El gremio, un trampolín a la política

El gremio, un trampolín a la política
La historia del sindicato de peajes, que lidera Facundo Moyano, revela una forma particular de transitar los caminos del poder

Por Nicolás Balinotti y Paz Rodriguez Niell |

Reunidos en círculo, como si fuera una asamblea gremial, los empleados del peaje de Ituzaingó escuchaban los argumentos por los que había que votar a Cristina. Se aproximaban las elecciones presidenciales de octubre de 2011 y Federico Sánchez, uno de los jerárquicos del sindicato que lidera Facundo Moyano, enumeraba los principales logros de la gestión kirchnerista.

Casi un año después, Sánchez volvió de visita al peaje de Ituzaingó, aunque esta vez para pedirles a sus compañeros el apoyo para una movilización en reclamo de mejoras salariales e impositivas, y para oponerse a la reforma de la ley de accidentes de trabajo (ART). El Sindicato Único de Trabajadores de Peajes (Sutpa) sirve como botón de muestra de la convivencia más estrecha entre la política y la militancia gremial.

El Sutpa nació hace seis años con el respaldo del jefe de un sector de la CGT, Hugo Moyano. El camionero fue el que impulsó a su hijo Facundo, por entonces un joven estudiante de derecho que peregrinaba sin mucho éxito por la Universidad Nacional de Mar del Plata. La primera intención de los Moyano fue tener el control de los accesos a la Capital Federal. Y lo consiguieron. En las cuatro entradas al corazón porteño cuentan hoy con unos 3500 trabajadores que responden como tropa propia.

En menos de un año y con escasas horas sentado en la cabina del peaje, Facundo Moyano fue lo suficiente astuto para desarticular o debilitar a los otros gremios con influencia en la actividad. A partir del poder de su apellido, construyó su propio sindicato y reactivó, hace poco más de dos años, la Juventud Sindical, una agrupación de corte netamente político.

Con su hijo recién llegado de Mar del Plata, Hugo Moyano le pidió una ayuda a Antonio "Cacho" López, un viejo dirigente que lidera la Unión Empleados de la Construcción y Afines (Uecara). La Uecara, por entonces, competía solamente con el gremio de comercio y el de la construcción por el encuadramiento gremial de los trabajadores de peaje. Hace unos años, le surgió otro retador.

"Cacho" López ubicó a Facundo en la empresa Coviares, que administraba un tramo de la autopista Buenos Aires-La Plata. Al poco tiempo, en las oficinas de la Uecara se comenzaron a apilar pedidos de desafiliación. Así, a partir de "una traición", como lo califica "Cacho", despunta el origen del Sutpa, cuya personería gremial todavía no fue otorgada por el Ministerio de Trabajo.

"Sin soluciones políticas, no hay soluciones gremiales. El avance a la política es inevitable", dice Facundo Moyano a la nacion. Él ocupa una banca como diputado nacional y cuatro dirigentes del gremio de peajes son concejales por distintos distritos bonaerenses. Todos fueron elegidos bajo el sello del Frente para la Victoria. La cabina del peaje fue siempre la ventana para hacer campaña proselitista: pegaron allí afiches con sus candidaturas y propuestas, como para no pasar inadvertidos ante el ojo de los miles de automovilistas que pasan a diario.

"La actividad gremial es para ellos un medio para ser diputado o funcionario. No digo que esté mal, pero no lo compartimos", se diferencia Gabriel Jaime, delegado gremial de AUSA y afiliado al sindicato de comercio.

El trayecto de la militancia gremial a la arena política no es desvelo únicamente del Sutpa. Los metrodelegados o las bases más combativas del gremio de la Alimentación, que en su mayoría provienen de la izquierda, se plantean como nunca disputarle espacios al peronismo dentro del movimiento obrero. También, lógico, aspiran a ocupar cargos políticos.

Un enemigo de los Moyano les reconoce un logro en los peajes. "Es un gremio politizado, eso es cierto, pero los pibes que están son pensantes y tienen estudios secundarios y algunas van a la universidad", dice.

Es activa e intensa la militancia gremial y política del sindicato de peajes. En una semana, hubo dos grandes movilizaciones: a la CGT, por el Día de la Lealtad peronista, y al Congreso de la Nación, para expresar su descontento por las modificaciones en la legislación por las ART.

Guillermo Silva y Daniel Dasic trabajan en la Autopista del Oeste. Tienen 27 años. El 24 de octubre abandonaron la cabina y se dirigieron al Congreso para marchar en contra de la nueva ley. Ellos fueron dos personas en una multitudinaria protesta que contó con la adhesión de otros gremios de la CGT, de la CTA disidente y de diferentes agrupaciones de la izquierda.

Carmelo, un empleado de la Riccheri, encabezaba aquella vez la columna de los trabajadores de peaje. Empuñaba una bandera de la Juventud Sindical y cantaba eufórico, quizás animado por una botella de cerveza que pasaba de mano en mano. A su lado, bajo el sol, se batían bombos y redoblantes. Los jóvenes suelen aportar ingenio a las manifestaciones. En este caso, la marcha se animaba mediante cantitos que surgían de cambiarle la letra y mantener el ritmo de canciones de moda.

En las manifestaciones hay de todo: desde afiliados con ansias de progreso y comprometidos con el reclamo de ocasión, hasta barrabravas o personas que son arrastradas por el temor a un apriete o a ser acusados por ausentismo. Pero en las dos últimas movilizaciones de los peajes, hubo una mayoría de jóvenes que cantaron por Perón y que se animaron a intercambiar opiniones políticas, con argumentos sólidos, que se podían compartir o no.

"Antes éramos un McDonald's: con el nombre acá [se señala el pecho] y sentado en la cabina, con un descanso de 20 minutos en ocho horas. Hoy hay descanso de una hora y media, y el que menos cobra recibe un sueldo de 7000 pesos", dice Federico Sánchez, secretario del interior del Sutpa y número dos en el escalafón jerárquico de la Juventud Sindical.

La fractura de la CGT paralizó la agenda de cursos y actividades que había previsto la Juventud Sindical a principio del año. Fue un golpe. A pesar de contar con diez sedes, los talleres de formación se hicieron cada vez más espaciados, aunque se intentó mantener el calendario de los debates, competencias deportivas y charlas políticas. El historiador Norberto Galasso es una suerte de padrino de estos talleres. Galasso suele cultivar de argumentos a los jóvenes para plantar bandera sobre determinados temas, como pueden ser la estatización de YPF o la ley de medios.

A partir del 12 de diciembre, la juventud moyanista tendrá su oposición: nacerá la Juventud Sindical de la otra CGT, la que encabeza el metalúrgico Antonio Caló. En pleno armado, ya hay 35 sindicatos que se adhirieron a este nuevo espacio.

"Esta juventud tendrá como premisa básica construir la unidad del movimiento obrero sin descansar en personalismos", afirma Hernán Escudero, referente del gremio de los docentes privados.

Las chicanas ya cruzan de una esquina a la otra. Es una ida y venida permanente, como un típico debate político. "Me gustaría saber el contenido de las discusiones que van a tener. ¿Van a defender la ley de ART que impulsó la UIA [Unión Industrial Argentina]?", azuza un moyanista. Del otro lado, responden: "La de ellos es la juventud de camioneros y peajes. Nada más. Todos los gremios están acá. Somos mayoría, eso es indiscutible"..

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