Los detalles del acuerdo entre Moyano y Barrionuevo para parar el país: "No se mueve ni un alfiler"

Los detalles del acuerdo entre Moyano y Barrionuevo para parar el país: "No se mueve ni un alfiler"
"El día del paro que no se mueva ni un alfiler en el país", exhortó el líder camionero. Se acordó ayer en un plenario en la sede de la CGT Azopardo. Será por 24 horas, aunque todavía no tiene fecha definida

La alianza Moyano-Barrionuevo aprobó ayer un paro general de actividades por 24 horas contra el Gobierno. Lanzó la medida de fuerza desde un plenario al que sus organizadores caracterizaron como la puerta de entrada del sindicalismo peronista a un camino de unidad de todos los sectores. Se trata en verdad de dos anuncios potentes para el mundo gremial, si no fuera que se los presentó todavía algo crudos, sin el suficiente tiempo de cocción.

Una huelga sin fecha, como la que dispuso el sindicalismo opositor, viene a ser una amenaza subida de tono, pero no más que eso por ahora. Porque claramente se evitó dinamitar todos los puentes, que es lo que hubiera ocurrido ayer si las centrales del camionero y el gastronómico marcaban con resaltador en el calendario el día --y los alcances-- de una medida de fuerza a nivel nacional, en repudio a distintos ítems de la política socioeconómica del kirchnerismo.

Esa indefinición plantea un final abierto: el paro podría realizarse el mes que viene, como garantizan unánimes los voceros del sindicalismo anti K; o también puede ser nunca, si el Gobierno llegara a atender algunas de sus demandas, en la lógica vandorista de apretar primero para negociar después.

El paro será por 24 horas, aunque todavía no tiene fecha definida

Todo puede pasar. Fuera del comportamiento que tengan las variables macroeconómicas en las próximas semanas y el sesgo que adopten las paritarias, habrá que ver además si prevalece la actual versión conciliadora de Moyano ("Tomaremos las medidas que correspondan...", dijo para no mencionar a un paro por su nombre) o si en cambio se impone la actitud beligerante de Barrionuevo contra "los pigmeos que nos gobiernan", según ponderó.

Tampoco se escuchó ninguna especificación sobre cómo se materializará la unidad sindical que ayer se dio por inaugurada. La vocación por una amplia reconciliación del sindicalismo justicialista quedó expresada en afiches con el icónico abrazo de Perón y Balbín, y frases funcionales del general extinto a ese cometido. No se pronunció ningún discurso que dejara de mencionar la necesidad de "unir fuerzas" porque eso, se afirmaba, "es lo que quieren los trabajadores".

Sin embargo, ni Moyano ni Barrionuevo insinuaron mínimamente la posibilidad de dejar las comandancias de sus centrales para conformar una sola CGT. ¿Estarían a eso dispuestos en tributo a la unidad?, ¿por qué no adelantar la unificación fusionando en una CGT de transición las fuerzas del camionero, las del gastronómico, más los gremios que abandonaron a Antonio Caló, como conductores de locomotoras y colectiveros? ¿llega alguna señal de interés del sindicalismo K?

"La unidad va a ser muy difícil de lograr hasta que no se resuelva la pulseada de Scioli con Massa y los otros candidatos del PJ a la sucesión de Cristina", dio su diagnóstico sincero a Infobae un dirigente gremial que tuvo sus días más resplandecientes durante la era de Saúl Ubaldini.

En cualquier caso, el sindicalismo opositor puede jactarse de su poderío para intentar un paro de alto acatamiento. Para empezar cuenta con la enorme mayoría de los gremios del transporte; un dato que se explica por sí solo. A esto hay que sumar municipales, judiciales, petroleros, panaderos, peajes, estaciones de servicio, trabajadores de vialidad nacional, peones de campo, seguridad, obreros de maestranza y del vidrio, entre tantos otros.

Los reproches de este conglomerado a la administración de la doctora Kirchner no son infinitos, pero casi. Ayer pasaron revista a las defecciones que comenzaron a percibir "desde la muerte de Néstor Kirchner": inflación desbocada, devaluación de la moneda, notoria pérdida del poder adquisitivo de los salarios, obras sociales sindicales a las que el Gobierno succiona ingresos (les deben ya 22 mil millones de pesos), paritarias condicionadas a posibles decretazos, el no aumento del mínimo no imponible, la precaria situación de los jubilados, el destrato a los docentes, la inseguridad, el crecimiento del narcotráfico en el país, etc., etc., etc.

También cayeron en la lista negra los "precios cuidados" (calificados de "chantada") y los 58 planes sociales que tiene el Gobierno actualmente en vigencia. "Los trabajadores quieren empleos", quedó dicho.

Mientras, el conflicto docente en suelo bonaerense se pone cada vez más caliente, al punto que desde las representaciones sindicales de los maestros se admite que la confrontación puede durar todo el año. Una predicción que mete miedo. En rigor, al día de hoy, son 15 las provincias en las que autoridades y docentes no llegan a un acuerdo.

Se extiende entre las organizaciones gremiales metidas en la pelea la idea de que al menos los equiparen con los docentes de los distritos en que sí llegaron a un acuerdo. Parece que fue en otro tiempo y no este verano cuando los gremios estatales afirmaban que iban a exigir los mismos incrementos conseguidos por los policías a fines del año pasado, insubordinación mediante.

En el sector privado, también se hace esperar el acuerdo entre la UOM y las cámaras metalúrgicas, considerado por el Gobierno como caso testigo. Incentivado por sus compañeros del secretariado nacional, Antonio Caló se ha mantenido plantado sobre su pedido inicial de alrededor de un 30%, más un pago fijo de 2.000 pesos para compensar la inflación de enero y febrero. Los empresarios ofrecen un 24 por ciento y 1.000 pesos.

Caló sabe que no puede llegar al congreso nacional de su gremio en Mar del Plata, dentro de dos semanas, con alforjas de poco peso. Cifras parecidas a la UOM manejan los trabajadores de la construcción. En el caso de la UOCRA, otro de los gremios pilares del kirchnerismo, no habrá resolución hasta la vuelta al país de Gerardo Martínez, atendiendo obligaciones en su papel de secretario de relaciones internacionales de la central oficialista.

Otra paritaria pronta a ponerse en marcha es la de los trabajadores del neumático que conduce Pedro Wasiejko, que es además número dos de la Central de los Trabajadores Argentina (CTA) que tiene juego con el Gobierno. El gremio va a pedir adelantar las negociaciones, para reclamar la hoy popular suma puente que traiga algo de alivio a unos 3500 trabajadores hasta junio; y para entonces buscarán discutir un incremento "similar al de la UOM".

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