Concentrado en la lucha partidaria, Hugo Moyano quedó aislado en la CGT

Concentrado en la lucha partidaria, Hugo Moyano quedó aislado en la CGT
El dirigente camionero apostó a los dos frentes. Sin embargo, casi no tiene fuerza gremial. Los principales sindicatos lo abandonaron y se arrimaron a la CGT que preside Antonio Caló, y aún no encuentra su lugar como dirigente opositor.

En menos tiempo del esperado, la fractura de la CGT dejó al bando comandado por Hugo Moyano aislado de poder político, pero sobre todo del poder movilizador de masas. Es que el camionero, que día a día pierde apoyo de nuevos gremios, quedó con escaso poder de representación, siendo justamente Camioneros y, en menor medida, los Peones Rurales, quienes suman volumen de trabajadores. El problema radica en que, en lo fáctico, el único grupo "movilizable" es el de choferes, ya que la UATRE, con el cuestionado Gerónimo "Momo" Venegas al frente, es un sindicato sin un núcleo duro a nivel nacional, con trabajadores dispersos por todo el país. Y, como si esto fuera poco, es uno de los gremios más cuestionados por mantener altos niveles de trabajo informal, precarización y salarios bajos, situación que no sería posible sin los desmanejos de Venegas, el dirigente duhaldista que coquetea con el macrismo. El resto de los cuadros de conducción que siguen apoyando a Moyano, son referentes de neto corte político, que encabezan gremios menos multitudinarios. Ahora, con un notable perfil más bajo y menos belicoso, Juan Carlos Schmidt, titular de Dragado y Balizamiento, es uno de los lugartenientes, al igual que uno de sus hombres más fieles, el líder de los Canillitas, Omar Plaini. Dentro de ese grupo, uno de los que radicalizó su discurso por la red social Twitter fue el titular de los Judiciales, Julio Piumato. A diferencia del resto de sus colegas, Piumato forzó un discurso de oposición a la CGT de Caló y al gobierno, mostrándose incondicional a Moyano pero renuente a principios políticos que había defendido pocos meses atrás. En esta línea, fue de rescatar la posición del diputado y abogado de la CGT, Héctor Recalde, no cuestionó a Moyano pero reconoció mantener "diferencias políticas". Sergio Palazzo, de la Bancaria, Jorge Pérez Tamayo, de los Pilotos de aviones, y Guillermo Pereyra, de los Petroleros, son otros de los hombres cercanos a Moyano.

