El Gobierno pide racionalidad y no acepta aumentos salariales de 30%

El Gobierno pide racionalidad y no acepta aumentos salariales de 30%

Armando Cavalieri, eterno líder del Sindicato de Empleados de Comercio, golpeó el jueves pasado a las puertas del Ministerio de Trabajo con el borrador de su acuerdo salarial bajo el brazo. Su gremio, el mayoritario en cantidad de afiliados en todo el país -cuenta con 1.100.000 adherentes-, había alcanzado un trato con las cámaras empresarias del sector para definir un aumento salarial anual del 30%, a pagarse en dos tramos del 15 por ciento.

Puertas adentro, en el piso 18 del organismo, el ministro Carlos Tomada lo esperaba con una postura inflexible: el Gobierno no aceptará paritarias de 30%. "Hoy el escenario inflacionario no amerita ese nivel de aumentos", le dijo el ministro a Cavalieri, un dirigente sindical que se mueve a la sombra del poder desde 1988, cuando asumió la secretaría general de uno de los sindicatos más estratégicos.

Camaleónico, Cavalieri vino callando sus críticas al Gobierno hasta ayer. Herido, estalló de bronca tras el rechazo a la homologación de su acuerdo salarial. "Dicen que hay paritarias libres, pero eso no sucede. ¿Qué se tiene que meter el Gobierno si yo llegué a un trato con la cámara empresarial más grande del país? [Axel] Kicillof no convalida incrementos que superen el 24%", dijo el jefe mercantil a LA NACIÓN.

Si las paritarias oscilaran entre un 25% y un 29%, el Gobierno lo consideraría un éxito, teniendo en cuenta que la media de 2014 estuvo entre 30% y 32%. Estas cifras permitirán escenificar cierto control sobre la inflación, que el Ministerio de Economía proyecta en un 15% anual, según la ley de presupuesto.

Algo similar a lo que sucedió con el gremio de Cavalieri, un aliado del kirchnerismo, pasó con la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), que encabeza Antonio Caló, referente de la CGT oficialista. La UOM exigió un alza salarial de 32%, pero las seis cámaras industriales del sector no parecen dispuestas a ofrecer más de 24 por ciento. Pasado mañana habrá otro encuentro, aunque en el Gobierno ya cantan victoria: lograron que Caló congele el paro sectorial de 36 horas con el que había amenazado y evalúan dar luz verde a un acuerdo de 26,5%, más una serie de pagos no remunerativos que escenificarían casi un 30 por ciento.

"Ya sacamos varios conejos de la galera, pero creo que vamos a llegar a un acuerdo", dijo un funcionario que está al tanto de la negociación de los metalúrgicos. Parte del trato se habría cerrado de palabra entre el ministro de Economía, Axel Kicillof, Caló y el empresario Juan Carlos Lascurain, titular de la Asociación de Industriales Metalúrgicos (Adimra). De avanzar en ese sentido, la UOM podría fijar la pauta de referencia para otros sectores en medio de un escenario salarial incierto y turbulento.

Ayer, hubo señales de armonía entre la UOM y el Gobierno. Tomada participó de su último Día del Trabajador como ministro en un acto en Zárate junto con sindicalistas en un predio de los metalúrgicos. "Tenemos que defender las conquistas de estos 12 años", reclamó el funcionario, en referencia a las paritarias. A su lado, Abel Furlán, de la UOM, adhirió con muchos aplausos. Caló, que había prometido asistir, finalmente estuvo ausente. Tal vez fue un mensaje.

Más allá de estos gestos, en el oficialismo manejan un plan alternativo, en caso de que Caló no pudiera domesticar a su consejo directivo, que insiste en un aumento de 30 por ciento. La opción que Tomada acercó a la Casa Rosada sería apurar la paritaria de los albañiles de la Uocra, que estarían dispuestos a aceptar una suba por debajo de 30%. Gerardo Martínez, jefe de la Uocra y nuevo admirador de Daniel Scioli, tiene sus argumentos para acordar: la industria de la construcción está en caída, según las últimas cifras oficiales.

Todavía sin un porcentaje de referencia, el Estado nacional, en su rol de empleador, dio apenas una señal de hasta cuánto está dispuesto a ceder: cerró en marzo en 27% la negociación con los docentes, que acordaron, además, duplicar el fondo de incentivo. De todos modos, el sector privado siempre se caracterizó por acordar algunos puntos por encima de los maestros.

La incertidumbre salarial es irrefutable con un simple vistazo al mapa de las paritarias: la mayoría de los sindicatos que debían cerrar sus acuerdos en el primer cuatrimestre los aplazaron con pagos a cuenta. Sucedió así con los cuatro gremios ferroviarios, con los colectiveros de la UTA, quienes están condicionados por los subsidios, y con los bancarios, que durante la semana activarán un plan de lucha al no conseguir una suba de 33% y una compensación por la quitas del impuesto a las ganancias.

Con las negociaciones salariales atadas a lo que pueda suceder en un futuro con Ganancias, no surge aún un aumento salarial que sirva de referencia de lo que el Gobierno estaría dispuesto a homologar. Lo que pasó recientemente con Cavalieri y la indefinición con la paritaria de la UOM son asuntos que comenzaron a preocupar cada vez más en la cima del poder. El calendario ya está en mayo, y los grandes gremios continúan enfrascados en negociaciones tensas, la conflictividad asoma como una nube amenazante y la inflación parece no estar controlada, pese a los pronósticos presupuestarios de Kicillof.

ACTO POR EL DÍA DE LOS TRABAJADORES 

El Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) conmemoró ayer el Día de los Trabajadores con un acto en la Plaza de Mayo, donde se planteó el rechazo a los "techos salariales", a toda forma de precarización laboral y se llamó a "dar batalla" en el terreno electoral."Hay que acabar con cualquier impuesto al salario y es momento de un paro nacional", empujó Jorge Altamira, líder del Partido Obrero, al resto del sindicalismo opositor En tanto, Myriam Bregman, del PTS, advirtió que los candidatos presidenciales "[Mauricio] Macri, [Daniel] Scioli y [Sergio] Massa quieren un ajuste".

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