Por Cristina, la UOM baja su reclamo salarial

Por Cristina, la UOM baja su reclamo salarial
Por Ricardo Carpena

Hay una suerte de pacto social, de hecho, pero basado en ficciones. Los empresarios aportan un congelamiento de precios que no enfría tanto y los sindicalistas moderan sus reclamos salariales e incluso algunos acuerdan por 18 meses, con la certeza de que no habrá convenio firmado que les quite el derecho a renegociar a fuerza de huelgas.

En la construcción del mundo feliz K, cuyo mascarón de proa son las estadísticas truchas del Indec, el Gobierno apela a todo tipo de simulación con tal de llegar a las elecciones con un escenario socioeconómico más previsible. Por eso las paritarias están tan trabadas: como informó ayer Annabella Quiroga en Clarín, “en el primer trimestre de 2013 venció el 36% de los convenios salariales, pero hasta el momento se verificó una tasa muy baja de renovación”. Nadie quiere apresurarse a acordar aumentos hasta que lo haga algún gremio importante o hasta comprobar cuál es la tendencia de la mayoría.

Así, la paritaria metalúrgica se convierte en el barómetro de la negociación colectiva. Es uno de los principales gremios industriales, el que encabeza la CGT oficialista y el que desafió los topes salariales al reclamar un 35% de aumento anual, en tres tramos. Pero Antonio Caló está haciendo honor a su condición de oficialista: ahora pidió formalmente sólo un 25% anual, en dos cuotas.

¿Qué le hizo cambiar de opinión?

“La Presidenta te necesita, Antonio”, habrían sido las palabras mágicas que escuchó Caló en boca del ministro de Trabajo, Carlos Tomada. Y fueron parecidas a las que dijo el mismo funcionario a los dirigentes de la CGT Balcarce el lunes pasado, en la sede de la UOM, y que lograron que el plenario de secretarios generales del miércoles pasado fuera apenas un trámite que había que cumplir de manera fugaz y casi silenciosa.

A cambio, la promesa de que, por fin, tendrán espacio en la selectiva agenda de Cristina Kirchner. Y el compromiso de que la Presidenta no auspicia el proyecto del titular del PAMI, Luciano Di Césare, para que las obras sociales pasen a un sistema integral de salud manejado por el Estado. Por eso los momentos más encendidos del plenario fueron cuando José Luis Lingeri, de Obras Sanitarias, ratificó la apuesta al diálogo, pero advirtió que si había algo que no negociarían, eran las obras sociales.

Caló, que durante el plenario se la pasó pidiendo “paciencia” ante el Gobierno, tendrá que pasar esta semana por un test decisivo ante las bases metalúrgicas: mañana, justo cuando se hará la segunda reunión con los empresarios por las paritarias, comenzará el congreso nacional de la UOM en Mar del Plata, que deliberará hasta el jueves.

Mañana también vencerá la conciliación obligatoria en el conflicto salarial de los choferes de colectivos afiliados en la UTA, cuyo titular, Roberto Fernández, fue uno de los ausentes más notorios al plenario de la CGT oficialista, junto con la plana mayor de los “Gordos”, Armando Cavalieri, Oscar Lescano y Carlos West Ocampo. No estaban de acuerdo en hacer ese encuentro si no era para tomar algo de distancia del Gobierno. El faltazo sorprendió a Caló y a los dialoguistas de esa central obrera, pero no asustó a nadie: se interpretó como la escenificación de un malestar que no terminará en ruptura.

“¡Cómo me fallaste, Oscar!”, le dijo Caló a Lescano, entre sonrisas, cuando se lo encontró en la Casa Rosada, el jueves, en un acto que encabezó Cristina. “Vos ya sabías que yo no quería ese plenario”, le contestó el dirigente de Luz y Fuerza. Cavalieri fue otro de los que estuvo en la Casa de Gobierno, también para serenar a los que pensaron que se había pasado a la oposición. Nada que ver: es el mismo dirigente al que Tomada privilegia con cada resolución que firma en sus conflictos con Hugo Moyano.

El líder camionero está por presentar otra denuncia contra el ministro de Trabajo: ahora lo acusará por desobedecer un fallo de la Sala VIII de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo, que le ordenó darle la inscripción gremial a la Asociación del Personal Jerárquico y Profesional de Comercio, un sindicato nacido dentro de la CTA y que ahora milita en el moyanismo.

Lo mismo sucede con Unión Informática, otro gremio de la CGT Azopardo cuya actividad está encuadrada en Comercio y al que Tomada le niega la inscripción gremial, pese a que tanto la justicia laboral como el procurador del Trabajo lo intimaron, en duros términos, a resolver esta cuestión.

Curiosamente, el que puso en apuros a Moyano la semana pasada fue su aliado Pablo Micheli. Su decisión de avanzar en un paro nacional sin esperar el aval de la CGT Azopardo, ratificada por el congreso nacional de la CTA rebelde, no es una buena noticia para el líder camionero, que trata de no pisar en falso para debutar en política. ¿Quedará intacto su proyecto electoral si se suma a una huelga que no paraliza el país?

La CGT opositora debatirá mañana si se suma o no al paro, mientras Micheli parece en la antesala de su candidatura a diputado por el Frente Amplio Progresista (FAP). Quizá por eso cerró el congreso ceteísta con una frase que irritaría la piel de los peronistas ortodoxos que rodean a Moyano: “Hay que romper la hegemonía del Congreso y lo tenemos que hacer con una izquierda revolucionaria que termine con todo esto”.

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