Los choferes amenazan con parar por la ola de violencia

Los choferes amenazan con parar por la ola de violencia
A un chofer le pegaron porque la tarjeta no tenía crédito y el pasajero se resistía a pagar el pasaje, a otro porque no paró en una rotonda y a un tercero le tiraron piedras cuando llegaba a la cabecera. Las agresiones se sucedieron unas a otras en los últimos cinco días en distintos barrios de la ciudad.

Los choferes de Indalo, empresa que presta el servicio de transporte público de pasajeros, dijeron basta y amenazaron con parar si se vuelve a repetir este tipo de agresiones.

La violencia entre quienes utilizan los colectivos para poder moverse por la ciudad es cada vez más frecuente y los choferes son los que ponen la cara y el cuerpo. Por eso, cuando se enteraron de que a un compañero le habían aflojado los dientes de una trompada decidieron hacer una asamblea para debatir el asunto.

Advertencia

En horas de la mañana, decenas de choferes se reunieron y decidieron ponerle un punto final a esta situación.

“Si el servicio anda mal no es culpa nuestra. Nosotros estamos para manejar, no tenemos acciones en la empresa”, dijo Raúl Araya, delegado gremial.

El chofer reconoció que la gente tiene malestar porque el servicio no funciona bien, pero dijo que el problema se está arreglando de a poco. Explicó que, como el último temporal de lluvia destrozó las calles, hubo cambios de recorrido y “la gente no lo entiende”.

Sin embargo, antes de que cayera el diluvio, las situaciones eran similares: amenazas reiteradas, puteadas y agresiones físicas que, según los choferes, ya no están dispuestos a tolerar.

Secuestro

El colmo de la situación es que hay veces que la gente toma un colectivo y deja al chofer como rehén, porque el barrio donde vive se quedó sin agua. “¡Que vayan a reclamarle al EPAS! ¿Qué tenemos que ver nosotros?”, se preguntó, indignado, Araya.

Además, dijo que las pedradas a los colectivos se convirtieron en un deporte en algunos barrios del Oeste. Los pibes tiran piedras sin motivo, como si se tratara de una diversión, aun con todo el peligro que esto representa.

Agregó que la Policía patrulla, especialmente en horas nocturnas, pero que cuando los adolescentes ven las luces del móvil se esconden. Y cuando el auto se retira, salen a tirar piedras.

“Estamos cansados del maltrato. Nosotros tenemos derechos también. Y acá parece que los derechos son nada más que de los delincuentes”, aseguró.

Ayer el clima en la empresa no era el mejor. Los episodios de violencia eran el único tema de conversación entre los choferes que trabajan diariamente en todos los recorridos que tiene el transporte.

La advertencia de los colectiveros está planeada.

Habrá que ver si cuando vuelva a ocurrir alguna otra agresión la cumplen.

Un reclamo que se repite: “Pagame un viaje, vieja”

NEUQUÉN

“Pagame un viaje, vieja”. La frase se escucha una y otra vez en los recorridos que realizan los colectivos de Indalo por algunos barrios del Oeste. Algún pibe se sube y le pide de mala manera a otro pasajero o al chofer que le pase la tarjeta para poder viajar.

Hay veces que la gente no tiene otra alternativa que acceder al pedido para evitar alguna situación de violencia. Algunos se resisten o ponen la excusa de que no tienen más saldo.

“Hay gente que realmente tiene los pesos contados y no puede pagar, pero los pibes se suben y los intimidan”, dijo el delegado de los colectiveros, Raúl Araya.

Si bien la mayoría de los que suben con este pedido son muy jóvenes, los choferes tienen miedo porque saben que pueden llegar a estar armados o drogados y por cualquier motivo se puede disparar un hecho de extrema violencia.

El comportamiento de los pasajeros no siempre es el mismo.

Cuando el colectivo pasa por una parada y no se detiene porque ya no hay más lugar, se escuchan gritos en el pasillo con el reclamo. “¿Por qué no paraste? Te estaba haciendo señas”, grita alguien.

Si el colectivo está repleto y el colectivero para, aun sabiendo que casi no hay lugar para el nuevo pasajero también llega la queja acompañada de un insulto. “¿Por qué seguís levantando pasaje? ¿No ves que viajamos todos apretados”, se escucha desde el fondo.

Según el delegado, la gente anda nerviosa y por cualquier motivo insulta o se las agarra con el chofer.

“Nosotros no tenemos la culpa. Somos nada más que laburantes”, indicó Araya.

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