La culpa siempre “es el otro”

La culpa siempre “es el otro”
Hace un año atrás, la irresponsabilidad de los funcionarios nos señaló como promotores de situaciones iguales a las ocurridas por estos días. Es lamentable, pero en la Argentina las imágenes de saqueos, desmanes y robos a las propiedades no son nuevas; adormecidos por el relato y casi sin darnos cuenta, después de un ciclo de crecimiento y consumo, la impericia de la clase gobernante, nos devuelve a la cruda realidad.

La ausencia del Estado como garante de la seguridad y la vida de los ciudadanos, el desmanejo político de la seguridad, la presencia del narcotráfico, la persistencia de la desigualdad y la inflación hacen de la situación social un caldo de cultivo para gente dispuesta a sembrar el caos.

Hay que encontrar urgentemente una escala equitativa de valores y prioridades, saber distinguir lo principal de lo accesorio, dejar de buscar culpas en otros y tomar el mando de una situación que debió haberse previsto y no hacer oídos sordos ante el clima de descontento que el país vive.

No podemos menos que comprender la naturaleza del reclamo policial; ¿cómo justificar sueldos de $5000 cuando el índice de inflación pulveriza el poder de compra de nuestro pueblo? Si bien es cierto que compartimos la necesidad de que la familia policial viva dignamente no es posible compartir el método que nos vuelve a todos víctimas y rehenes de un reclamo que debe resolverse en otro plano allí donde está fracasando la política. Esa recurrente falta de atención para ejecutar una estrategia de soluciones se debate en un espectáculo vergonzante repartiendo culpas y responsabilidades mientras la ciudadanía observa cada vez más preocupada su propia indefensión.

En esa línea hemos presentado proyectos en la Cámara de Diputados (Nacional y Provincial) para la sindicalización de las fuerzas de seguridad justamente con el objeto de evitar estas medidas de fuerza que “sindicalizan de hecho” pero sin control de la política.

No es el acuartelamiento la acción más precisa para suscitar la empatía del vecino, no es dejando los barrios indefensos como se logrará el reconocimiento económico y moral. Es la política y sus actores quienes están llamados a desnudar la trama de la injusticia y olvido al que están sometidos humildes servidores públicos y las franjas populares más vulnerables.

Sería iluso no advertir que el telón de fondo de este panorama es la inflación y sus efectos. Ya lo decía un notable diputado de la UCR (J. Rodriguez) “la inflación es una guerra civil sin armas y la única manera de superarla es a través de un acuerdo político”. Acuerdo que haga propicio el diálogo social, con espíritu tripartito, sin discriminaciones, sin apelar a categorías de titulares y suplentes; mesa del diálogo para la comprensión y no para la disputa sectorial.

La índole de las dificultades de los necesitados, el regreso al crecimiento, la corrección de los errores en la gestión, la equidad de los esfuerzos, el deterioro de las instituciones, el alumbramiento de otra política en materia de seguridad y defensa, se relacionan directamente con la falta de de soluciones. Es doloroso que los argentinos tengamos que festejar treinta años de democracia en medio de estos hechos que enlutan al país y dejan una clara referencia de los muchos y diversos desafíos que debemos enfrentar como sociedad.

Es nuestra historia de lucha para la recuperación de la democracia la que nos da la facultad ineludible de plantear la realidad de esta difícil situación. No podemos seguir ocultando las cuentas pendientes que tenemos como sociedad bajo la excusa de una “democracia adolescente”, ya no sirven las justificaciones donde la culpa siempre es del otro, no desconocemos que frente a hechos de esta magnitud siempre existen sectores minoritarios que intentan generar zozobra, pero ello no puede disfrazar la deficiencias que supimos cosechar producto de discusiones estériles y divisionismos infecundos.

Finalmente es nuestro deseo que en estas fiestas de Navidad y Año Nuevo, la paz y la cordura nos lleven a ser un pueblo entero de cuerpo y alma. En ese camino siempre encontrarán a la Confederación General del Trabajo.

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