La CGT y el Gobierno, un brindis con planteos

Por Nicolás Balinotti |

No alcanzó con la muestra pública de fe al kirchnerismo ni con el aluvión de críticas a Hugo Moyano. Tampoco lo consiguió anteanoche con el agasajo a seis funcionarios del Gobierno en un asado en el polideportivo de los peones de taxis. La CGT oficialista, hasta ahora, se resigna a conformarse con algunas buenas señales y la apertura de un canal de diálogo con la Casa Rosada.

Durante la cena en taxistas, los sindicalistas aprovecharon para deslizar tibios planteos sobre una posible suba del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias y sobre los fondos de las obras sociales sindicales retenidos por el Estado. No obtuvieron respuestas ni certezas de que se pueda aproximar una solución. Hay sólo especulaciones.

"El impuesto a las ganancias se va a mejorar en marzo, antes de las paritarias, porque si no la negociación salarial no tendrá razón de ser", barruntó un miembro del consejo directivo de la CGT.

Antonio Caló, líder de la central, optó por ahora por no hablar de una eventual reforma tributaria ni de los aumentos salariales de 2013. Llamó enérgicamente a "conservar y defender los puestos de trabajo". El mensaje del metalúrgico carga con la preocupación que reunió en una misma mesa a gremios, empresarios y funcionarios del Gobierno, el lunes pasado.

Dirigentes y funcionarios hablaron anteanoche sobre el intento de apurar una suerte de pacto social. Desde la CGT oficialista niegan la existencia de un principio de acuerdo. Pero no niegan que el propósito del encuentro del lunes fue realmente ése. Ese día, los gremios tomaron nota. "Muchachos, tenemos que trabajar juntos", les dijo el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Nadie lo confrontó. Ni gremialistas ni mucho menos los hombres de negocios. Tal vez el acuerdo tenga una victoria: congelar los precios de la canasta básica de alimentos.

Moreno no asistió al asado en taxistas. El jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, encabezó la nómina de funcionarios y se sentó a la mesa central, junto con el anfitrión, Omar Viviani, y Caló. Hubo un brindis por 2013. También estuvieron allí el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Julián Domínguez; la ministra de Industria, Débora Giorgi; la viceministra de Trabajo, Noemí Rial; el titular de la Anses, Diego Bossio, y el secretario administrativo del Senado, Juan Zabaleta.

La gran noche del sindicalismo oficialista tuvo a tres oradores: Viviani, Caló y Abal Medina, que transmitió los saludos de la Presidenta.

Viviani ratificó su alineamiento al kirchnerismo, mientras que Caló volvió a hacer en Moyano el blanco de sus críticas. "Entre los piquetes y los cortes de ruta, elegimos el diálogo. Se equivocó de rumbo y quiere hacer un partido político. Que devuelva ese edificio histórico de Azopardo 802, que es de los trabajadores", le apuntó al líder camionero.

La disputa por los fondos de las obras sociales sindicales ingresó en un tenso período de tregua con la Superintendencia de Servicios de la Salud (SSS). Es cierto que la CGT logró revertir la resolución que afectaba los beneficios de los pacientes con discapacidad. Pero también es cierto que el dinero del Fondo de Redistribución Social (FRS) sigue en manos del Estado bajo un discrecional mecanismo de distribución.

"No se pataleó mucho, pero lo que más preocupa son los fondos de las obras sociales. Algunos ya los dan por perdidos", dijo, casi derrotado, un dirigente gremial.

La CGT de Moyano y algunos gremios de la CTA también coinciden en el reclamo de los millones del FRS. Serían unos 15.000 millones de pesos..

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