Las cinco centrales sindicales tienen un reclamó común: Ganancias

Por Ricardo Carpena.

Todas piden también la universalización de las asignaciones familiares. Después, tienen diferencias ideológicas.

Desde esta semana ya hay cinco centrales obreras en la Argentina, pero si por algún milagro se unificaran, las tres CGT y las dos CTA coincidirían en un solo reclamo: cambios en el Impuesto a las Ganancias para evitar los descuentazos salariales.

De todas formas, un pantallazo por la lista de demandas sindicales permite comprobar que, en general, hay más diferencias de tipo ideológico entre las CGT y las CTA que por el simple hecho de militar en las filas kirchneristas u opositoras.

No es casual, por ejemplo, que la CGT Balcarce, que agrupa a las expresiones gremiales más tradicionales, haga de la defensa del modelo sindical una de sus principales banderas, mientras que, en el mismo andarivel oficialista, la CTA de Hugo Yasky le haya planteado a Cristina Kirchner una reforma de la legislación para garantizar la democratización y la participación de las minorías dentro de los gremios.

De la misma forma, recién a partir de la fractura de las CGT pudieron coincidir en una misma mesa, y en la movilización del miércoles, la central obrera que conduce Hugo Moyano y la CTA rebelde, de Pablo Micheli. Mientras mantuvo la hegemonía del aparato cegetista, el líder camionero era el principal enemigo de que el Gobierno le diera la personería a la CTA y el más firme defensor del “unicato” sindical.

En cuanto al Impuesto a las Ganancias, los dirigentes de la CGT oficialista esperan que la Presidenta brinde alguna señal en la reunión de pasado mañana en la Casa Rosada, e incluyeron este punto en el documento final del congreso en el que se eligió al metalúrgico Antonio Caló como secretario general: “Reclamamos la exención del Impuesto a las Ganancias para todos los trabajadores convencionados en relación a los ingresos laborales”. Fue el reclamo más aplaudido por las barras sindicales en el estadio de Obras Sanitarias, lo que da la pauta de que la billetera mata hasta al oficialismo más engalanado.

En la CGT de Moyano son los más duros, algo que responde a que el buen nivel de sueldos de los camioneros hace que estén más expuestos a los descuentos. En su documento de 21 puntos, que servirá como su plataforma política, el moyanismo pide: “ El Impuesto a las Ganancias debe ser progresivo y no caer sobre el salario”.

Ya es habitual que los gremios, no importa que sean oficialistas u opositores, reclamen en las paritarias alguna suma fija que compense a los trabajadores por el descuento que practica el Fisco. Los camioneros, por ejemplo, pidieron entre 3.000 y 4.000 pesos en la última ronda de negociaciones salariales con los empresarios del sector.

La CGT Azul y Blanca, liderada por Luis Barrionuevo, planteó una eliminación o suba de un 30 por ciento del umbral del mínimo no imponible, algo que, en las antípodas ideológicas, lo emparenta con la CTA disidente que encabeza Pablo Micheli, que también reclama la eliminación del Impuesto a las Ganancias a los trabajadores. En la CTA oficialista, Hugo Yasky propone una reforma impositiva que permita avanzar hacia una forma más progresiva de este impuesto para convertirlo en un gravamen sobre los altos ingresos.

Otra coincidencia de las cinco centrales obreras es en el reclamo de universalización de las asignaciones familiares . Aun las entidades más oficiales quedaron disconformes con los últimos anuncios del Gobierno en este rubro: la CGT Balcarce exigió en su documento originario que no haya “topes ni segmentaciones arbitrarias”.

Esta misma central obrera se distinguió del resto al reclamar la normalización de todos los organismos de administración de la seguridad social (la Anses, el PAMI y la Superintendencia de Servicios de Salud) y participación sindical en sus directorios.

Las obras sociales, y el manejo de sus millonarios fondos, forman parte de otra clásica demanda sindical en la que coinciden las tres CGT, pero las dos CTA avanzan un par de casilleros: proponen crear un sistema nacional de salud, que coordine el sistema público y privado, y al que se sumen aquellas entidades que manejan los gremios.

La CGT de Moyano, a tono con su pelea feroz con el Gobierno, es la más innovadora al meterse con la libertad de expresión: entre sus 21 puntos figura “la democratización de la pauta publicitaria oficial” y la “revisión de la actual ley de medios para que no se vea desvirtuada por el acceso de monopolios que respondan a nuevos grupos de poder”.

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