Etín, un poderoso y peculiar sindicalista

Etín, un poderoso y peculiar sindicalista
Héctor Ponce pertenece a la industria lechera, pero nunca integró la CGT. Esponsorea boxeadores, organiza desfiles, realiza muchos viajes y los difunde en la revista de su gremio.
Es un dirigente extraño. Mantiene un enorme poder sindical desde 2002, pero nunca quiso integrar la CGT ni meterse de lleno en política. Estuvo implicado en episodios de violencia, como uno que se registró en 2008, en Rosario, que dejó el saldo de un muerto y muchos heridos, pero nunca quedó comprometido en la causa judicial. Destina mucha plata de su organización para sponsorear boxeadores y para financiar una discoteca, instalada en un polideportivo de su gremio, en la que hacen shows musicales y desfiles de modelos, pero su nombre nunca quedó asociado a manejos irregulares de dinero. Se llama Héctor Ponce, le dicen “Etín y lidera la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (Atilra) desde hace once años con un inusual perfil bajo dentro del sindicalismo peronista. El jueves pasado finalizaron las elecciones en su gremio, que duraron tres días y que tuvieron un final cantado: los 25.000 afiliados sólo pudieron votarlo a él porque encabezaba la única lista oficializada. Quienes se quedaron con las ganas de enfrentarlo fueron sus opositores, liderados por Domingo Vilche y Cristian Oliva, ex aliados de Ponce que encabezan la seccional Capital del gremio y militan en el moyanismo. Oliva es una de las jóvenes promesas que apadrina Facundo Moyano: tiene 34 años, es concejal en Almirante Brown y dirige la seccional Lomas de Zamora de la CGT Azopardo. Aun así, no pudo superar las trabas de un estatuto que, como en la mayoría de los gremios, hace casi imposible la competencia interna: para ser candidato a miembro del consejo directivo nacional de Atilra se debe haber sido dirigente de ese cuerpo o secretario de una seccional. Ponce nació en Santiago del Estero hace 57 años, pero hace mucho que adoptó como su ciudad preferida a Sunchales, Santa Fe, donde, después de haber sido albañil y mozo, logró ser relator de combates de boxeo (una de sus pasiones) y periodista. Luego de una suerte dispar en esos rubros, consiguió empleo en la empresa más célebre del lugar, Sancor, donde empezó una carrera sindical ascendente que lo llevó de delegado a titular de Atilra, luego de desplazar en las elecciones de 2002 a su jefe, Vicente Troncoso. El nuevo líder lechero empezó a construir un inmenso poder a partir del gobierno de Néstor Kirchner, cuando pasó de 10.000 a 25.000 afiliados gracias a la recuperación de la actividad lechera, obtuvo importantes aumentos salariales (la gente de Ponce se jacta de haber conseguido un 1318 % en diez años) y logró un trato privilegiado desde el poder gracias a su amistad con Hugo Moyano, por entonces aliado a la Casa Rosada. En 2008, la disputa entre Ponce y la seccional Rosario de Atilra, opositora y dominada por la CTA y la izquierda, terminó de la peor manera posible: con un muerto y diez heridos. Todo comenzó cuando 150 activistas alineados con el jefe de los lecheros viajaron a Rosario para protestar contra la conducción de la seccional disidente. Los graves incidentes duraron 40 minutos e incluyeron palos, piedras, cadenas y armas de fuego. La policía estuvo ausente, lo que dio pie a acusaciones de que había una “zona liberada”. El fallecido era de las filas de Ponce, y tres años después fueron procesados seis personas, cercanas a la seccional Rosario, por su participación en el crimen. El hombre fuerte de Atilra rompió con Moyano poco antes del congreso cegetista del año pasado, en Ferro. Sus adversarios lo acusan de “traidor” por haberlo decidido a último momento y debido a fuertes presiones del Gobierno. El oficialismo, a su vez, responde que el dirigente camionero no consultó a nadie acerca de su decisión de romper con Cristina Kirchner y advierte que Ponce mantendrá su firme adhesión al gobierno nacional. De por sí, se sabe que el líder de Atilra tiene una fluida relación con funcionarios K como el secretario de Comercio, Guillermo Moreno; el ministro de Agricultura, Norberto Yahuar, y el subsecretario de Lechería, Arturo Videla, entre otros. Aun así, es extraño que, con tanto poder, Ponce nunca haya cedido a la tentación de convertirse en dirigente de la CGT o de aspirar a participar en política. Sus críticos aseguran que maneja una caja que recaudaría unos 70 millones de pesos anuales y que mantiene sometidas económicamente a las 29 seccionales de todo el país para evitar que puedan sumarse a la oposición interna. Y que invierte fortunas en la publicidad del gremio para apoyar a boxeadores como Maravilla Martínez o equipos de fútbol como Atlético de Rafaela. El oficialismo replica que el gasto en esa publicidad es mucho menor a la que tendrían que hacer para instalar la “marca” de Atilra en radio y televisión, y asegura que cada centavo que se dispone para este fin fue aprobado por la conducción del gremio y figura en los balances correspondientes. No es la única polémica en la que está envuelto Ponce: sus rivales critican que haya cerrado el polideportivo del sindicato en Sunchales para instalar Low, una discoteca en la que se hacen desfiles de célebres modelos y shows de artistas como Fito Páez, Luciano Pereyra, Skay, Divididos, Kapanga y La Mancha de Rolando, entre otros. Desde el sector de Ponce aseguran que se trata de un importante centro cultural que permite que la gente de toda la zona pueda acceder, con entradas baratas, a espectáculos de primer nivel y que incluso el desfile de modelos le sirvió al gremio para lanzar una campaña solidaria de prevención y detección de patologías oncológicas. La misma controversia se presenta con la lujosa revista de Atilra, en cuyas páginas es habitual encontrar fotografías de los numerosos viajes de Ponce por el mundo, algo que la mayoría de los sindicalistas oculta porque se presta a sospechas. Para el oficialismo, no hay nada irregular y sólo se trata de “viajes de trabajo” debido a que Ponce integra varios organismos internacionales del sector de lácteo y de alimentación.

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