Se exhiben juntas las dos CGT en la OIT

De gira por Ginebra, la intención del sindicalismo será ocultar las disputas domésticas y escenificar una unidad que no es mucho más que un deseo imposible. Así, y pese a las públicas diferencias, la CGT se mostrará como un único bloque durante la 102a. conferencia de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
El tácito acuerdo entre los gremialistas alineados con la Casa Rosada y los opositores, enrolados detrás de Hugo Moyano, se gestó a partir de las charlas entre Gerardo Martínez (Uocra) y Juan Carlos Schmid (Dragado y Balizamiento). Ambos ocupan el mismo cargo en sus respectivas CGT: son secretarios de Relaciones Internacionales y llegaron a Suiza hace una semana, antes que el resto de la comitiva sindical, que partió el sábado en diferentes vuelos de línea.

Del pacto con la CGT también participan las dos vertientes de la Central de Trabajadores Argentina (CTA), a pesar de su eterna pelea con la OIT y con el Ministerio de Trabajo de la Nación para obtener el reconocimiento de la personería gremial.

Hay un punto en común que ubicó a los gremios bajo el mismo techo: mantener el derecho a huelga como una reivindicación propia y vigente. Este año, en la OIT, el sector empresarial reforzará su pedido para quitarlo de la legislación internacional. "Quieren sacar el derecho a huelga. Esto nos mantiene unidos y civilizados ante la postura empresarial", argumentó a LA NACION desde Ginebra Horacio Meguira, asesor legal de la CTA que lidera Pablo Micheli.

UN ORADOR COMÚN

El sindicalismo argentino tendrá un solo expositor en la conferencia central de la OIT. Será Gerardo Martínez y lo hará el viernes próximo. Acordó con el moyanista Schmid y con la CTA no mostrarse netamente alineado con el kirchnerismo, como lo hace a diario en Buenos Aires. Reconocerá una caída del empleo por los embates de la crisis internacional, pero reconocerá como un triunfo las paritarias. Esta postura es unánime entre los gremios y se apoya en que a partir de 2004, con Néstor Kirchner, se retomaron las negociaciones salariales por convenio tras una década de ajustes y parálisis. Como cierre, Martínez tal vez llamará a un gran acuerdo económico y social como la receta para salir del estancamiento global. Este punto habría sido una sugerencia de Schmid, quien dijo hace unas semanas que el kirchnerismo "viene dando giros conservadores en la economía".

Por los empresarios hablará Daniel Funes de Rioja, de la Unión Industrial Argentina. Y representará al Gobierno la viceministra de Trabajo, Noemí Rial, de buena llegada con los sindicalistas.

Las conveniencias del pacto entre las CGT son mutuas. La central moyanista reconoce que los gremios más poderosos están en la vereda de enfrente, junto con el metalúrgico Antonio Caló, cada vez más cuestionado por su manera de liderar al gremialismo oficialista. Pero los laderos del jefe camionero juegan con una carta de valor para forzar cualquier tipo de acuerdo: ocupan sin ningún ánimo de abandono la sede de Azopardo 802. El edificio emblemático será, en algún momento, el atajo para volver a debatir una posible unidad. Así lo reconocen desde ambas orillas.

Caló viajó el sábado a Suiza. Antes de irse les confió a sus dirigentes más cercanos que alejarse una semana de la realidad argentina servirá para bajar tensiones internas en su sindicato y en la CGT.

El jefe de la UOM está preocupado por la inflación y el control de precios. Y no fue optimista cuando en el consejo directivo lo apuraron por alguna definición en torno al impuesto a las ganancias, la millonaria deuda del Estado con las obras sociales sindicales y el posible espacio que el kirchnerismo les pueda dar a los gremios en las listas de candidatos.

Caló no tiene respuestas para estas demandas. Su pasividad ya sacó de quicio a más de un dirigente de "los Gordos" (representantes de los grandes gremios). Este sector sugirió que la CGT construya una identidad más combativa, independiente del Gobierno.

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