El fantasma de la derecha y la negociación secreta

La unidad cegetista necesitó inventarse un enemigo común. Y ese es el Gobierno.

La unidad de la CGT no parece haberse gestado por una convicción profunda, como lo refleja la imposibilidad de haber acordado una figura única de conducción. El acercamiento necesitó de un enemigo común para poder concretarse. El kirchnerismo, con sus apoyos sindicales cada vez más aislados, estuvo a punto quedar instalado en ese rol. Quizás sólo era cuestión de tiempo. Pero fue el gobierno actual el que compró todos los boletos para ganarse el mote de enemigo número uno.

Ahora, algunos dirigentes intentan convencerse de que la opción del matrimonio por conveniencia no fue del todo mala. Y para tratar de fortalecerla sacaron a relucir un viejo fantasma: la amenaza de una conspiración de la derecha que viene a cargarse todas las conquistas sociales.

Más allá de que esto pueda considerarse realidad o fantasía, el planteo pretende sacar una ventaja concreta para quien lo sostiene: permitirle a los miembros del establishment sindical ubicarse automáticamente a la izquierda de algo, o de alguien.

Sin embargo, dentro de la propia estructura cegetista la nueva conducción es cuestionada por su supuesta complicidad con el gobierno. Los que señalan este punto destacan que el triunvirato está dominado por dos diputados del massismo y un dirigente moyanista, que tiende puentes con la fuerza del ex intendente de Tigre a través de Facundo, uno de los hijos de Hugo que también es diputado del Frente Renovador. Y así, los díscolos se ponen a la izquierda de la nueva conducción, que queda ubicada en la derecha. Pero si se tienen en cuenta las críticas que desde las organizaciones de izquierda hacen a todo el sindicalismo tradicional, la postal deja a la CGT cada vez más a la derecha del espectro político. Y quizás sólo “a la izquierda” del Gobierno.

Por lo pronto, más allá de algunos discursos duros, por lo bajo son varios los gremialistas que tienen línea directa con el Ministerio de Trabajo y exhiben una profunda vocación de negociar. Esto lo saben perfectamente los principales estrategas políticos de Mauricio Macri. Son los mismos que admiten que en los últimos meses hubo varios dirigentes que endurecieron sus posturas porque necesitaban posicionarse para el reparto de cargos en el nuevo consejo directivo. Pero por el momento nadie parece dispuesto a patear el tablero en las conversaciones con el Gobierno. En este punto, la Casa Rosada hizo su aporte a la convivencia: se mostró permeable frente algunos reclamos históricos, como el reconocimiento de la deuda del Estado con las obras sociales.

De todos modos, para definir el futuro de la relación también será clave el comportamiento de algunas variables como el empleo y la inflación. En este aspecto hay una preocupación real de los sindicatos por el impacto negativo que puede tener una apertura indiscriminada de las importaciones sobre los puestos de trabajo locales. Así, recetas ortodoxas como combatir la suba de precios dejando entrar productos extranjeros pueden ser foco de nuevos conflictos.

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