Guerra de nervios entre Gobierno y CGT

No hay consolidado todavía en la Argentina ningún tiempo político nuevo. No podría haberlo con apenas diez meses de macrismo en el poder. Pero existen, sin embargo, ciertas variaciones en el clima imperante que empezarían a llamar la atención.

 Nunca fue habitual –sobre todo en gobiernos de identidad no peronista– que frente a la posibilidad de una huelga nacional los estados de ánimo estuvieran como ahora invertidos. Raúl Alfonsín, en especial, y Fernando de la Rúa, padecieron cada presión de la CGT. Fueron 13 contra el caudillo radical. Cristina Fernández también tuvo lo suyo con Hugo Moyano: pero la ex presidenta contó siempre con el paraguas de un sector sindical y la protección del kirchnerismo impenetrable.

Hoy el gobierno macrista se reúne con el triunviro de la CGT que componen Héctor Daer, Juan Carlos Schmid y Carlos Acuña. Del encuentro, según sea la oferta final del oficialismo, podría surgir la decisión del primer paro contra Mauricio Macri. Pues bien, no se advierte demasiado pestañeo en el poder. La interna sindical, en cambio, asoma al borde de un hervor. Protagonismos cambiados.

Jorge Triaca, el ministro de Trabajo, ratificó la idea general de la propuesta. La exención del impuesto a las Ganancias para el medio aguinaldo de diciembre y un bono extraordinario para los sectores más pobres. Sin cerrar la puerta a una factible discusión por ese extra en el sector privado. Acorde a las chances de cada rubro productivo.

El Gobierno redondeó ese formato después de revisar sus flacos números fiscales y realizar una consulta con los gobernadores. Rogelio Frigerio, el ministro del Interior, tomó nota. Casi ninguno adhirió a la pretensión cegetista del bono ampliado. La mayoría de las provincias están desfinanciadas. El caso más emblemático lo constituye Santa Cruz, gobernada por Alicia Kirchner. Su déficit fiscal supera los $ 2 mil millones. El previsional escala a los $ 2.500 millones. El socialista Miguel Lifschitz, de Santa Fe, también alertó que su provincia no estaría en condiciones de afrontar aquella erogación hipotética.

La certeza del Gobierno tendría además algunos argumentos políticos. ¿Tan terrible sería, al final, un día de paro? ¿Se podría fortalecer por eso la CGT? ¿Se debilitaría el Presidente? ¿Qué haría el día después? ¿Una huelga por tiempo indeterminado? Tales interrogantes brotan cuando los funcionarios macristas repasan sus informes. Aun cuando parten de la base de que el ajuste castiga mucho a las franjas inferiores de la pirámide social, encuentran en sus sondeos tendencias alentadoras: el 61% de los consultados sostiene que un paro no aportaría una solución. Esa percepción global podría encajar con otro trabajo, del Centro de Análisis e Investigación UAI-Axonier, sobre la imagen de los dirigentes sindicales. Se trata de mil casos realizados en todo el país a fines de septiembre. El dirigente sindical con imagen más ponderada es Pablo Micheli, de la CTA. Pero con sólo un 18%. Por debajo están Moyano, Luis Barrionuevo, Antonio Caló y el docente Hugo Yasky. La imagen negativa más alta se la llevaría el líder de los camioneros.

Es cierto que Moyano, Barrionuevo y Caló ya no están en el triunviro cegetista. Pero continúan siendo hombres extremadamente influyentes. Daer, Schimdt y Acuña los miran sin remedio. Micheli y Yasky representan aún la vanguardia ceteísta que en diez meses de macrismo ya articuló cinco medidas de protesta.

Ese panorama objetivo también condiciona a la CGT. Tal condicionamiento desataría muchas tensiones internas. Al triunviro le sucederían tres cosas. Cargan con la sombra de sus antecesores. Son acechados incluso internamente. Pablo Moyano, el hijo duro de Hugo, advirtió que podría abandonar la CGT si la conducción “no tiene huevos” para decretar el paro contra Macri. El joven figura como secretario gremial. ¿Habla en nombre de su padre? ¿O, como tantas veces, actúa según fluya su cadena? No hay una estricta dependencia en los Moyano. Facundo está en el Frente Renovador y cerca de la conducción de la CGT. Sergio Massa, su jefe político, aconseja no ir al paro. El camionero, el gastronómico y el metalúrgico navegan entre la necesidad de acoplarse al reclamo y el reconocimiento que le deben al Presidente por una resolución: el fin del conflicto por la deuda con las obras sociales sindicales. Fueron $ 2.700 millones al contado y otra parva en bonos. El otro desafío para los cegetistas proviene de la CTA. La organización gremial de los estatales empuja la huelga. Ya hizo la suya, con resultados módicos, y se acostumbra a ocupar la calle junto a los movimientos sociales, varios de los cuales estuvieron apareados al kirchnerismo hasta diciembre.

La CGT enfrenta otro par de encrucijadas. El peronismo ha quedado, al menos hasta ahora, lejos de ellos. En algún momento conjeturaron que una medida de fuerza podía ayudar a aglutinar a un partido que no regresó de la fragmentación luego de la derrota de diciembre. Ni un solo mandatario pejotista manifestó solidaridad con la hipotética medida de fuerza. Cristina Fernández ha sido quien más la alentó de modo indirecto. Saben que, de concretarse, contarían con el aval de Daniel Scioli. Todo eso restaría a sus planes de convertirse en un eje político abarcador.

El otro problema reside en la relación con la Iglesia. El macrismo ha trabajado en ese terreno más de lo que se conoce. Alfonso Prat-Gay, el ministro de Hacienda, estuvo reunido en dos ocasiones con el arzobispo Víctor Fernández. Es el rector de la UCA. Uno de los teólogos de mayor cercanía a Jorge Bergoglio, el Papa. Las citas se realizaron poco antes de que el Gobierno difundiera los índices de pobreza, cuyo 32,2% coincidió con las mediciones que venía haciendo el Observatorio de la Deuda Social de la UCA. No fue el único diálogo. Triaca estuvo con el obispo de Chascomús, Carlos Malfa, secretario general de la Conferencia Episcopal. El ministro acostumbra a desarrollar, además parte, una agenda informal que periódicamente incluye a los titulares del Episcopado, José María Arancedo y de la Pastoral Social, monseñor Jorge Lozano. Arancedo ha repetido a los sindicalistas la conveniencia de actuar con prudencia.

El ministro de Trabajo repetirá al triunviro cegetista algo que ya se conoce. La puesta en marcha de la Mesa de Encuentro para la Producción y el Trabajo, que promueve el ministro Francisco Cabrera. Un espacio de diálogo junto a los empresarios al cual no podrían renunciar. ¿Estarían en condiciones frente a esa realidad de despacharse con un paro?

Idéntico interrogante envuelve otro episodio cumbre que tendrá como un actor al Presidente. Su nueva visita al Vaticano para entrevistarse el sábado con Francisco. Daer, Schimd y Acuña ya tendrían una estrategia urdida para el peor de los casos, la de una ruptura con el Gobierno por el llamado a un paro general. Dirían que deberán tomarse tiempo para evaluar la propuesta macrista. Por lo menos, hasta que se extinga el próximo fin de semana. Macri no podría viajar a Roma con la etiqueta de víctima estampada por los conductores cegetistas. Suponen que a Su Santidad tampoco le caería muy bien.

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