los próximos años”, señaló el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, como conclusión de un escenario que tiene al movimiento obrero fraccionado en cinco partes.

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