Con el gremio de Pereyra sucede algo parecido que con UATRE: sus trabajadores están nucleados exclusivamente en Río Negro, Neuquén y La Pampa. En la otra esquina, Caló parece haberse quedado con el monopolio de la representatividad laboral: al líder de los metalúrgicos lo apoyan unos 80 gremios, siendo los más poderosos la Unión de Obreros de la Construcción, Sindicatos de Empleados de Comercio, Luz y Fuerza, los mecánicos de Smata, Sanidad, Obras Sanitarias, Alimentación, Unión Tranviarios Automotor, Taxistas (comandados por Omar Viviani), los estatales de UPCN, los obreros marítimos del SOMU, Encargados de Edificios, y hasta los Docentes Particulares del SADOP. A estos gremios hay que sumarles el apoyo de Norberto Di Próspero, de la Asociación del Personal Legislativo y miembro del MASA; Carlos Barbeito, de Molineros; Omar Maturano (La Fraternidad) y Daniel Rodríguez (Telefónicos). De hecho, la anticipada consagración del dirigente metalúrgico, Antonio Caló, al frente de una CGT autodefinida como "de unidad" coronó un largo proceso de construcción político-sindical que tiene raíces en el ocaso de 2010, cuando el vínculo entre el dirigente camionero Hugo Moyano y el gobierno de Cristina Fernández empezó a mostrar los primeros síntomas de desgaste. Hoy, a dos años de la génesis del conflicto, la relación con el gobierno muestra su momento de mayor polarización y, hacia dentro del campo sindical, el camionero se prepara para enfrentar tiempos de grandes desafíos, con mucha tarea pendiente en materia de generación de consensos. Pero sus ex aliados descreen que ese sea el objetivo primordial del "Negro". En diálogo con Tiempo Argentino, el secretario de Comunicaciones de la nueva CGT y referente de Sanidad, Héctor Daer, explicó que la diferencia entre Moyano y la flamante central obrera es que el camionero se basa en "una proclama política", mientras que la conducción de Caló parte de "un mensaje político sindical". Daer resume en sus dichos la posición de la mayoría de los dirigentes consultados, la evaluación de que Moyano se desvinculó de la carrera sindical para avanzar a pie firme sobre terreno político. En la lucha por la legitimidad gremial, la CGT de Caló parece contar hoy por hoy con la mayor adhesión, tal como se vio el miércoles en las tribunas del estadio Obras Sanitarias. No obstante, la tarea de sumar a los gremios que quedaron "enganchados con Moyano" sigue su curso: "Uno siempre va a intentar que los compañeros vuelvan al sindicalismo", indicó Daer. Desde el sindicato de la Construcción (UOCRA) fueron contundentes: "Moyano decidió transitar un andarivel político" con lo cual, en términos gremiales, "no tiene futuro". Carlos Barbeito, del sindicato de Molineros, agregó que la representatividad de Moyano es "irrelevante" en términos numéricos: "es una CGT vacía", según definió. El congreso de ayer "dejó en claro dónde está la verdadera representatividad, dónde estaban los delegados y los dirigentes", aseguró Barbeito. Y la "distinta" acepción del concepto del reclamo, evaluó el molinero, "es una actitud destituyente" y "alienta la actitud" destituyente: "no por casualidad aparece en los medios de comunicación que responden a proyectos críticos del gobierno", señaló. Barbeito también vaticinó que los sindicatos que integran la CGT Azopardo empezaron a desandar un camino que terminará en la nueva CGT que encabeza Caló. "En este congreso participó plenamente la Unión Ferroviaria", destacó el dirigente, al mencionar un gremio hasta hace poco aliado de Moyano. "Dentro de poco va a haber otros gremios cercanos a Moyano que se van a incorporar a esta nueva CGT. Y también hay gremios importantes que no han tomado partido y que hoy están conversando con nosotros", sostuvo Barbeito. Desde la vereda moyanista, el dirigente del gremio de la carne, Carlos Molinares, defendió al camionero de la acusación de "político": "Somos gremialistas, integramos la CGT de Moyano porque entendemos que es el lugar en el que tenemos que estar para representar a los trabajadores", afirmó de manera categórica. Además, Molinares se despegó de la oposición cuando afirmó que "no nos sentimos distantes del gobierno, pero tratamos de que se corrijan las cosas como las Asignaciones Universales por Hijo, el financiamiento de las obras sociales o el Impuesto a las Ganancias." Para el dirigente de la carne, "los otros gremios quisieron ningunear a Moyano" ya que "no se entiende por qué no participaron del Confederal" que el 12 de julio, en la cancha de Ferro Carril Oeste, reeligió al camionero para una nueva conducción (luego impugnada por el gobierno). Al tiempo, aseguró que "en la CGT de Moyano hay gremios muy representativos, y no pasa por la cantidad sino por la forma de trabajar", según dijo. La relación entre el camionero y la presidenta, Cristina Fernández, anduvo sobre rieles desde la asunción de la mandataria, en diciembre de 2007, hasta octubre de 2010, fecha de un acontecimiento clave que, a la distancia, es la génesis de una bifurcación definitiva. El 15 de ese mes, la CGT celebraba un acto masivo en estadio de River Plate. En el palco, junto a Moyano, la presencia de la titular del Ejecutivo y del ex presidente, Néstor Kirchner, era muestra de la sintonía que reinaba por aquellas horas entre el gobierno y la conducción de la central sindical.

Pese al marco, los discursos fueron la arena del primer cruce entre las partes. De inicio, Moyano aprovechó su parlamento para lanzar una confesión al menos curiosa, teniendo en cuenta la visita de la mandataria en ejercicio: su deseo de, algún día, "tener un trabajador en la Casa de Gobierno".

La respuesta de Cristina ("Yo trabajo desde los 18 años") desnudó una crisis que, bajo la fachada del saludo fraternal en la fiesta majestuosa, se empezaba a mostrar públicamente. El distanciamiento se venía, lentamente pero sin renuncios. La reelección de Cristina fue el comienzo de la separación total. A partir de entonces, Moyano debió enfrentarse a un aislamiento que, más allá de lo referido estrictamente a la acción del Ejecutivo, empezaba a dar sus pasos más firmes hacia adentro de la central sindical: ahora las diferencias tenían efectos dentro de sus propias filas y se materializaban en el abandono paulatino de los aliados sindicales de antaño. Los gremios que lentamente abandonaban la CGT se lanzaban a un largo proceso de organización en el que no faltaron permanentes cruces discursivos con el líder camionero. Ese proceso, que incluyó una entrevista con la presidenta, el 16 de julio en la Casa Rosada, cerró el miércoles último, cuando miles de militantes sindicales presenciaron en Obras Sanitarias la consagración de Antonio Caló como jefe de una nueva CGT "de unidad". «

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