Crece el malestar interno en la CGT oficial por el papel de Caló

Crece el malestar interno en la CGT oficial por el papel de Caló
Evitó enfrentar a la Presidenta tras el reto público que recibió y ello desató confusión; hubo versiones de que el jefe de la UOM había renunciado
"Si me carajean en público, me voy. No soy ningún boludo ni títere de nadie." Había pasado apenas una semana de su asunción como jefe de la CGT oficialista y Antonio Caló intentaba dar muestras de autonomía con respecto al Gobierno. En verdad, procuraba explicar ante un auditorio lo que había ocurrido el mismo día en que había quedado al frente de la central. Por entonces, apoyó el reclamo salarial de los gendarmes y luego fue obligado a desdecirse, a través de la agencia Télam.

A casi un año y medio de ese episodio, Caló continúa en un difícil equilibrio en su vínculo con el poder. Algunos de sus colegas dicen que su jefe pensó en renunciar tras el reto público de Cristina Kirchner por haber cuestionado la inflación y confesar que "a la gente no le alcanza para comer".

Caló no desmintió aún esta versión. Desde el ataque retórico de la Presidenta se recluyó en el silencio. "No voy a hablar por unos días ni me voy a reunir con nadie de [Hugo] Moyano", dijo a LA NACION antes de callar, el miércoles pasado. No es la primera vez que les huye a las palabras: adoptó la misma política en otras oportunidades en que sus mensajes alteraron al kirchnerismo.

Caló ya había descolocado al Gobierno con algunas demandas sindicales, como reclamar una suba superior al 50% del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias. O cuando amenazó con un paro de los metalúrgicos en caso de no anudar la paritaria, en la que había solicitado inicialmente una suba de 32% y que terminó firmando por un 24%. Ahora, ante la incertidumbre inflacionaria, decidió no fijar un porcentaje y está decidido a moderar su pedido si le garantizan que no habrá despidos ni suspensiones.

Los desconcertantes pasos de Caló también generan confusión puertas adentro de la CGT. Su liderazgo fue muchas veces cuestionado. Sucedió, sobre todo, al comienzo de la gestión, cuando no asistió a la primera reunión de la central con la Presidenta. O cuando lo llamaban por teléfono y no atendía durante días. Su central jamás envió un mensaje uniforme, salvo para desbancar a Hugo Moyano. Las reacciones suelen ser tardías, como sucedió con la postura sobre la frustrada reforma judicial que anhelaba aplicar el kirchnerismo. O, más reciente, con las revueltas policiales del año pasado.

Los exiguos logros conseguidos también generan incomodidad. Sus insistentes reclamos por el dinero de las obras sociales sindicales y por la universalización de las asignaciones familiares no tuvieron eco en los despachos oficiales. Tampoco tuvo suerte con la exigencia de eliminar el impuesto a las ganancias.

El jueves pasado, dos días después del reto de Cristina, Caló contó ante el consejo directivo que había sido recibido en Olivos por la Presidenta. No se explayó mucho más. No todos le creyeron y algunos hablaron de "una operación" activada desde su propio gremio.

Dentro de la CGT hierven las especulaciones. Se avivó la interna tras las elecciones legislativas de octubre, en las que la central dividió su apoyo entre el Frente para la Victoria y el Frente Renovador de Sergio Massa. Héctor Daer, que suele ser la voz y el rostro de la central, jugó con el massismo. El jueves pasado, por sugerencia de Caló, no ofició de vocero de la reunión en la sede de los taxistas. "Hablará [Omar] Viviani, el anfitrión", se excusó Daer ante LA NACION. Pero Viviani tampoco habló. Lo cierto es que ni Caló ni Viviani quieren darles protagonismo a los que consideran "opositores políticos".

El ajedrez político, tarde o temprano, volverá a sacudir a la CGT. Caló ya reconoció que apoyará a Daniel Scioli en la carrera a 2015. Otros irán detrás de Massa, quizás. Y hay otro grupo que observa de reojo al entrerriano Sergio Urribarri o al candidato que la Presidenta decida imponer, si es que realmente así lo hace. Este mismo sector evaluó recientemente dar un apoyo público al vicepresidente Amado Boudou por su situación judicial. Comulgan en este bastión dirigentes que fueron favorecidos con fondos públicos para activar obras en sus sindicatos o para adquirir propiedades en la costa atlántica.

Caló, como otros de sus colegas, percibe cierto ninguneo desde la Casa Rosada. Apuesta a obtener algún logro en la reunión que tendrá en unos días con la Presidenta. Por eso, mientras tanto, el silencio es parte de una misma estrategia.

PIGNANELLI PIDE DISCUTIR SALARIOS CADA TRES MESES

El secretario general de Smata, Ricardo Pignanelli, reivindicó ayer la realización de negociaciones paritarias cada tres meses, con el objetivo de "mantener el poder adquisitivo" de los salarios. En el caso del gremio de los mecánicos, este tipo de discusión se viene aplicando desde hace ya muchos años y se realiza por empresa.

El secretario de Interior de la CGT oficialista dijo que ese tipo de discusión salarial es un "mecanismo que hay que armar" y trató de quitarle dramatismo al tema al señalar que "cuando el Gobierno siente que se va a hacer esto, se altera y se preocupa".

En línea con el discurso oficial, Pignanelli consideró que la "formación de precios termina atacando el salario de los trabajadores" y que "hay una locura de precios que perjudica el poder adquisitivo de la gente"..

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