Hoy es el futuro

Hoy es el futuro

El 2019 no despierta expectativas para el grueso de la población que atraviesa severos problemas económicos. La simplificación discursiva del Gobierno, cifrada en el falso optimismo de la voluntad, no alcanza para modificar la realidad efectiva.

Por: Gustavo Ramírez.

El modelo económico solo rinde sus frutos en tanto y en cuanto beneficia a los socios del Ejecutivo y a sus propios integrantes, como clase social parasitaria que vive de la producción ajena, acumula capital y lo pone a trabajar en la timba financiera.

Los índices económicos dan cuenta que el futuro se avizora oscuro. Según el último informe de la Cámara  Argentina de la Mediana Empresa, en diciembre, las ventas minoristas registraron una baja del 9,9 % en comparación al mismo período del año 2017. El dato es más que significativo. La asfixia permanente al bolsillo del trabajador ha tenido impacto directo en el mercado interno. El parate se hace sentir en todos los rubros y la persistencia del Gobierno en sostener un modelo económico obsoleto hace prever que la crisis será cada vez más intensa y profunda.

¿Cómo reaccionará la estructura sindical en un año electoral y que promete un fuerte incremento de la conflictividad social? Varios dirigentes de peso en su respectivo sector ya lo anunciaron: No habrá tregua. Pero parte de la tensión política repercutirá en la formación interna de la CGT. La actual conducción, con Daer y Acuña a la cabeza, sobrevivió con sobresaltos el último tramo del año. Sin embargo, resulta difícil que puedan atravesar el 2019 sin llamar a Comité Central Confederal para modificar el esquema presente de conducción.

Luego del último paro nacional, con la salida del Triunvirato por parte de Juan Carlos Schmid, quedó evidenciado el desgaste y agotamiento de la actual coyuntura ejecutiva en la Central Obrera. Si bien Daer y Acuña persistieron en un discurso crítico contra el gobierno nacional, la imagen colectiva los despegó de la protesta general y no lograron encontrar amparo en acciones concretas. La sensación generalizada, que sirve como caballo de batalla para aquellos que no desean mirar con detenimiento la lucha sindical en el país, es que la conducción cegetista sacó los pies del plato y resultó pasiva ante la ofensiva neoliberal. Un análisis parcial pero que describe la sensación generalizada que circula en las bases molestas.

Por el momento no es posible avistar una articulación que obre como síntesis de las demandas colectivas que imperan en al  ámbito sindical. Los segmentos de unidad son significativos y dan cuenta que la CGT hace tiempo no opera desde la calle Azopardo. No obstante, la correlación de fuerzas internas no alcanzan para referenciar un liderazgo a largo plazo. En la actualidad no hay consenso en la unificación de criterios para re-estructurar a la CGT en un plano mucho más activo

Habrá que prestarle mucha atención al rol que tengan de ahora en más las organizaciones que representan a los trabajadores de la economía popular, ellas no están al margen de la discusión, tienen vos y peso propio y voluntad de participación. Factores que en su momento pueden ser concluyentes.

En las últimas horas del 2018 distintos dirigentes volvieron a agitar la bandera del liderazgo moyanista. Aun así esas declamaciones no son suficientes para aglutinar poder. La intempestiva salida, a principio del año viejo de Pablo Moyano del Consejo Directivo de la CGT, horadó la fuerza interna del sector que lideró durante años su padre, Hugo Moyano.  Si nos vamos aun más atrás en el tiempo se puede concluir que el Triunvirato fue el resultado del retroceso del moyanismo en la puja interna. Desde entonces le costó aunar energías, más allá de la suma de voluntades. La rauda salida de la Secretaría Gremial, por parte de Camioneros,  oxigenó a los sectores conservadores y dejó en una postura vulnerabilidad a los aliados.

El imaginario colectivo es terco,  entreverado en el sentido común. Quienes suelen, desde esa perspectiva, resaltar desde lo ideológico a las organizaciones emergentes, como la Corriente Federal de Trabajadores o al Frente Sindical Para el Modelo Nacional, caen en la trampa del elogio fácil. Aun con todas la fuerzas puestas en la lucha callejera, las iniciativas tomadas y la decisión de no ir hacia la ruptura definitiva -al menos en el caso de la CFT – no se ha logrado consolidar un bloque que se plante más allá de las construcciones propias y coyunturales. Si bien hay un surco abierto, por donde muchos consideran que es factible transitar, ello no ha sido ni es determinante para re-organizar la estructura de la CGT.

Es redundante afirmar que será un año por demás complejo para el sindicalismo. En dicho ámbito nada nunca es suficiente. Sobre todo porque una porción de militancia del campo nacional y popular, sobre todo aquellas que operan en redes sociales, ha hecho una permanente deconstrucción negativa del sindicalismo. Esa propagación de mala prensa inspiró al derrotismo ideológico que se propagó durante gran parte del 2018. No obstante es pertinente señalar que aun, con sus diversificadas dificultades, el sindicalismo ha sido el generador de la resistencia y lucha la modelo neoliberal que auspicia Mauricio Macri.

El sindicalismo está obligado a reformularse, no sólo por el espesor de la crisis y lo que ella generó, sino también por las transformaciones que ocurren en el mundo del trabajo. En ese sentido vale resaltar que a lo largo de su historia, el Movimiento Obrero Argentino, nunca perdió su sentido ontológico, por eso siempre disputó poder en Argentina, por ello su rol es determinante en la estructura social. Pero si el universo gremial necesita repensarse como ser social mucho más lo tiene que hacer el ámbito político que tiene que comprender que se necesitan más trabajadores en cargos ejecutivos.

Son nuevos tiempos donde las viejas categorías han quedado perimidas. Los trabajadores no pueden ser el emblema del discurso y luego quedar relegados a meros activos sociales. Eso es lo que en su esplendor le demandó Hugo Moyano al cristinismo y éste nunca comprendió.  Hoy es el futuro, mañana puede ser demasiado tarde una vez más.

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