El no de Lavagna, la vuelta de Barrionuevo y la nueva CGT multiuso

El no de Lavagna, la vuelta de Barrionuevo y la nueva CGT multiuso

Miguel Peirano sabía el lunes por la noche lo que el exintendente de General Villegas, Gilberto Alegre, reconoció ayer por radio: que Sergio Massa llegó al punto de aceptar la candidatura a gobernador bonaerense por el PRO con la que lo tentó como premio consuelo desde la mesa chica macrista Nicolás Caputo, el contratista “hermano del alma” de Mauricio. 

 Por eso fue tan dura su intervención en el hotel La Tour en Brique, en Bella Vista, de la cual no hubo ya vuelta atrás. El miércoles por la tarde, cuando Massa dio su breve y ensayado discurso ratificando su postulación presidencial, el último ministro de Economía de Néstor Kirchner ya estaba fuera del espacio. No importaba que el PRO hubiera retirado finalmente también esa oferta: Peirano proclamó allí su desacuerdo con las negociaciones que ambas partes negaron durante semanas pero que siguen vivas, y que ahora apuntan a encontrar el cauce para que Massa le aporte a Macri los votos que le hacen falta para derrotar a Daniel Scioli, bajando su nombre de la lista de contendientes antes o después de las PASO del 9 de agosto.

Roberto Lavagna prefirió esperar para dar el portazo, cauteloso, pero su ausencia sin aviso en la cena de Bella Vista fue un anticipo de lo que al día siguiente comunicó a la Torre de las Naciones: si el 9 de agosto hay una boleta con el nombre de Massa en los cuartos oscuros de todo el país, su nombre no figurará abajo. Ni como candidato a vice ni a ningún otro cargo. Así, tras la extenuante sangría de intendentes que se precipitó tras su caída en las encuestas, el exjefe de Gabinete cristinista vio cómo se le escurrían esta semana entre los dedos los dos economistas que más prestigio le aportaban a su staff.

Fugados los jefes comunales y cerrado el grifo de los empresarios que supieron financiar sus aspiraciones presidenciales durante dos años, Massa se recostó sobre la tercera y última pata que le queda al armado renovador: los gremialistas. El petrolero Alberto Roberti y el gastronómico Luis Barrionuevo son quienes lo alientan por estas horas a sostener su postulación para retener parte del capital político acumulado con su victoria bonaerense de 2013. Sus respectivas esposas, Mónica López y Graciela Camaño, están llamadas a ocupar lugares clave en el massismo residual. Lo dijo varias veces el incombustible funebrero en el raíd de entrevistas que ofreció durante el paro nacional del martes, más como una expresión de deseos que como un diagnóstico: “Sergio no se baja ni loco”.

Barrionuevo no tiene las espaldas de mecenas extraviados como Jorge Brito o los hermanos Bulgheroni, pero tampoco les va muy en zaga. El gremialista que le robó a la Ucedé para el PJ a un veintiañero Massa un sábado de febrero de 1994 en su mansión de Punta Mogotes controla un tercio del sistema de salud privada de la Argentina y una fortuna oculta nada desdeñable. También puede aportar con los militantes de su gremio la logística necesaria para que las boletas lleguen a las casas de los votantes, una factor que promete ser clave para unos comicios en los que el cuarto oscuro ofrecerá una menú amplísimo, capaz de despistar al más informado.

Ginebrinos

José De Mendiguren, hábil como casi ningún otro empresario para influir sobre el poder de turno desde que empezó a militar por el fin de la convertibilidad con el ocaso del menemismo, hizo la gran Casildo Herreras. Una oportunísima cumbre de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) mantuvo al diputado en Ginebra durante la semana más fatídica para el Frente Renovador. Para el Vasco, emprendedor del mismo rubro textil cuyo sindicato dirigía el extinto líder de la CGT que se “borró” apenas iniciada la dictadura, el massismo también es ya casi un recuerdo borroso.

Pero De Mendiguren, que anhela volver a presidir la UIA, no perdió el tiempo en lamentos. En Ginebra se reunió con el titular de la OIT, Guy Ryder, quien le confirmó que será el orador estrella de la Conferencia Industrial a fin de año, luego de una celebración del Día de la Industria el 2 de septiembre a la que ya prometieron asistir los presidenciables con mayores chances. También cenó con Gerardo Martínez, de la CGT oficialista, con quien pactó proponerle al próximo gobierno un esquema permanente de diálogo social que no solo incluya las paritarias sino también otros aspectos, como ambos pretendían lograr durante el segundo mandato de Cristina Kirchner.

Cuchara Martínez se explayó allí sobre las tratativas en marcha para reunificar la CGT, lo cual a su juicio ocurrirá más temprano que tarde. Los sindicalistas no ven razones para mantenerse separados por sus diferencias respecto del kirchnerismo una vez que el bastón presidencial sea empuñado por alguien con otro apellido. También creen que se harán respetar mejor ante un eventual gobierno de Mauricio Macri si golpean con un solo puño, especialmente tras el escaso apoyo social que suscitaron los últimos cuatro paros generales del ala opositora. Pero sobre todo consideran que una CGT unida es la mayor garantía que puede tener Scioli dentro del PJ “para que La Cámpora no le cope el gobierno” si gana.

¿Imbatible?

La sorpresiva renuncia de Francisco De Narváez a su candidatura a gobernador fue para el Frente Renovador lo que el desplante de Elisa Carrió a Pino Solanas para el ya olvidado UNEN: una bomba. No contento con haberse ido, el empresario colombiano confesó sus tratativas secretas con el gurú macrista Jaime Durán Barba y reveló lo que el ecuatoriano le había transmitido: que Cristina es “imbatible” y que “la economía de bolsillo solo mejorará” hasta octubre. Es lo mismo que entrevén los hombres de negocios más atentos a la dinámica diaria y los consultores de consumo masivo más escuchados, como Guillermo Oliveto:

—Los despachos de cemento, tras haber caído en 2014 un 3,9%, crecieron en lo que va de 2015 un 9,4%, impulsados por la obra pública, el ProCreAr y el repunte de las obras privadas que también se notó en los dos meses consecutivos de recuperación de las escrituras de compraventa.

—El IVA impositivo acumula en el año una suba del 5,5% en términos reales, según la consultora Contexto, una vez descontada la inflación que miden las provincias (y no la del INDEC). El dato refleja un reverdecer consumista que también detectó la CAME, con un 2% de incremento en el año, y que obedece en parte al plan Ahora 12.

—La industria acumula casi 20 meses de caídas pero desaceleró su declive y las peores bajas se dan en los sectores más capital-intensivos, de gran peso en el agregado pero menor importancia en términos de empleo.

No es que se haya resuelto la escasez de dólares que pone a la Argentina a las puertas de una crisis cada vez que sus fábricas empiezan a funcionar al tope de su modesta capacidad instalada. Tampoco que vaya a domesticarse de la noche a la mañana una inflación en baja pero todavía bien por encima del 20%. Lo que comparten los principales ejecutivos del país del diagnóstico de Durán Barba es que, una vez que empiecen a actualizarse los sueldos en base a las recién cerradas paritarias -oficiales o blue, según el caso-, la actividad se recuperará aún más rápido. Es lo que procura todo gobierno a las puertas de una elección, como se encarga de recordar el sciolista Miguel Bein ante el auditorio empresarial que le pongan enfrente: llegar al cuarto oscuro con el pueblo lo más feliz posible. La cuenta a pagar llegará después, una vez contados los votos. Según quién gane, se cobrará en efectivo o en cómodas doce cuotas sin interés. Pero se cobrará.

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