Las dos CGT, entre la calle y los despachos K

Las dos CGT, entre la calle y los despachos K
Por Ricardo Carpena.

Pobre Perón: cuando en los años 50 advirtió que “el año 2000 nos encontrará unidos o dominados”, no podía ni imaginarse que su criatura política más dilecta, el sindicalismo peronista, llegaría a 2012 como está hoy, desunido y dominado por sus diferencias. Y, menos aún, que ni los gremialistas que protestan ni los que dialogan conseguirían ninguno de sus objetivos ante un gobierno de su mismo signo político.

Es así: a ninguna CGT le sirve, en el fondo, lo que está haciendo, pero en las próximas semanas seguirán haciendo más de lo mismo . La que lidera Hugo Moyano, expulsada del firmamento kirchnerista, no puede hacer más que protestar. Y a la que encabeza Antonio Caló, nacida bajo el signo K, no le queda otra que recorrer los despachos oficiales. Ninguna, quizá, podrá sacar provecho de un poder que rompe la tradición peronista y busca entablar “una relación directa con los trabajadores”.

Esa es la aspiración de la que se jacta Cristina Kirchner y por eso seguramente se guarda para su propio rédito político el anuncio sobre el aumento del mínimo no imponible de Ganancias, que aliviaría a millones de afectados por los descuentazos salariales. No le ofreció esa medida a la CGT oficialista, en su primer encuentro en la Casa Rosada, y ahora obligará a los dirigentes a desfilar ante funcionarios de todo tipo para lograr lo que, con otros presidentes, conseguían sin tantas vueltas.

Todos saben que ya estaría decidido aumentar entre un 20% y un 22% el mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias (el viceministro de Economía, Axel Kicillof, se los anticipó a dirigentes de la CGT y de la CTA kirchneristas), que no sería retroactivo a enero y se aplicaría desde el último trimestre de 2012 en adelante. Pero la Presidenta quiere manejar los tiempos del anuncio.

Luego de irse de la Casa de Gobierno con las manos vacías, la CGT que pilotea Caló se reunirá en las próximas horas para integrar, antes que nada, la “mesa política” --no más de 9 o 10 miembros--, que será la encargada de diseñar las estrategias y de encarar las negociaciones con el Gobierno. Luego vendrán los encuentros con los ministros de Trabajo, Carlos Tomada; el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray; el director de la Anses, Diego Bossio, y la superintendenta de Servicios de Salud, Liliana Korenfeld.

En este sector ya sueñan con un nuevo encuentro con la Presidenta, en un mes, en el edificio que alquilaron en la avenida Belgrano al 600, para agradecerle públicamente lo que hasta ahora retacea sistemáticamente. Creen que la Rosada será más generosa a medida que se acerquen las elecciones de 2013.

Hugo Moyano cree exactamente de lo contrario . Piensa que ningún anuncio oficial terminará de conformar a los trabajadores y por eso se prepara para copar la calle. Varios gremios de su sector, liderados por Juan Carlos Schmid, bloquearán mañana el acceso al Puerto para protestar por la falta de diálogo sobre el destino de la isla Demarchi. El camionero hablará el miércoles, en un acto por el 17 de octubre, ante la sede de Azopardo 802. Luego sumará gente a la movilización del 24 de este mes alrededor del Congreso (decidida entre su hijo, Facundo, y Víctor De Gennaro) para protestar contra la sanción de la reforma a la ley de riesgos del trabajo. Y esta semana se reuniría con Pablo Micheli para ponerle fecha al paro nacional anunciado en la Plaza de Mayo. Se sabe que será en noviembre y que muchos dirigentes no quieren que coincida con la protesta de los caceroleros, el jueves 8, porque ninguno tiene en claro qué sectores están detrás de esa protesta antikirchnerista.

Moyano salió airoso de su última apuesta, que parecía confusa: aportó una columna numerosa y algunas de sus principales figuras al masivo acto con la CTA rebelde en la Plaza de Mayo, pero evitó exponerse ante un auditorio que podía ser hostil, como el de los partidos de izquierda, y se preservó para ponerse al frente de su propia protesta. El que estuvo en apuros tras la demostración de fuerza callejera fue Micheli: la escala a Miami de su viaje a Nueva York fue objeto de una fuerte campaña por parte del dispositivo de medios K. Algunos de sus allegados piensan que pecó de ingenuo al no haber anticipado que iba a viajar para sumarse a otras centrales obreras de la región con el fin de pedir en la ONU el retiro de tropas de Haití. E incluso en no haber explicado que había viajado con su esposa y su hijo porque, debido a una enfermedad autoinmune, “se cansa permanentemente y necesita ayuda”.

Mientras, en la CGT Azopardo se entusiasman con una encuesta que mostraría que el 50% de los porteños que votaron a Macri podrían elegirlo a Moyano. ¿Será la antesala de su salto a una candidatura? Sus socios de la CTA opositora tienen otros planes. Al menos, algunos: De Gennaro, diputado y una de las máximas figuras surgidas de esa central obrera, anunciará el sábado la nacionalización de su partido Unión Popular, que ya alcanzó la personería en cinco distritos. Muchos lo interpretan como el primer paso de su posible candidatura presidencial. De Gennaro nunca apoyó la estrategia michelista de aliarse a Moyano. Intuye que, a la larga, ambos podrían terminar compitiendo por la misma clientela electoral para tratar de convertirse en el primer mandatario surgido del movimiento obrero. Como lo fue en su país Lula da Silva, que hablará pasado mañana en el Coloquio de IDEA, en Mar del Plata. El ex presidente brasileño es un ejemplo de cómo lograr una gestión exitosa sin haber cedido a la tentación de la reelección indefinida . Por eso, en el fondo, lo mira con envidia, y también con algo de recelo, este sindicalismo desunido, dominado por sus diferencias y demasiado partidario del poder perpetuo.

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