Conflicto laboral y trabajadores en negro en El Marisco

Conflicto laboral y trabajadores en negro en El Marisco
El primero ya alcanzó un acuerdo de partes en cuanto a la liquidación del salario pero la empresa supeditó su aplicación a la levantamiento del acampe que en reclamo de registración laboral mantienen obreros de la cooperativa Micemar. El Ministerio de Trabajo brilla por su ausencia.

El camino que debe recorrer un trabajador en negro para dejar de serlo, en la pesca, es traumático. Deberá pasar primero por una medida de fuerza que implicará sacrificio personal, psíquico y físico, soportando el peso de saberse un nuevo desocupado y poniendo el cuerpo en los acampes, soportando el frío y la precariedad extrema. Y la mayor parte de las veces ni siquiera lo logra. El hecho de que desde el Estado no exista definición sobre la legalidad o ilegalidad de las cooperativas vuelve cada vez más complejo lograr la registración de los trabajadores, aun acreditándose el fraude laboral. El conflicto que por estas horas se vive en el Marisco es un ejemplo de ello.

Dos semana atrás se conoció el nacimiento de un conflicto laboral entre obreros en relación de dependencia y la empresa El Marisco, por un cambio en la liquidación de salarios, lo que significó la reducción del ingreso de cada trabajador, de aproximadamente mil pesos. Los propietarios intentaron lograr el desalojo de la planta a través de una denuncia penal basada en hechos falsos, lo cual fue corroborado por el Juez, Juan Tapia, quien no hizoo lugar al petitorio realizado por la Fiscalía 7 de la ciudad de Mar del Plata.

A los pocos días, el 29 de mayo, en la puerta de la planta un grupo de fileteros de la cooperativa Micemar, que desde hace siete años cortan pescado para para El Marisco, comenzó un acampe para reclamar por la incumplida registración laboral de 35 obreros. Dos meses atrás la empresa se había comprometido ante el Ministerio de Trabajo a registrarlos en los próximos 90 días; ello generó la condonación de la multa que le hubiese correspondido pagar por no contar con personal debidamente registrado ni responder a la normativa cooperativista.

Fue entonces cuando la firma reconoció la relación laboral con los obreros de Micemar, pero la firma del acta donde debía plasmarse por escrito el compromiso asumido nunca se concretó y eso parece bastar para que la empresa no cumpla con la registración y el Ministerio no actúe. Se les perdonó la deuda y no registraron a nadie.

Los trabajadores de la cooperativa se reconocen como trabajadores en negro; sobre esto no hay disidencia, como tampoco sobre que nunca participaron de una asamblea y jamás tuvieron acceso a los balances de la cooperativa. Lo dicen quienes impulsan la medida de fuerza y los que no están de acuerdo. Por el reclamo los trabajadores fueron desafectados, esto significa que no trabajarán más para El Marisco; la empresa les propuso un arreglo indemnizatorio que fue rechazado en un principio, porque buscaban ser obreros registrados, no desocupados. Sin embargo después de casi 20 días y ahogados por la necesidad, algunos debieron negociar su dignidad laboral en 4.000 pesos por año trabajado. Otro grupo sigue resistiendo.

Cuando comenzó el acampe, una joven mujer, madre de cuatro hijos, me dijo que no estaba de acuerdo con esa medida: “Nunca fuimos a una asamblea, no vimos los balances, es cierto que estamos en negro, pero por lo menos teníamos trabajo, mi marido y yo trabajamos en la cooperativa y el lunes voy a tener que salir a buscar una changa porque tenemos que darle de comer a los chicos”. Otros compañeros se rehúsan a seguir en negro y exigen la registración, entendiendo que deben asumir el riesgo de quedar en la calle y soportar el crudo frío de la noche al calor de gomas ardiendo, porque si no, nunca lograrán ser reconocidos. Resisten acompañados por el SOIP catorce trabajadores: nueve son fileteros, cuatro peones y una señora mayor que es envasadora. El Ministerio de Trabajo, como es habitual, brilla por su ausencia.

LOS TRABAJADORES REGISTRADOS DEL MARISCO, REHENES DE LA EMPRESA

El reclamo de los obreros de la seudocooperativa se interpuso en la negociación de los trabajadores registrados. La empresa supeditó el acuerdo al levantamiento del acampe, según se los comunicó el abogado Fernando Rivera en la reunión que mantuvieron el jueves 30 de mayo. La solución al conflicto laboral ya estaba dada en aquel momento, se aplicaría el aumento del 15% sobre el básico y un 9% no remunerativo sobre la producción y sobre todos los demás ítems del convenio PyME, vacaciones, refrigerio, accidente, etc. Sobre esto había acuerdo y así lo comunicó el delegado de planta.

Dentro del establecimiento los trabajadores también están acompañados por la dirigencia del gremio. La escena que describió el juez en el acta de inspección es exacta, una veintena de obreros se encuentran “jugando a las cartas, tomando mate y tejiendo, entre otras cosas” y pudo verificarse que el inmueble estaba “en perfecto estado de conservación y limpieza”.

Quienes ejercen la toma nos relataron los motivos por los cuales aplicaron la medida de fuerza y hay coincidencia plena. Una mujer, “la más vieja en la empresa”, me dice ella tras enumerar el derrotero de 28 años dentro de la firma, señala la falta de respeto de la que fueron objeto. Todos están decepcionados, enojados y reclamando por los mil pesos menos que cobraron, sin previo aviso.

Por medio del recibo de sueldo se enteraron de la nueva forma de liquidación de haberes que había implementado la empresa y cuando pidieron explicaciones se les contestó que, si no les gustaba, tenían el retiro voluntario a su disposición. Esto provocó la toma. Ahora lograron arribar a un acuerdo pero deben seguir en el lugar hasta que los dueños del establecimiento decidan dejar de usarlos como rehenes del conflicto desatado con la cooperativa.

Todos coinciden en que si se les hubiesen preguntado, habrían estado dispuestos a encontrar una solución sin necesidad “de llegar a esto, si nos decían que no lo podían pagar, lo hubiéramos entendido, llegábamos a un acuerdo y listo”. Quieren volver a trabajar, han aceptado el acuerdo pero deberán seguir manteniendo la vigilia porque la empresa no lo efectivizará hasta que se resuelva el conflicto con la cooperativa y el gremio.

Los trabajadores están ahí, esperando que los compañeros de Micemar se vayan, porque hasta tanto no pueden volver a trabajar, ya que la patronal ha decidido hacerlos rehenes de un conflicto laboral con el que no tienen ninguna relación. Y no solo eso: en los últimos días ha decidido castigarlos retrasando el cobro del adelanto de quincena. El Ministerio de Trabajo brilla por su ausencia.

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