Moyano y la Casa Rosada, en una disputa con varios frentes

La pelea se reavivó por la recolección de residuos en Quilmes y el control de uno de los sindicatos de la Anses; en ambos casos perdió el líder camionero
El frío saludo con Julio De Vido en Neuquén fue como un espejismo de nostalgia para Hugo Moyano. El fugaz reencuentro con el ministro kirchnerista que tantas veces le abrió el juego dejó en evidencia lo mucho que se benefició el jefe camionero al lado del poder y cuánto de esa cosecha perdió desde que rompió la alianza.

La disputa entre Moyano y la Casa Rosada presenta diversos frentes de batalla, en los cuales el fuego sigue abierto. Hace apenas unos días la pelea se avivó por el control del servicio de recolección de residuos en Quilmes y por la colonización de uno de los cuatro sindicatos que pugnan por los afiliados de la Anses. En ambos casos, Moyano fue derrotado.

La decisión del municipio de Quilmes de estatizar el servicio de recolección de basura fue un golpe duro para el sindicato de camioneros. En un parpadeo, perdió 430 afiliados. En términos económicos: cada uno aportaba un 4,5% o más de sus sueldos en concepto de cuota sindical y obra social. Lo que sucedió en Quilmes fue un calco de la jugada que había orquestado en 2012 el municipio de San Miguel, que también rompió lazos con Covelia, firma a la que siempre se asoció con Moyano. Ahora avanzan otros municipios: Tres de Febrero, Avellaneda, Florencio Varela y San Martín.

El Ministerio de Trabajo intercedió la semana pasada en un conflicto interno del Secasfpi, uno de los cuatro gremios de la Anses. Moyano impulsó allí una lista opositora con el anhelo de hacer pie en el organismo. No lo logró. Como esta pulseada, que cruzó una vez más de manera subterránea a Moyano con el ex asesor legal de la CGT Héctor Recalde, hubo otros episodios que se resolvieron de manera similar.

El giro de la cartera que encabeza Carlos Tomada fue en simultáneo con el curso de la pelea de Moyano con el Gobierno. A partir de 2003, el gremio de los camioneros multiplicó su cantidad de afiliados. Cuando Néstor Kirchner desembarcó en la Casa Rosada, tenía cerca de 50.000 afiliados. En 2008, alcanzó los 73.000. Y de 2011 a la actualidad se mantuvo con picos de entre 180.000 y 200.000, según fuentes del sindicato consultadas por LA NACION.

Mucho tuvo que ver en el crecimiento de Moyano una reforma estatutaria convalidada por el Ministerio de Trabajo en marzo de 2003. Por entonces, Tomada no estaba en el organismo, pero sí su número dos, Noemí Rial. El cambio amplió las funciones del sector, lo que le valió al jefe camionero sumar miles de afiliados de diferentes rubros. Pero los tiempos de bonanza terminaron: Moyano dejó de ser favorecido en las últimas pujas por encuadramiento.

En la pelea, el Gobierno golpeó fuerte en la caja que administra su gremio. En 2012 le quitó cuatro grandes millonarios negocios que le había otorgado el kirchnerismo.

El primero fue el régimen de fomento de la profesionalización del transporte de cargas (Refop), que compensaba a los empresarios del sector con una devolución de lo pagado por contribuciones patronales a la seguridad social. La cancelación fue por decreto. Por la misma vía se dejó sin efecto el monopolio que tenía la obra social de los camioneros para realizar los exámenes psicofísicos para las licencias nacionales, un beneficio que le reportaba más de 100 millones de pesos anuales.

Otra gran boca de financiación que se le cerró a Moyano fue la de los puertos. El sindicato tenía la facultad de cobrar 14 dólares por cada contenedor que se movía allí para certificar su integridad y la aptitud del transportista. La presentación del certificado era obligatoria. Desde abril de 2012, la Justicia investiga una denuncia contra la Administración General de Puertos (AGP) y la Federación de Camioneros por presuntas irregularidades.

El otro negocio frustrado fue el que había iniciado con YPF, de la mano del entonces vicepresidente de la petrolera, Sebastián Eskenazi, y del ministro De Vido. El proyecto preveía construir una red de 60 paradores para los camioneros a la vera de las estaciones de servicio. Ahora, todo cambió: YPF es estatal y Moyano es opositor.

La pulseada también tuvo sus repercusiones políticas. Moyano perdió a todos los hombres propios que había logrado ubicar en la administración pública. Las bajas más sensibles las sintió en un organismo clave que supo colonizar con familiares y aliados: la ya desaparecida Administración de Programas Especiales (APE), cuya función era administrar parte de los fondos de las obras sociales sindicales. También perdió a su tropa en las diferentes áreas de la entonces Secretaría de Transporte.

El único moyanista que se mantuvo con un cargo fue Recalde, que en pleno enfrentamiento optó por tomar distancia del camionero y se declaró leal al kirchnerismo. Una ironía del destino: Moyano apostó por el nombre de Recalde cuando Néstor y Cristina Kirchner definían el compañero de la fórmula presidencial para 2011..

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