La CGT, esta vez, no quiso quedar afuera de la fiesta

La CGT, esta vez, no quiso quedar afuera de la fiesta
Aportó militantes de casi todos los gremios por primera vez tras la fractura con Moyano; la UTA, clave en la movilización
Como no sucedía desde hace un par de años, el apretón de manos entre el Gobierno y los sindicatos se volvió a escenificar en la Plaza de Mayo . La CGT alineada con la Casa Rosada decidió, por primera vez desde su surgimiento, aportar activamente militantes a una movilización del kirchnerismo. En esta oportunidad, la decisión fue casi unánime y no requirió un debate. Alcanzó con las últimas señales oficiales para convencer al gremialismo aliado de que ayer no debía quedarse de brazos cruzados.

Siempre incómodo entre la rigurosidad de los protocolos, Antonio Caló, jefe de la UOM y de la central oficialista, asistió al tedeum en la Basílica de Luján, junto con la Presidenta. Desde allí insistió en "acompañar a Cristina y defender el modelo" , y dijo, en alusión a la década kirchnerista, que Néstor Kirchner fue el mejor presidente que tuvo la Argentina después de Juan Domingo Perón.

La postura expresada por el metalúrgico es unánime entre todos los sindicatos y se apoya en un argumento casi irrefutable: le reconocen a Kirchner que a partir de 2004 se retomaron las negociaciones salariales por convenio tras diez años de ajustes y parálisis.

Si hasta Moyano, referente de la CGT opositora, lo reconoció ayer: "La puesta en práctica de la discusión paritaria y la fijación del salario mínimo aumentado son políticas que tradicionalmente tuvo el peronismo. [Pero la actual gestión] tiene muy poco que ver con la política que aplicó el primer gobierno del ex presidente Kirchner".

La CGT oficialista tomó la decisión de apostar fuerte y movilizar a su tropa de afiliados después de asistir al acto del miércoles pasado en la Casa Rosada. Ese día, se anunció la suba de los topes de las asignaciones universales, una vieja demanda sindical. Por eso, y como en muy pocas oportunidades, la cúpula de la central estuvo en la primera fila. Incluso, hasta se guardó una butaca para un miembro de la Juventud Sindical (Hernán Escudero), invitado de urgencia y casi a último momento por allegados al diputado Andrés Larroque, de La Cámpora, que fue el principal organizador del acto de anoche en la Plaza de Mayo.

Anudado el acuerdo, desde la CGT se ordenó movilizar a los gremios. Escenificaron su alianza con globos gigantes y banderas la UOM y la Uocra. También aportó miles de manifestantes el gremio estatal de UPCN, cuyo referente, Andrés Rodríguez, estuvo al lado de la Presidenta, en el palco, y fue uno de los que impulsaron al resto de los sindicatos a participar de la celebración kirchnerista.

Pero en silencio, después de un trato subterráneo, el sindicato que cumplió con un rol casi decisivo fue el de los colectiveros de la UTA. En plena disputa por lograr un aumento salarial y tras una amenaza de activar un paro general, Roberto Fernández, el líder del gremio, suspendió sugestivamente las medidas de fuerza. En su entorno reconocieron a LA NACION que hubo una suerte de tregua para garantizar la movilidad de los militantes y así pudieran acceder con facilidad a la Plaza de Mayo.

"Les metimos 700 colectivos para el acto. ¿Qué querés? A la protesta la seguimos en la semana siempre y cuando no se concrete el aumento salarial", justificó un dirigente cercano a Fernández. La UTA tiene su paritaria vencida desde el 1° de enero. Hace un puñado de días había amenazado con llamar a una nueva huelga de los choferes de larga distancia porque no se había efectivizado la suba del 23% en los salarios. La puja, que ya lleva meses de tensión y debates, es entre el gremio y los empresarios, aunque también participa el Gobierno, ya que influye directamente en la distribución de los subsidios al transporte de pasajeros.

Al cierre de la jornada, en la cúpula de la CGT oficialista había cierta euforia. Caló le dijo a uno de sus colegas del consejo directivo que la relación con el Gobierno ya había dejado de ser tensa y tirante, y que la CGT había recuperado el protagonismo.

El interlocutor de Caló, medio en broma y medio en serio, le respondió: "Ahora nos falta que nos abran lugares en las listas [de candidatos]". La anécdota quedó ahí, en suspenso. Los gremialistas prefirieron seguir con su charla y destacar que el discurso presidencial de anoche tuvo "una dosis importante de peronismo" como no lo notaban desde hacía tiempo.

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