Los eventuales se niegan a enterrar la lista rotativa

Los eventuales se niegan a enterrar la lista rotativa
Ayer se negaron a que la nombrada en el Centro de Contrataciones del puerto Mar del Plata se realice a dedo como había arreglado el gremio con las ESPES que prestan el servicio en el congelado, tras levantar el bloqueo a las terminales 2 y 3.
Un grupo de cincuenta estibadores eventuales rechazó ayer temprano la posibilidad de entregar las credenciales plásticas en la mesa del Centro de Contrataciones para que el capataz de la ESPES –Cooperativa Cootraport Ltda- seleccione a dedo al grupo de trabajadores que integrarían la cuadrilla que debía terminar de descargar el buque “Luca Mario” de la empresa Solimeno.

La modalidad en la forma de contratación que las empresas de servicios portuarios de estibaje deben aplicar en la Parada sigue generando tensiones en el sector luego que el miércoles se registrara una riña generalizada entre estibadores reunidos bajo cooperativas y el grupo de eventuales que permanecía en el bloqueo a las terminales 2 y 3.

“Estoy en la lista rotativa, pero no voy a entrar ni tampoco entregaré la plástica”, contó Enrique Cáceres, un estibador eventual en la mañana de ayer. Eran las 6:32 y el delegado del SUPA, “Toto” Vázquez, informaba la solicitud de la cooperativa Cootraport. “Piden que entreguen la plástica y ellos eligen”, dijo el delegado al grupo reunido en la vereda.

El rechazo a la iniciativa fue total. “Hijos de puta…” se lo escuchó mascullar a un trabajador que a diferencia del resto, que vestía ropa de trabajo, calzaba un pantalón de gimnasia. “Somos los únicos legales, que estamos en blanco y nos quieren marginar de esta forma. Cómo hacemos para revertir esto”, decía otro, resignado.

Los ecos de la pelea con los socios de las ESPES del día anterior todavía se mantenían vigentes. “Está todo filmado. Ellos se nos vinieron encima y después de agredirnos se fueron a romper todo al Consorcio”, agrega Cáceres.

A su lado lo escucha con atención Jorge Oyarburu, un estibador eventual que ya superó los 65 años y sujeta las canas con una gorra verde. “A vos te parece… que este viejo tenga que seguir viniendo a laburar y sea marginado por los propios tipos que lo estafaron con la jubilación”, se indignaba Cáceres.

Corrían los minutos y algunos estibadores reconocían la necesidad de laburar para llevar el pan a su mesa. Otros lamentaban el desinterés de algunos compañeros que no se comprometen con la causa. Un grupo quería convocar a un abogado, otro, ir al consorcio.

El Delegado se comunicaba con Carlos Mezzamico, el secretario General que había levantado el corte y garantizado ante las ESPES la vigencia de la designación a dedo. El dirigente aconseja vía teléfono que nadie vaya a trabajar. “No puede venir porque sale de viaje a Capital por lo de la jubilación”, le contesta “Toto” a uno que pidió por el directivo.

Dos estibadores van a comprobar si las plásticas no fueron desactivadas tras los incidentes del día anterior. Al rato vuelven con la novedad de que ninguno está habilitado para ingresar al Consorcio a trabajar, aunque hubiesen aceptado la selección a dedo de los capataces.

“Son un desastre”, califica Cáceres al proceder del Consorcio. “Nos cobran guita para sacar la plástica, por hacer cursos que luego nadie aplica. En el muelle todo es un descontrol y ahora nos quieren sacar del medio”, dice casi gritando para que lo escuche.

Mezzamico ha dado nuevas señales vía celular. Le pide al Delegado que vaya hasta la descarga del buque de Solimeno y controle quién y cómo está prestando el servicio. La medida no causa mucho entusiasmo. Enseguida el grupo se dispersa y divide en células más pequeñas.

“El Puma fue el primero que encaró y le tiré hasta donde pude. Después me tuve que cubrir porque eran un montón”, cuenta con entusiasmo uno de los eventuales que intervino en la pelea del miércoles. Luce gafas negras y una herida debajo del ojo izquierdo.

“Ahora vienen, boludos”, reciben a dos integrantes de la Inteligencia de Prefectura que estacionan y se bajan de un auto azul metalizado para buscar información. “Ayer desaparecieron… bien putos son, eh...”, lo cruza otro estibador sentado sobre una moto.

Ya pasó una hora desde la convocatoria de Cootraport y todos siguen firmes en la postura de no entregar la plástica. “Vamos a morir de pie, no de rodillas”, sentencia Cáceres.

Las terminales del puerto marplatense están liberadas. Lo mismo que las diferencias irreconciliables entre los estibadores eventuales y los socios de las ESPES. Ojalá aparezca alguien que las encauce.

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