Difícil de resolver

Lo habían prometido y este miércoles cumplieron: los obreros ceramistas de Fasinpat cortaron la ruta 7, en protesta por la demora en la ejecución de la expropiación y otras cuestiones.
Los motivos de la protesta no son nuevos, sino recurrentes. A pocos días de haber cumplido 10 años de “gestión obrera”, la fábrica sigue sin definir su situación legal a los fines prácticos, y la situación económica es cada vez peor.

Fasinpat solo ha logrado éxito en publicidad y prestigio entre sectores del país y del mundo que ven con cierta sorpresa agradable una fábrica que es conducida por sus propios obreros, y en organizar festivales musicales a beneficio, con la concurrencia de prestigiosos artistas.

Pero la esencia misma de ser de la fábrica, que es producir cerámicos, está herida y agonizante. Se ha deteriorado su nivel tecnológico, por el atraso ante la falta de renovación; no puede acceder a créditos; tiene dificultades en cumplir con los costos fijos básicos, como son el pago de los servicios energéticos (electricidad y gas); y su comercialización ha caído en un contexto de fuerte competencia entre las empresas más grandes por el mercado interno.

Por eso, debe entenderse que la protesta del sindicato ceramista, dirigida contra el gobierno de Jorge Sapag y personalizada en el propio gobernador, no sólo persigue el propósito de que se concrete la ejecución de la ley de expropiación por avenimiento (que fue trabada mucho tiempo por presentaciones judiciales); sino que también apunta a un objetivo que no se abandona: la estatización (virtual o simulada, o explícita) de la planta.

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