Inquietud de los gremios oficialistas por el futuro económico

La CGT de Caló se reunió con varios funcionarios del Gobierno para alertar por la inflación y una baja del empleo
Una cosa es que lo digan los empresarios, que defienden su bolsillo más allá de la política y la ideología. Pero muy distinto es que lo afirmen los sindicatos más afines al kirchnerismo . Durante la ausencia de la Presidenta, la cúpula de la CGT oficialista, que lidera Antonio Caló, expuso ante varios funcionarios del Gobierno sus inquietudes más inmediatas : una inflación que "como mínimo es del 25%"; la parálisis en la creación de puestos de trabajo, y la pérdida de la competitividad en algunos sectores.

La preocupación de los gremios difiere según el rubro de cada uno de los referentes. Los que más están sintiendo los coletazos son los industriales, que ya advirtieron una baja en la producción y perciben que las proyecciones no son muy alentadoras. También acusaron el impacto los gremios de servicios, quizá los que más de inmediato se tropiezan con la incesante alza de precios.

"El mayor desafío será mantener los puestos de trabajo, no cuánto aumento podemos conseguir. La paritaria del año que viene será la más dura desde 2004", confesó a LA NACION un dirigente gremial de peso y buena llegada a la Casa Rosada.

A principios de año, Caló había reconocido públicamente que "la economía estaba estancada" y que se "venían tiempos difíciles". A mitad de 2013, su discurso no giró: "Fue fácil manejar la CGT en épocas de abundancia. Ahora hay que poner el pecho. Asumí la responsabilidad para defender los puestos de trabajo de esta década ganada". Ahora, tras la elección legislativa, su visión continúa siendo idéntica. Por eso, en la última reunión del consejo directivo se debatió sobre qué perfil adoptará la central si es que el contexto económico empeora. Y se tomó casi en unanimidad una decisión: seguirán alineados al kirchnerismo y algunos dilatarán el pedido del bono de fin de año hasta la víspera navideña para no azuzar la escalada inflacionaria.

La mirada más escéptica surge de los sindicatos industriales. "Lo que acá cuesta dos pesos se lo consigue afuera por la mitad", ejemplificó un dirigente sobre la baja de la competitividad. Otro colega advirtió sobre la inflación: "A un tornero le pagan 25 pesos la hora y no sabe si le alcanza para comprar un kilo de zapallitos".

En algunas fábricas, como la sede de Peugeot en Tres de Febrero, hubo suspensiones y adelanto de vacaciones. Peugeot es la única automotriz donde tiene injerencia gremial la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), que dirige Caló. En la construcción también hay incertidumbre. En la Uocra, liderada por Gerardo Martínez, se habla de "altibajos" en el sector. El caso más preocupante quizá sea el reciente anuncio de la minera canadiense Barrick de suspender temporalmente las obras en San Juan. Corren riesgo allí unos 2500 trabajadores que están afiliados al sindicato, aunque Martínez se ilusiona con el megaplán de obras públicas que la Casa Rosada lanzaría en 2014.

En la industria textil admiten que hubo un freno en el crecimiento. "Hay un amesetamiento, como en todo. Si lo comparamos con dos años atrás, no está todo igual. En algún lado ya no hay más horas extras, pero no es para alarmarse", dijo a LA NACION Jorge Lobais, de la Unión Obrera Textil.

La situación de los gremios estatales es menos asfixiante. Sin depender estrictamente de la producción, la batalla es casi exclusiva por el poder adquisitivo del salario y la estabilidad e informalidad laboral.

La preocupación sobre el trabajo no registrado está más que latente. Debido a la ausencia de la Presidenta, se postergaron anuncios que involucran al Estado, gremios y empresarios. Hoy, el 34,5% de los asalariados no está registrado, según los últimos índices que divulgó el Indec. Así, serían más de 4.300.000 personas sin aportes jubilatorios ni obra social.

"Un 34% es una enormidad. No nos satisface, aunque sabemos que se hizo mucho", reconoció la semana pasada el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, en el cierre de un seminario sobre economía informal. Desde el oficialismo, otra fuente admitió que será muy difícil perforar el actual piso de trabajo en negro en un mercado laboral privado completamente estancado y que no muestra perspectivas claras de reactivarse en el corto plazo. La misma visión tiene buena parte de la cúpula de la CGT oficialista.

Preocupado por la incertidumbre económica, Caló intensificó sus encuentros con el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, y con Tomada. Las charlas con ellos se desvían casi siempre a otro tema de máxima alerta: la eventual reforma del modelo sindical y la advertencia de la Corte para que en los gremios haya más transparencia y democracia..

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