Democratización sindical, misión imposible

Democratización sindical, misión imposible
Por Ricardo Carpena

Primero fue el intento de “democratizar” los medios. Ahora, buscará “democratizar” la Justicia. ¿Cuándo será el momento en que Cristina Kirchner propondrá “democratizar” al sindicalismo? La pregunta empieza a inquietar a algunos dirigentes gremiales que desde hace décadas siguen atornillados a sus puestos y que sospechan, con fundamentos sólidos, que el kirchnerismo tratará de jubilarlos antes de que ellos lo decidan.

Un cosquilleo electrizó a varios curtidos sindicalistas luego de la frase que eligió la Presidenta, en enero, para advertir cómo podrían incidir los reclamos de las paritarias en el empleo: “Los dirigentes nunca se quedan sin trabajo”. Más allá de las palabras, todos saben que Cristina nunca le dará al sindicalismo el papel de interlocutor que le había otorgado Néstor Kirchner, aun con la misma pretensión de obediencia política.

Y si tuviera que elegir su modelo de sindicalista favorito, no se quedaría con los “Gordos”, a los que critica por su pragmatismo, aunque esta condición es lo que justamente les permitió adherir al modelo K luego de haber sido furiosos menemistas. A la Presidenta l a seduce un sindicalismo disciplinado, militante y de matices progresistas, similar al de la CTA que lidera Hugo Yasky, en donde los metrodelegados, emblema sindical del antimacrismo, representan la matriz que busca expandir la Casa Rosada.

Cristina se había entusiasmado con el proyecto de la CTA oficialista que impulsa un código electoral dirigido a transparentar los comicios gremiales e impedir las reelecciones perpetuas de sus dirigentes.

“La Presidenta cree que la democratización interna de los sindicatos es un tema pendiente”, dijo Yasky tras reunirse con ella, en agosto pasado. Pero la CTA kirchnerista comenzó 2013 con una señal reservada de que no hay voluntad oficial de avanzar, justo en vísperas de unas elecciones legislativas tan decisivas, con una iniciativa que pondría en pie de guerra a las cúpulas gremiales.

De todas formas, ¿le convendrá a la administración K un recambio que permita el ascenso de una dirigencia distinta? El sindicalismo ha sido muchas veces funcional al poder de turno. Por eso ningún gobierno quiso cambiar esta dirigencia vitalicia pero confiable, y cuando alguno quiso hacerlo, finalmente terminó retrocediendo.

Este año habrá elecciones en importantes gremios, pero no se esperan muchos cambios. En la Asociación Bancaria, el radical-moyanista Sergio Palazzo pondrá en juego la consolidación del oficialismo tras el ocaso de Juan José Zanola. En Foetra Buenos Aires, la fórmula kirchnerista Osvaldo Iadarola-Claudio Marín, que buscará su reelección, se enfrentaría a una lista unificada de la izquierda. El moyanista Juan Carlos Schmidt encabezará la única lista en Dragado y Balizamiento. Y puede haber agitación en los sindicatos docentes CTERA y Suteba, enrolados en las filas K. En el primero, que encabeza Stella Maldonado, se votaría recién en octubre, pero el segundo, liderado por Roberto Baradel, será un test anticipado: en los comicios, que, sugestivamente, se anticiparon para mayo, la izquierda se unificaría en una sola lista de oposición.

También hay clima deliberativo en las centrales obreras. La CGT Balcarce debatirá hoy si mantiene o suspende el plenario de secretarios generales del próximo jueves. “Gordos” y ex moyanistas quieren ratificarlo y que de allí surja un documento con algunas críticas al Gobierno. Los independientes (construcción, UPCN y Obras Sanitarias) propondrán postergarlo y tratar de conseguir cuanto antes una audiencia con Cristina. De todas formas, ninguno piensa en una protesta. Menos todavía cuando Oscar Lescano, de Luz y Fuerza, se convirtió en el primero en darle una alegría paritaria al Gobierno al animarse a firmar un acuerdo salarial del 30% por 18 meses.

La semana pasada quedó en evidencia la doble cara de la central K: por un lado, se conformó la Unión General de Asociaciones de Trabajadores del Transporte (Ugatt), liderada por el ala dura del ex moyanismo, que buscará un perfil autónomo de la CGT Balcarce, y, por otro, se cristalizó la Confederación de Sindicatos Industriales ante los ministros Carlos Tomada y Débora Giorgi, y con un discurso de Antonio Caló que sonó a música celestial en la Casa Rosada: “No somos la CGT que tira piedras desde la vereda de enfrente. No nos pelearemos con el Gobierno”, prometió.

En la CGT Azopardo, t odas las señales son de guerra. Hugo Moyano resistirá la indagatoria que pidió el fiscal Martín Mainardi para diez camioneros que bloquearon el supermercado mayorista Maxiconsumo y por eso muchos esperan el discurso que dará el jueves, cuando su aliado Abel Frutos asuma otro mandato al frente del gremio de panaderos. El líder cegetista se reunirá esta semana con su par de la CTA disidente, Pablo Micheli, para organizar la marcha del 14 de marzo ante el Ministerio de Trabajo y para hablar de algo que recién surgirá del congreso nacional ceteísta del 11 y 12 de abril, pero que parece indetenible: un paro general en la primera quincena de mayo.

Comentá la nota