La CGT que conduce Caló ganó la pulseada sindical y afronta el desafío de la convivencia

La CGT que conduce Caló ganó la pulseada sindical y afronta el desafío de la convivencia
Los grupos de la central mantienen perfil propio.

Luis Autalán

“Apartir de este Congreso los grupos que conformaron esta central dejarán de existir en pos de la unidad del Movimiento Obrero.” Palabras más palabras menos, ése fue el mensaje que Carlos West Ocampo, dirigente de Sanidad y referente de los Gordos, enfatizó en su intervención como congresal en el cónclave cegetista del 3 de octubre en el Club Obras Sanitarias en el que la nueva CGT se puso de pie.

Protocolarmente, West enarboló un objetivo casi imposible de cristalizar: el desmembramiento de Independientes, Gordos, el MASA y otros. Más terrenal asomó la certeza compartida de arribar a una meta mínima para esta nueva central: convivir lo más armoniosamente posible.

Tanto el dirigente de Sanidad como otros jefes sindicales saben que en 2013 el rol de la CGT se desarrollará en medio de vaivenes que no sólo incluyen los “tiras y aflojes” con el Gobierno.

Para el brindis de fin de año esos popes continuarán sacando conclusiones de balance. Su repaso de los apuntes, declaraciones e incluso de las conclusiones de reuniones “cerradas” arrojarán de memoria los picos más álgidos, que van desde las audiencias con la presidenta Cristina Fernández o sus funcionarios, las paritarias, la confrontación con Hugo Moyano hasta también la agenda sindical: mínimo no imponible, asignaciones, 82% móvil, entre otros temas.

Dentro de todo lo que tomaron nota, algunas líneas no tan comentadas dejan señales para considerar –mirando desde diciembre de 2011– lo que pasó y se dijo durante un año. La gama es amplia pero algunas aristas sobresalen sobre su fluctuación en el año que termina. Está dicho que la ruptura con el camionero y líder de la CGT Azopardo comenzó mucho antes del acto que Moyano realizó en Huracán, hace poco más de un año. Germinaban dentro de ese mismo Consejo Directivo los primeros brotes de una separación.

Así, la sensación térmica sindical se elevó cuando conocido el plan de Moyano para avanzar en una reforma del estatuto de la central obrera que le permitiría ser reelecto en julio tuvo su primer revés. El jefe de Luz y Fuerza Oscar Lescano anunció que enfrentaría “cualquier maniobra que alterara el método de elección de la máxima autoridad de la central”.

Lescano, vocero informal del antimoyanismo, templó muchas veces el clima cegetista.

Meses después, los Gordos, grupo que integra Lescano, pergeñaron la presentación ante el Ministerio de Trabajo que determinó la impugnación al Consejo Directivo que habilitó a Moyano para su reelección, la cual, de todas maneras, realizó en Ferro Carril Oeste junto a sus aliados.

Hace un año el ministro de Trabajo Carlos Tomada y el referente de camioneros Pablo Moyano intercambiaban “gentilezas”. Lejos de otros tiempos, el funcionario definió que la mecánica del gremio de transportistas, tanto para lograr un bono de fin de año como para seguir incorporando afiliados de otros sindicatos a sus filas, se basaba en el “apriete”.

Pablo Moyano le respondió con dureza y apeló a la figura de “marioneta”. No sería –ni será– la última fricción de este “clásico”. Siempre en retrospectiva también se realzan hoy las declaraciones de otro ariete de la UOM, Francisco “Barba” Gutiérrez, quien cuando todavía los metalúrgicos convivían con las huestes de Moyano en la central de Azopardo, semblanteó: “Un gremio identificado con la actividad industrial” debería conducir la CGT. Si bien Gutiérrez aclaró que “no tenía intención de abrir una confrontación con Moyano”, para propios y extraños no hubo dudas de que el quilmeño marcó la cancha a puro cálculo.

Por esa tónica y con estridencia se sumarían después al antimoyanismo el taxista Omar Viviani, el textil Jorge Lobais, se consolidaría el MASA y la Confederación de Sindicatos Industriales, eslabones de la CGT que lidera Caló. Transcurrió el tiempo, torrentes bajo puentes sólidos o frágiles, la central obrera reconocida por el Gobierno alcanzó este año su meta, ponerse en marcha.

El desafío es la supervivencia, que según los estrategas más experimentados arrojará crecimiento y evolución de la central “de cara al movimiento obrero”, como gustan decir esos mismos popes.

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