Un frente heterogéneo que terminó envuelto en sus diferencias

Un frente heterogéneo que terminó envuelto en sus diferencias

Los distintos sectores llegaron unidos en su rechazo al Gobierno, pero las fisuras asomaron al no definirse la fecha de un paro

Los movimientos sociales, relegados al segundo plano

 Fueron los más decepcionados por la falta de convocatoria al paro. Son los aliados más recientes de la CGT, pero quedaron relegados a un lugar menor. Barrios de Pie, la CTEP y la CCC siguieron el acto desde lejos del escenario. El único que los recordó, aunque tangencialmente, fue Héctor Daer, que, sin nombrarlos, pidió que se reglamente la ley de emergencia social. Sin embargo, fueron de los pocos "ajenos" con sillas en el escenario.

En medio de los dirigentes gremiales hubo lugar para el jefe del Movimiento Evita, Emilio Pérsico, y para el líder de la CTEP, Esteban Castro. Aportaron columnas no muy nutridas. ¿La explicación? Apuestan a la movilización del lunes a la Plaza de Mayo. Ese día, el papado de Francisco cumple cuatro años y ellos serán protagonistas.

 Tras los incidentes, los intendentes tomaron distancia

Ayer agradecían haber quedado convenientemente lejos de la acción. Los integrantes del grupo Esmeralda concentraron en 9 de Julio y Venezuela y no se movieron de ahí. "Quedó claro que el movimiento obrero tiene la misma crisis de conducción que el PJ, que el triunvirato no es representativo. No supieron administrar el conflicto", evaluó uno de ellos ante LA NACION. Estuvieron Martín Insaurralde (Lomas de Zamora), Gabriel Katopodis (San Martín), Juan Zavaleta (Hurlingham), Fernando Gray (Esteban Echeverría) y Juan de Jesús (Partido de la Costa). Aunque ayer despotricaban contra la CGT, fueron de los principales promotores de la marcha. Tras los incidentes, buscaron tomar distancia y mostrarse molestos con la tibieza de la CGT.

La CGT, entre el enfrentamiento y la apertura al diálogo

La marcha y su desenlace dejaron en evidencia que la CGT está atravesada por una interna feroz. La falta de coordinación en los discursos, sobre todo en la manera de referirse a la posibilidad de un paro, demostró que el triunvirato que conduce la central obrera se debate entre enfrentar abiertamente al gobierno de Mauricio Macri y preservar los canales de diálogo que existen con la Casa Rosada, en particular para resolver conflictos sectoriales derivados la situación económica.

Además, la CGT deberá revisar la estrategia de ampliar su red de alianzas con actores políticos que desplegó para sumar apoyo a la movilización. Ayer quedó claro que acumular apoyos y procedencias disímiles puede volverse muy en contra.

Sin esperar, la CTA se dispone a fijar fecha para el paro

Ayer quedó claro que, pese a la coincidencia discursiva previa respecto de la necesidad de convocar a un paro, el abismo que separa a la CGT de la CTA en sus dos vertientes está muy vigente. En la previa, de hecho, la CATT había planteado su rechazo a que se subieran al escenario dirigentes que no fueran de la CGT. No mencionó a la CTA. No hizo falta. Frente a la indefinición de la CGT, las dos CTA ya delinearon su hoja de ruta para este mes. En los próximos días le pondrán fecha al paro nacional. Quieren que sea la última semana de marzo y esperan sumar a la CGT. "El único que se beneficia con el quilombo de hoy es el Gobierno", razonaban ayer. Por lo bajo, admitían que el desenlace de la marcha los reposiciona como la facción "combativa" del movimiento obrero.

El kirchnerismo vio el desenlace como una reivindicación

Otros agradecidos del lugar que ocuparon ayer. "A la CGT la cosa se le fue de las manos. Tendrían que haber canalizado mejor la bronca. Abrieron una caja de Pandora y no se hicieron cargo de lo que había adentro", graficó ante LA NACION un dirigente porteño. Celebraron el tamaño de la convocatoria, pero, sobre todo, la decisión de Cristina Kirchner de no participar. Creen que el desenlace de ayer reivindica al kirchnerismo como el "verdadero intérprete de la voz de los trabajadores". También festejaban el hecho de que el "vamos a volver", un clásico de la liturgia cristinista, sonara casi tan fuerte y seguido como el "poné la fecha [al paro] la puta que te parió". Y minimizaban el hecho de que sectores del kirchnerismo fueran señalados como promotores de la violencia del final.

La izquierda ganó protagonismo en la violencia final

Los partidos de izquierda fueron los primeros en pedir el paro nacional. La adhesión a la marcha de ayer cristalizó la convergencia entre la izquierda y la CGT, un sello distintivo de la era Macri. Pero también demostró que esa cercanía es lábil y circunstancial. El Partido Obrero (PO), el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) y el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) aportaron columnas no muy masivas y se instalaron lejos del escenario. El panorama cambió una vez que terminó el acto. Trabajadores de la línea 60 de colectivos y docentes del Suteba combativo, alineados con el PTS y el PO, fueron protagonistas de las piñas del final. Ayer volvió a emerger la vieja divergencia entre los partidos de izquierda y sus brazos gremiales.

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