Los graduados sólo cubren el 40% de la demanda laboral

Los graduados sólo cubren el 40% de la demanda laboral

Tema del domingo El Estado les paga para que se reciban. Perciben los mejores salarios del mercado y pueden decidir dónde trabajar. Sin embargo, la vocación tecnológica sigue siendo baja para las necesidades del país.

Basta googlear “ingeniero se busca” para tener dimensión de la necesidad. Hay pocos. Mejor dicho, hay pocos y se los necesita mucho. En cualquiera de sus especialidades. Se los requiere cuando una calle se inunda, cuando se excava la tierra para construir un edificio, para extraer petróleo o para mejorar la productividad de una empresa. Tienen empleo asegurado. Y salarios de “elite ”. Pero en la Argentina son bienes escasos.

En países desarrollados, se recibe un ingeniero cada 2.500 habitantes. En el país, uno cada 8 mil. Aunque el proyecto del Gobierno es reducir esa proporción a la mitad, la matrícula sigue siendo muy baja en relación con la demanda.

Según una investigación de 2010 de Alieto Guadagni, titular del Centro de Estudios de la Educación Argentina (CEA) mientras Chile gradúa 2.000 ingenieros cada 1.000 abogados, en Argentina la proporción es 300 ingenieros cada 1.000 abogados.

Una particularidad: ese año sólo se graduaron 24 ingenieros en Petróleo y 8 Ambientales.

Sin embargo, la demanda no cede. Un relevamiento de Sel Consultores de junio último indica que entre las búsquedas laborales de 150 empresas líderes, la Ingeniería estuvo al tope de las preferencias(86%), luego Ciencias Económicas (50%) y por último ciencias humanísticas (18%). “Las empresas están en búsqueda constante de ´talentos’, hacen eventos en universidades, en colegios profesionales, pero el ingeniero es un perfil exigente”, afirma María Laura Calí, titular de Sel Consultores. Calí especifica tres condiciones de las empresas a los ingenieros para hacer atractiva su oferta: un plan de carrera.

una masa salarial diferenciada, con el 25% por encima del promedio de la compañía.

formación, capacitación y rotación internacional.

La carrera tiene 21 terminales de ingenierías (industrial, sistemas, civil, alimentos, etc.) que, por su competencia técnica, los habilita para participar en el proceso productivo de cualquier industria. Pero no son fáciles de encontrar. “Hay que hacer un mapeo constante.

Siempre hay una sensación de menor oferta. Es un profesional que elige la posición que va a ocupar. Entonces puede optar por una empresa joven, con un perfil innovador, donde perciba que puede aprender y desarrollarse más que en una multinacional”, afirma Juan Manuel Cueto, director asociado de Wall Chase Partners, especializado en búsquedas corporativas. Según estima Cueto, un cargo de ingeniero puede oscilar entre 22.000 y 25.000 pesos de salario mensual bruto y entre 40.000 y 50.000 para un mando medio, que supone trabajo en equipo y mayor dedicación horaria. “Varía según la industria. Petróleo y Gas están muy por encima del resto”, dice.

La paradoja es que con la seguridad del pleno empleo y un desarrollo profesional dado por cierto, que prescinde de las turbulencias económicas del país, las carreras tecnológicas cubren menos del 10% de la matrícula universitaria mientras que en China alcanza al 75%, según observa el ingeniero Julio Ortiz, titular de la Comisión de Enseñanza del Centro Argentino de Ingenieros (CAI).

Para Ortiz, como luego coincidirán sus colegas Sosa y Dalmati, el origen de la contradicción entre la necesidad y la carencia de graduados, es el deterioro educativo de la primaria y el secundario. “Matemática, Física y Química son vistos como ´monstruos’ en el aula. Eso es una horrible presentación y quita el interés. Es difícil que nazca una vocación a partir del miedo. Hay que cambiar la manera de enseñar”. (Ver “El desafío de...”) En el desarrollo de la carrera de Ingeniería, aun cuando se superan los cursos pre-universitarios niveladores, el primer año recoge una alta tasa de deserción; en el segundo baja un poco y recién en tercer o cuarto año el alumno está “estabilizado en la carrera”. “La aplicación de lo que estudian aparece en cuarto y en quinto y ya puede ser muy tarde. Eso se está corrigiendo con materias introductorias a la Ingeniería en primeros años, con muy buen resultado”, apunta Ortiz, que en medio siglo de profesión jamás conoció a un ingeniero desocupado.

A mitad de carrera, las búsquedas laborales de estudiantes de Ingeniería son más intensivas. Esta instancia genera experiencia de trabajo, pero puede ser un obstáculo para la graduación. El promedio de conclusión alcanza casi diez años.

El ingeniero Rodolfo Dalmati, director del Departamento de Hidráulica de Ingeniería de la UBA calcula que, según estudios internos de la profesión, la proporción entre los ingenieros que se gradúan apenas cubre el 40% de la demanda del mercado. La carrera, que obliga a una real vocación, o se hace infinita o es una sangría constante. Dalmati detalla: “De 5.000 alumnos que se inscriben en el CBC para Ingeniería (UBA), sólo 1.200 ingresa a la carrera. Y a partir de allí, materias como ‘Algebra’ se convierten en un factor expulsivo, dado que en la escuela media se redujeron al mínimo los contenidos de Física, Química y Matemática con la reforma educativa de los ‘90. Hay que aferrar al alumno en esa primera etapa y trabajar para que se adapte”, dice.

Por esta razón el ingeniero Miguel Angel Sosa, decano de la UTN regional Delta cree que hay que aumentar la tasa de graduación, que hoy es apenas de 2 egresados cada 10 estudiantes. “Hoy hay 40 mil estudiantes de Ingeniería que aprobaron 26 materias y no se gradúan porque ya están incorporados en el mundo productivos”. Sosa valora el estímulo que implementó el Gobierno para premiar con 25 mil pesos a los estudiantes que se gradúen este año. “De 3 mil que se anotaron, ya se recibieron mil”, informa. Una buena opción para estimular la conclusión de los estudios. Aunque cómo seducir a los estudiantescon una vocación tecnológica sigue siendo la clave del problema.

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