En La Epoca De La Incertidumbre

La crisis que vive la Policía de la Provincia, cruzada por datos alarmantes, se reflejó en un síntoma institucional clarísimo, como el relevo de dos cúpulas en menos de 45 días y obligará al Gobierno -y a todos- ya no a la reflexión sino a la acción, para devolverle a la fuerza esa "subordinación" al poder político y a las reglas de la democracia que le demandó el Gobernador esta semana.
Las múltiples oposiciones que conviven dentro y fuera de la política, deberán entender que esa tarea no admite chicanas, sino compromiso sincero en la lucha contra el abuso, el autoritarismo y el encubrimiento.

Es claro que la principal responsabilidad le cabe al Poder Ejecutivo, que parece no haber advertido en los larguísimos meses de la transición que allí había un problema enorme y ahora se encuentra con un estallido entre las manos.

Pero no es menos cierto que la construcción de una sociedad democrática es una labor que comprende a todos los actores del sistema, incluyendo al Poder Judicial de la cabeza hasta los pies; a las fuerzas políticas y a los diversos actores sociales capaces de entender que no es destruyendo comisarías cómo se resolverá el problema.

El mensaje del Gobernador Buzzi fue explícito y grave. Si se demanda "subordinación" a una fuerza de seguridad, es porque -al menos en algunos bolsones extendidos- esa condición primaria no existe.

Reconocer la profundidad de una crisis puede ser el primer paso para encontrar los remedios que se necesitan, que son urgentes en tiempos tan complejos como los actuales y los diversos sectores de la política provincial deberían entender también que su obligación primaria es una: cerrar filas en torno a la necesidad de democratizar la enseñanza, los métodos y las conductas de quienes deben proteger vida y bienes de los ciudadanos.

De ahí para abajo, todo es discutible y debe ser discutido, pero hay reflejos que parecen anquilosados en colocar todo análisis en la búsqueda pura y dura del poder propio, antes que en privilegiar la política como un servicio público colocado al servicio de mejorar la vida de las comunidades que se representa o se dice representar.

Dicho sea en criollo, el Gobierno de Martín Buzzi puede ser más o menos bueno, o más o menos malo, pero nadie podrá cosechar en beneficio propio si esta situación puntual y grave se desmadra.

La otra situación que requiere de una respuesta judicial urgente, es la del esclarecimiento pronto del atentado que dejó sin vuelos, sin comunicaciones, sin bancos y sin teléfonos a más de cien mil personas en la región, en un hecho inédito por su gravedad y extensión.

Hay -también- sobrados ejemplos de que los engranajes judiciales empiezan a chirriar hasta detenerse cada vez que hay causas complejas o cuando éstas involucran a sectores con algún poder económico, gremial o político, pero esto no debería suceder ahora, si no se quiere la repetición de episodios similares.

Buzzi no descartó la posibilidad de que existan "móviles políticos" en la serie de sucesos llamativos por su violencia en las últimas semanas, pero no fue más allá de eso en su mensaje.

En este punto, debería decirse que no es bueno menear fantasmas si no se tiene constancia de su existencia, bajo el riesgo de corporizarlos aún desde la buena voluntad, ya que la vieja sentencia señala que las brujas no existen, pero que las hay, las hay y más puede haberlas si uno, hasta por descuido, las convoca.

Tamizada por estas conmociones, la política de los políticos se desliza por estos días en dos vertientes.

Una, si no multitudinara sí concurrida, es la de la cantidad de dirigentes devenidos en comentaristas públicos o privados de las acciones del Ejecutivo, que hacen circular mensajes ultracríticos en comentarios más o menos reservados, recogidos más de una vez por columnas y columnistas.

La otra es la que ejerció el propio Gobierno, que desvistió de un viaje al dasnevismo -y también al kirchnerismo- en la región cordillerana, juntando con el viejo truco de la billetera y el trato cordial, a 16 de 18 jefes comunales, entre ellos algunos tan inesperados como el ultradasnevista Miguel Castro; y el dasnevista a secas Juan Garitano.

Esa jugada volteó la promocionada presencia del ex-Gobernador Das Neves en la Fiesta del Asado en Cholila y descolocó de paso a más de un referente del Frente Para la Victoria, que no advirtieron el movimiento hasta que se reflejó en la prensa.

Cauteloso -y criterioso en su decisión de que el momento complejo que se vive talvez no era el adecuado para su reaparición-, Das Neves sólo se mostró en Trelew, donde la gestión de Máximo Pérez Catán se reforzó con la incorporación de Víctor Cisterna en el staff municipal.

En medio del ruido semanal, se fue diluyendo la discusión sobre quién será, debe ser o se desea que sea el nuevo presidente del PJ chubutense, aunque Buzzi parece haber mejorado notoriamente sus chances de jugar un rol decisivo en ese campo.

"No piensa en él mismo, piensa más en Marcelo Guinle" para desempeñar ese rol, aseguró una fuente del Gabinete al describir lo que se analiza ahora en el Gobierno.

Guinle, por su parte, cree que lo que Buzzi necesita es más poder y más liderazgo, por lo que sostiene y sostendrá que el mandamás del peronismo debe ser el Gobernador, para unificar la política y la gestión en un solo haz, tal como manda el universal catecismo de cualquier peronista que se precie de ser tal.

Pero el Gobernador tendrá una semana en la que podrá pensar poco en esos menesteres, ya que deberá monitorear cómo evoluciona la crucial negociación con los sindicatos estatales, estancada una y otra vez por el tironeo de los negociadores.

"La cantidad de personal en la planta transitoria empiojó todo. Era un dato que no estaba sobre la mesa y complica toda la negociación", sostienen casi con desconsuelo en el Gobierno, que creía cercana una solución.

Con esa sombra planeando sobre las decisiones comenzará la semana. La anterior marcó el distanciamiento definitivo de Buzzi-Mac Karthy con el Modelo Chubut, una relación que no parece tener otro destino que el enfrentamiento.

Con el cierre de la Casa del Chubut en París, el Gobierno cerró con fuerza otra puerta: la del vínculo que lo unía con sus ex-mentores, que prometen una pelea larga, ya volcados definitivamente a considerarse la oposición principal al oficialismo.

Entre convulsiones, una etapa forzosamente nueva se abre en Chubut. Lo que molesta a los actores y al público, es la incertidumbre.

Si el Gobierno la despeja, tendrá medio camino hecho.

Comentá la nota