Cristina y los sindicatos, en un clima prebélico

Cristina y los sindicatos, en un clima prebélico

Por Ricardo Carpena

La cancha está embarrada y hay que jugar con tapones altos”, dijo Antonio Caló. Quizá sea ése el gran problema del sindicalismo peronista. Todo empieza por la definición del calzado. No se puede salir a jugar ningún partido con el Gobierno con zapatillas de baile ni con tacos altos. 

 Tampoco con ojotas (así es difícil retroceder). Si fuera por Cristina Kirchner, todos deberían usar mocasines, al mejor estilo de Néstor, aunque la realidad impone los borceguíes que usan los que van a la guerra.

Porque lo que se está desarrollando es un clima prebélicoentre la Presidenta y los gremios. El Impuesto a las Ganancias es un motivo de peso, o de pesos, pero simboliza la forma en que Cristina (des) trata a los sindicalistas, inclusive a los más fieles. No es algo personal: con la misma indiferencia se relaciona con casi todos. El problema es cuando se da en medio de una situación socioeconómica frágil, que coincide, además, con el final de la experiencia kirchnerista. Y ante una corporación sindical acostumbrada a que el poder político lo mime para garantizar la paz social.

El Gobierno le respondería esta semana a Caló que no hay posibilidades (ni decisión) de tocar Ganancias. En la Casa Rosada dicen que Cristina está molesta con su CGT más afín: siente que no comprende el delicado momento que atraviesa su gobierno. Por eso no quiere recibir a sus dirigentes y está dispuesta a utilizar políticamente la pelea con los fondos buitre para victimizarse y dejar expuestos casi como traidores a la patria a quienes reclamen y protesten, como planean los sindicalistas, justo cuando el país sufre “el ataque de intereses foráneos y especulativos”.

El combate se trasladará al Congreso. En la CGT oficialista imaginan que el Gobierno no aumentará el mínimo no imponible ni reintegrará el descuento del aguinaldo, pero que sí podría aceptar que los legisladores debatan sobre los cambios en Ganancias. Esa sola promesa alcanzaría para desactivar la amenaza de protesta que esbozó la central obrera que conduce Caló. Porque es una medida de fuerza que este sector preferiría no concretar: una marcha de trabajadores disconformes y con estribillos contrarios a una Presidenta a la que le queda un año de poder real es una pesadilla para muchos sindicalistas que sólo quieren mostrar los dientes y no quieren morder en serio. También lo sabe Cristina y juega peligrosamente a exponerlos a ese límite.

El massismo aprovechó para convocar a una reunión legislativa con el fin de consensuar una iniciativa sobre Ganancias, ya que dos de sus primeras espadas, José De Mendiguren y Héctor Daer, lideran la comisión que analiza las normas tributarias. Será una gran oportunidad para medir la ofensiva sindical y, a la vez, el desinterés oficial, pero hasta anoche ninguno de los líderes de las centrales obreras pensaba concurrir. Sí enviarán a algún representante. Es que, pese a que Sergio Massa no irá mañana al Congreso, todos se cuidan de no dar señales de alineamiento.

Desde la CGT Azopardo y la CTA opositora quieren que sean los diputados de extracción sindical y “no los políticos” los que impulsen una audiencia pública en el Congreso para plantear cambios en Ganancias. Así lo acordaron anteayer Hugo Moyano y Pablo Micheli en Córdoba, adonde coincidieron por el aniversario del Sindicato local de Luz y Fuerza. La idea es que ese día, probablemente en la primera semana de agosto, ambas centrales hagan una movilización.

Moyano reunirá mañana, por fin, a su consejo directivo para ponerle fecha al nuevo paro general. Lo que conversó con Micheli es que podría hacerse el jueves 14 o el 21 de agosto, algo que deberá consensuar con aliados como Luis Barrionuevo, Omar Maturano y Roberto Fernández. Estos dos últimos propondrán dos huelgas, una en septiembre y otra en octubre. ¿Por qué esperar tanto? Los líderes de la UTA y de La Fraternidad viajarán a Bulgaria del 9 al 16 de agosto para participar del congreso de la Federación Internacional de Trabajadores del Transporte y quieren estar aquí para monitorear la protesta. Otro que viajará será el moyanista Juan Carlos Schmid, del gremio de Dragado y Balizamiento, que se anticipará al calendario cegetista y mañana encabezará la huelga que afectará a las actividades portuarias, marítimas y talleres navales en rechazo de Ganancias.

Mientras, el conflicto en Lear no cede. Los delegados combativos denunciaron penalmente a SMATA por considerar que fueron desplazados en una asamblea “trucha” y el Ministerio de Trabajo decidió acortar los plazos para tomar una decisión rápida sobre la legalidad del encuentro. La semana pasada se reincorporaron 30 de los despedidos, pero un día antes fueron llevados a una charla en la delegación de SMATA de Zona Norte.

Según otro audio revelador, al que accedió Clarín, tres dirigentes del gremio trataron allí de “adoctrinarlos” antes del regreso a la planta, aclarando que “no son amenazas, sino advertencias”, con frases como ésta: “Dimos la cara por ustedes, pero el que hace las cosas mal, se va. Ingresan por el sindicato y se van por el sindicato. No les pedimos que vayan a tocar el bombo, sino que cumplan con el trabajo”. O esta otra: “El gremio nunca los dejó, simplemente ustedes habían decidido quién los conducía ahí adentro y ellos los llevaron a cometer este error. Por eso la compañía tomó la decisión de sacar 200 personas”. Y acaso la más sugestiva: “Quinientas afiliaciones no le hacen nada al sindicato. Pero si no podemos conducir esa fábrica, el gremio mismo va a hacer lo posiblepara que se cierre”.

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