Moyano y Caló se abrazaron, pero la unidad de las dos CGT sigue lejos

Moyano y Caló se abrazaron, pero la unidad de las dos CGT sigue lejos

Encuentros en la Semana Social de la Iglesia Compartieron gestos de camaradería, pero el camionero planea un paro general.

Los dos parecían fieles discípulos del Papa Francisco. No discutieron, no se reprocharon nada y finalmente se abrazaron, sonrientes, ante los flashes y muchos testigos. Ayer, Hugo Moyano y Antonio Caló, los máximos contrincantes del sindicalismo peronista, disimularon tanto sus diferencias en la apertura de la Semana Social de la Iglesia que hasta coincidieron en vestirse igual: campera negra, camisa celeste, jean y zapatos negros.

Pero el clima de concordia, en realidad, fue una formalidad: este mediodía, Moyano y el líder de la CTA opositora, Pablo Micheli, hablarán durante un almuerzo sobre la fecha del próximo paro general de 24 horas contra el Gobierno, que tendría lugar en la primera quincena de agosto. Una medida de fuerza que, al revés del sentido del abrazo, consolidará aún más la fractura cegetista.

Ayer, hasta que apareció a las 17.50 en el Hotel Intersur, Caló había sido el eje de versiones que consignaban que iba a pegar el faltazo, supuestamente por el temor a que le reprocharan tanto alineamiento con el Gobierno. Pero el jefe de la UOM llegó acompañado por su colega José Luis Lingeri (Obras Sanitarias) y los organizadores respiraron aliviados: anoche hubo dirigentes de cuatro de las cinco centrales obreras y se intercambiaron gestos de cordialidad. ¿Significa que se viene la unidad sindical? “No va a haber unidad hasta que se defina la sucesión política de 2015”, le dijo Caló a Clarín luego de su abrazo con Moyano.

El ausente con aviso fue Hugo Yasky, líder de la CTA oficialista, que viajó a Bolivia para un foro sobre los “fondos buitre” y que hablará mañana en un panel a través de un video. Y sorprendió la ausencia de Luis Barrionuevo en la ceremonia inaugural: estaba tan entusiasmado hablando en otro piso del hotel con dirigentes de su CGT Azul y Blanca, como Carlos Acuña, Horacio Valdez y Daniel Vila, que se le pasó la hora del acto. Los mismos sindicalistas, en cambio, no se habían perdido horas antes un almuerzo para agasajar al gobernador cordobés José Manuel de la Sota, a quien Barrionuevo lanzó como candidato presidencial y prometió que juntos recorrerán el país (¿mensaje para Sergio Massa?).

La sorpresa la dio Pablo Micheli, titular de la CTA opositora, que estaba acompañado por Carlos Custer, dirigente de su central y hombre de antigua militancia socialcristiana: muchos militantes y participantes del encuentro le pidieron sacarse fotos con él como si fuera una estrella de rock.

Moyano llegó quince minutos tarde, mientras los concurrentes estaban cantando el Himno, y fue a sentarse al lado de Micheli (en una silla reservada estratégicamente por los custodios del camionero para evitar que su jefe estuviera junto a Caló). Por eso, en definitiva, entre Moyano y Caló había tres lugares de distancia: los ocupados por el líder ceteísta, la vicejefa de gobierno porteña, María Eugenia Vidal, y el secretario general de la gobernación bonaerense, Martín Ferre. En segunda fila había otras muestras de convivencia sindical: el kirchnerista Horacio Ghilini pegado a los moyanistas Omar Plaini y Gerónimo Venegas.

En el primer intervalo, todos se levantaron y allí terminaron los dos líderes cegetistas frente a frente. Fue Moyano el que buscó a Caló y estiró sus brazos: “Hola, ¿cómo andás, Antonio?” Ambos tenían una sonrisa amplia y hasta festejaron cuando este cronista les dijo, en broma, que ya que habían logrado la unidad sindical, debían ir por más y unir a sus clubes de fútbol, Independiente y San Lorenzo. La fantasía unificadora no duró más de dos minutos. Luego Moyano se fue del lugar y Caló tuvo una foto distinta, quizá más polémica: en la segunda parte del acto terminó sentado al lado de Matilde Menéndez, la interventora en el PAMI durante el menemismo.

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