Los gremios: el resurgir del poder de Moyano

Las centrales serán convocadas por Macri

El triunfo de Mauricio Macri reposicionó inesperadamente a Hugo Moyano en el ajedrez del poder. El jefe de los camioneros y de la CGT opositora intuye que a partir de ahora recuperaría privilegios e influencia. Tanto o más que lo que le concedió Néstor Kirchner, en 2003.

Con Macri presidente, su poder volvería a florecer. Ya paralizó las gestiones por la reunificación de la CGT y evalúa quedarse en el sillón de mando por un período más. Antes del ballottage, Moyano negoció con Pro eventuales cargos en la futura administración nacional. Como con Kirchner, anhela ubicar a dirigentes propios en áreas clave del Estado y de la justicia laboral. Se entusiasma con recuperar poder e influencia en los ministerios de Trabajo, de Transporte y en el de Desarrollo Social. También aspira a plantar tropa propia en la Superintendencia de Servicios de la Salud, el organismo que distribuye los fondos de las obras sociales.

A cambio, además de garantizar paz social y gobernabilidad, el pacto entre Macri y Moyano podría tener un correlato en el Congreso, donde el camionero cuenta con un puñado de legisladores propios que podría ser clave en la nueva configuración de las dos cámaras. Las negociaciones entre ambos se retomarían esta semana.

Estos posibles beneficios reforzarían el vínculo que ya existe: acuerdos por la recolección de la basura en el distrito porteño, los millonarios plazos fijos que atesora el gremio de los camioneros en el Banco Ciudad y el auspicio del mismo banco al club Independiente, que preside el sindicalista.

Fueron muy pocos los sindicalistas que apostaron por Macri. Públicamente, sólo lo hicieron el ruralista Gerónimo Venegas y el gastronómico Dante Camaño. Y Moyano, aunque de manera tácita. Ellos tres, más Luis Barrionuevo, partirán con ventaja con el campanazo de largada del gobierno macrista.

El jefe de la CGT oficialista, Antonio Caló, jugó como la mayoría de la tropa sindical peronista y apostó por Daniel Scioli. Pero sucedió algo muy común en su micromundo: hubo dirigentes que se reposicionaron a tiempo en donde sospechaban que se concentraría el poder. Así fue como entre la elección general y el ballottage varios gremialistas alineados con la Casa Rosada exploraron un acuerdo con Macri. Además de ser camaleónicos, los sindicalistas tienen otra virtud: suelen destacarse por intuir los inicios de una crisis. La negociación para reunificar a la CGT se aceleró porque hay preocupaciones comunes: proyectan un escenario de ajustes, devaluación, suba de tarifas y caída del empleo.

El equipo de Macri ya advirtió que convocará a gremialistas y empresarios a una suerte de pacto económico y social. "Sería muy útil tener un acuerdo para tener paz social por un tiempo determinado", planteó el subsecretario de Trabajo porteño, Ezequiel Sabor, uno de los nexos de Pro con los sindicatos. Pero en el macrismo no temen tanto a los reclamos sindicales como sí a las protestas de sectores más radicalizados y anárquicos, como los piqueteros o los cooperativistas. La victoria de Macri hasta podría empujar a la izquierda a una decisión histórica: actuar en tándem.

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