Conflicto y furia de los usuarios en dos nuevas estaciones del subte B

Conflicto y furia de los usuarios en dos nuevas estaciones del subte B
Tras 20 minutos de espera, Metrovías interrumpió el servicio en Juan Manuel de Rosas y Echeverría por problemas técnicos y denunció un sabotaje. Los metrodelegados acusaron al PRO de haber inaugurado "a las apuradas".
La fallida extensión del subte porteño, uno de los más cortos y menos expandidos del continente, está a un paso de causarle un nuevo dolor de cabeza a la gestión del jefe de gobierno, Mauricio Macri, mientras su partido, el PRO, transita la campaña electoral para los comicios del 27 de octubre. La chispa que desató un nuevo conflicto en el metro capitalino, sucedió cerca de las 9 de la mañana, en las estaciones Juan Manuel de Rosas y Esteban Echeverría, las dos nuevas paradas de la línea B que inauguró Macri hace 15 días. Desde entonces, la línea que une el microcentro porteño con Villa Urquiza, no ha podido mantener un funcionamiento regular entre las 16 estaciones, y su nueva cabecera, Rosas, ayer fue escenario y destinataria de la furia de los usuarios, cuando la concesionaria Metrovías les informó, luego de 20 minutos de espera, que los trenes no partirían hacia ninguna parte, por problemas técnicos.

La pésima administración de una espera imprevisible, desembocó en un estallido de bronca de los pasajeros que por entonces ya desbordaban la estación. La voz de los altoparlantes fue la gota que colmó la paciencia de unos 200 viajeros, gran parte de ellos, apretujados dentro de las viejas formaciones recicladas que nunca partieron. Antes de salir por donde entraron, los pasajeros desquitaron su ira contra las boleterías, golpearon sus vidrios, insultaron a los trabajadores del subte y volcaron una máquina de recarga de boletos electrónicos. Los viajeros son parte de los 50 a 60 mil nuevos usuarios que se sumarán al flujo diario de la Línea B. Son vecinos del barrio de Villa Urquiza, una de las comunas que espera la llegada del subte desde que ambas estaciones fueron terminadas, es decir, hace tres años. Esa expectativa entró en crisis desde el 26 de julio cuando Macri inauguró la nueva extensión de 1,6 km. Las dos nuevas estaciones funcionaron en forma intermitente por tres días, hasta que la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro (AGTSyP) denunció una serie de fallas en la seguridad bajo tierra, especialmente en la ausencia de comunicación entre los coches y el centro de control. Los trabajadores se negaron a conducir los coches por casi 15 días en ese trayecto: el servicio siguió funcionando entre las 14 estaciones habituales y, a veces, continuó irregularmente a las dos nuevas extensiones conducidas por personal jerárquico. El conflicto derivó en una negociación entre la empresa concesionaria, los Metrodelegados y Subterráneos de Buenos Aires Sociedad del Estado, la empresa pública poseedora del metro que tiene su control total hace menos de dos años. Luego de una compleja negociación, trabajadores y empleadores acordaron un nuevo esquema que comenzó a funcionar hace dos días, pero el jueves, durante la segunda jornada de estreno, se descarrilaron dos vagones de una formación sin pasajeros en el mismo trayecto.

Esa cadena de fallas técnicas, y encontronazos, tuvo su máximo pico de tensión en la mañana de ayer. Tanto Echeverría como Rosas, fueron destinatarias de la frustración, casi cotidiana, de no poder utilizar un servicio esperado por años e inaugurado hace 20 días. El esquema volvió a funcionar 40 minutos después, pero el tema había vuelto a poner al subte porteño en el foco de la atención. Los metrodelegados explicaron que fue una falla técnica, pero Metrovías fue más lejos y sostuvo, mediante un comunicado que "no se pudo operar con este esquema debido a las complicaciones generadas a raíz del sabotaje que afectó al servicio y a las demoras que se generan en el recambio de conductores en la estación Lacroze". Según la concesionaria del Grupo Roggio, se encontró un "cable de retorno de tracción cortado" que impidió que las formaciones se movieran. Con esas pruebas, Metrovías "denunció penalmente el hecho de sabotaje registrado en el sistema eléctrico que afectó la señalización del servicio en la Comisaría N° 39 y la causa se tramita ante el Juzgado Nacional Correccional Federal N° 12".

En respuesta, los metrodelegados consideraron la acusación como un delirio, y se preguntaron "¿cómo puede ser posible que hayan encontrado el cable cortado a las 5:30 de la mañana y los trenes siguieron funcionando hasta las 8:00 que fue suspendido el servicio?", según explicó su secretario general, Roberto Pianelli. La empresa nunca contestó a ese interrogante, y sostuvo que ese cable cortado fue el origen de la falla. En respuesta, los metrodelegados dieron una conferencia de prensa y acusaron a la gestión PRO de haber inaugurado el nuevo tramo de la línea B "a las apuradas por la campaña". En diálogo con este diario, el referente de la AGTSyP, dijo que si hubo sabotaje, "que los responsables vayan en cana, pero si es verdad lo del cable el tren no podría haber funcionado nunca y funcionó hasta las 8 de la mañana".

La línea B posee el sistema de seguridad Automatic Tren Protection (ATP) que utilizan casi todas las líneas del mundo para evitar la colisión de formaciones. "Si el Sarmiento hubiera tenido ese sistema, no habría pasado lo que pasó", explicó Pianelli y detalló, que una formación no puede moverse "si hay un tren adelante". Según el ATP, la formación que iba a salir de Rosas no podía partir porque había otro coche detenido en la estación siguiente, "pero ese tren, en realidad, no estaba, sólo era un error del sistema, que suele suceder cuando suman nuevas estaciones al esquema de seguridad, por eso decimos que todo fue hecho a las apuradas", acusó el sindicalista.

Según Metrovías, hubo una inspección total en la Línea B para verificar las condiciones hace tres días. Los metrodelegados no asistieron y sostuvieron que tienen un informe con el detalle de las fallas luego de revisar las ampliaciones de la línea. "Desde el macrismo deslizan que es una maniobra opositora y Metrovías insiste con el sabotaje. Pantallazos de un conflicto irresuelto donde los usuarios cargan con la peor parte, mientras los trabajadores suman tres muertos en dos años por fallas de seguridad. «

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