Las cooperativas, en un vacío legal

Las cooperativas, en un vacío legal
Desde 2010, se inscribe una nueva asociación laboral por semana en la provincia. No pueden contratar personal, pero están excluidas de los controles de trabajo por falta de una ley específica.

En la provincia hay cerca de 180 cooperativas de trabajo que funcionan sin ningún tipo de control laboral, por la falta de una ley específica para el sector, lo que deja la puerta abierta a casos de fraude y empleo no registrado. Desde el año pasado, la Legislatura trabaja en un proyecto de regulación, que cuenta con el respaldo de la Dirección Provincial de Personas Jurídicas y el Instituto Nacional de Economía Social (Inaes).

Las cooperativas que prestan servicios laborales sólo tienen un vínculo comercial con los organismos que las contratan, por lo que deberían repartir sus ganancias entre los socios y que cada uno haga sus aportes como autónomo. Pueden constituirse con un mínimo de seis integrantes, y para prestar sus servicios sólo necesitan de un domicilio, la firma de los socios y la certificación de que cumplen con las asambleas y los balances.

Por ley, sólo pueden contratar un trabajador de manera excepcional por un máximo de tres meses, así sean continuos o salteados, y, una vez cumplido ese plazo, la persona tiene que convertirse en un socio más o romper el vínculo. Sin embargo, no siempre sucede eso y la situación irregular recién sale a la luz cuando uno de los empleados no declarados presenta un reclamo por indemnización o violación de sus derechos laborales.

El director general de Fiscalización de Cooperativas y Mutuales, Guillermo Ibáñez, indicó que “ese vacío legal es algo que nos preocupa” y explicó que “nosotros podemos hacer una inspección en la sede social y certificar si las cooperativas llevan los libros obligatorios, pero capaz las personas cumplen funciones en otro lugar y entonces no sabemos si trabajan los 10 asociados que figuran en el libro o son 50”.

“Y, por su parte, la policía de trabajo de la provincia también se encuentra con este problema, porque va a inspeccionar un lugar de trabajo y les dicen que son cooperativas y no tienen facultades para controlar”, señaló.

En 2010, Neuquén registró un salto en la expansión de las cooperativas de trabajo, al punto de alcanzar el ritmo de una nueva asociación por semana. Hoy, el 80% de quienes se inscriben en la Dirección de Personas Jurídicas son cooperativas laborales, casi todas con menos de 10 integrantes. La mayoría se dedica al rubro de la construcción y, en segundo término, prestan servicios al sector petrolero.

Falta de reglas

Además de la ausencia de normas sobre el funcionamiento de estas organizaciones, tampoco hay una regla uniforme sobre el trámite de inscripción, dado que coexisten dos padrones: el de los que inician sus papeles en la oficina provincial y el de los que directamente se anotan en el Inaes, salteando los requisitos que exige el gobierno neuquino, aunque la cifra oficial da cuenta de unas 180 entidades en actividad. Se les suma un tercer grupo, conformado por las cooperativas inscriptas en otros puntos del país que operan en Neuquén, al que Ibáñez señaló como “el más difícil de controlar” y el más permeable al fraude laboral.

Indicó que “las cooperativas de extraña jurisdicción, las que tienen domicilio o matrícula inscriptas en otras provincias, acreditan que se constituyeron de forma regular, que la matrícula está vigente y cualquier otro requisito, pero nosotros no sabemos quiénes son las personas que están trabajando y no tenemos acceso a esa información”.

Comentó que son frecuentes los casos de personas que se acercan a la oficina de Personas Jurídicas por demandas laborales contra una cooperativa, aunque precisó que no siempre se trata de un fraude. “Hay veces que quizás la cooperativa funciona como tal pero el socio viene tan empapado con la relación de empleador y empleado que confunde los reclamos; y, si está ligada a un organismo del estado o municipio que la contrata, confunde su rol de socio y exige un pase a planta, por ejemplo”, contó.

Relató que incluso les sucedió “con presidentes de grandes cooperativas, donde la participación del socio es nula y ellos siguen pensando que trabajan para un patrón, incluso cumplen un horario y se van a su casa”. El socio se distingue de un empleado eventual en que participa de las decisiones, firmando las resoluciones de asamblea, y comparte las ganancias, según precisó.

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