Disputa con un altísimo costo económico y, ahora, también social

El tironeo entre entidades representativas del sector portuario provoca desde hace días innegables costos económicos. Desde ayer, se sumó un costo social y el perjuicio a miles de turistas.

La protesta del SUPA (Sindicato Unidos Portuarios Argentinos) que ayer demoró a cruceristas que pretendían recuperar su equipaje o zarpar a tiempo para comenzar sus vacaciones arrancó el jueves pasado. Ayer, empresarios y sindicalistas siguieron sin ponerse de acuerdo. Pero a las 22 el Ministerio de Trabajo dictó la conciliación obligatoria, lo que pondrá puntos suspensivos al conflicto.

Según explicó Gustavo Figuerola, gerente general de Terminales Río de la Plata (TRP), el SUPA incumplió un convenio colectivo que tiene firmado y homologado por Trabajo porque quiere representar a los maquinistas y guincheros. Éstos ya están representados por el Sindicato de Guincheros y Maquinistas de Grúas Móviles, con personería gremial incluso anterior a la del SUPA.

"Por ese motivo, el jueves comenzaron con un paro que hizo que el viernes dos barcos cargueros [uno de Maersk y uno de MSC] directamente no llegaran al puerto de Buenos Aires, y que otro [de MOL] se viera obligado a cortar su operación. Otra embarcación vio cómo la operación que habitualmente le hubiera insumido 24 horas de trabajo se extendió a 96 horas", dijo a la nacion.

"Trabajar a reglamento", que es como técnicamente se define la protesta, consiste básicamente en reducir el ritmo de trabajo. Figuerola explicó que si en días habituales se descargan 50 contenedores por hora, la cifra baja a 8 en estas circunstancias. "Es simplemente una extorsión, porque no existe reglamento alguno que fije esos tiempos o cantidades", dijo el directivo.

Esas demoras, como en buena parte de lo que ocurre en el sector, "se mide en millones de dólares", dijo Figuerola. En el caso de los cargueros, el hecho de que no toquen el puerto significa que habrá productos argentinos que tenían programado estar en Europa en 20 días y que ya no podrán hacerlo, o que empresas que esperaban recibir insumos para producir algo en el país tampoco lo tendrán en tiempo y forma.

Figuerola destacó el daño que la medida causa a los propios trabajadores agrupados en otros gremios, que perderán el "premio por productividad". A eso se suma el sobrecosto para operadores locales y extranjeros y el daño a la imagen del país.

Lo que había comenzado como un problema para la carga se trasladó ahora a los pasajeros. Y ése es, verdaderamente, otro mundo.

Los cruceros funcionan con cronogramas suizos: cada acción está cronometrada al minuto. Los tiempos de carga y descarga son muy precisos. Esos gigantes que trasladan hasta 3000 pasajeros desembarcan al pasaje y su equipaje por la mañana y a la tarde están listos para retomar el viaje con nuevos pasajeros. Ayer, eso fue imposible.

En medio del conflicto, la Federación Marítimo-Portuaria y de la Industria Naval (Fempinra) emitió un crítico comunicado hacia el SUPA, que en uno de sus principales párrafos dice: "Desde hace un tiempo el conjunto de los sindicatos portuarios, los trabajadores y sus familias ven con impotencia y bronca el accionar de un dirigente sindical [en referencia a Juan Corvalán] que ejerce la secretaría general del SUPA Puerto Capital y Dock Sud, que ha resuelto tomar al puerto como rehén de sus caprichos, de su inoperancia sindical y de pretender construir una realidad que no existe desde hace más de 40 años en la industria portuaria nacional e internacional [...] No queremos que el Puerto de Buenos Aires vuelva a los 90 donde fue sistemáticamente destruido por la acción irracional de algunos dirigentes portuarios"..

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