Moyano paladea un regreso con gloria

Moyano paladea un regreso con gloria

La pregunta es cómo recibirá el gremialismo argentino a un presidente que no es peronista y que representa el cambio, esa palabra maldita para una vieja estructura de liderazgos perennes.

El triunfo de Mauricio Macri despertó euforias y tristezas en el poder sindical por las dispares apuestas electorales de sus dirigentes, aunque, en el fondo, todos saben que recuperarán su papel de garantes de la paz social para un gobierno nuevo que heredará una economía colapsada.

Por algo, tras la primera vuelta electoral, el diputado macrista Jorge Triaca, uno de los candidatos a ministro de Trabajo, inició una serie de charlas reservadas con sindicalistas para darles un mensaje: “Quédense tranquilos. Si gana el balotaje, Mauricio no avanzará sobre ningún gremio”.

Macri llamará a empresarios y dirigentes sindicales a un “acuerdo de la productividad”, que será el instrumento para pactar medidas macroeconómicas, pero no tendrá mucho tiempo de jubileo gremial. No solo porque el 31 de diciembre vence la paritaria de los bancarios, sino porque María Eugenia Vidal deberá dar señales muy claras de lo que hará con los salarios docentes. Hay intención de recomponer los sueldos, pero sin ceder a las “presiones desmedidas”, en alusión al anticipado reclamo del 40% de Roberto Baradel, el ultrakirchnerista líder de Suteba.

Hugo Moyano es uno de los grandes ganadores sindicales del balotaje y se apresta a recuperar el terreno perdido en estos años de hostilidad kirchnerista. El camionero espera reunirse en las próximas horas con Macri, tal como éste le prometió hace diez días, y buscaría incidir en las designaciones en los ministerios de Trabajo (nacional, porteño y bonaerense), en Transporte y en la Superintendencia de Servicios de Salud, que controla los fondos de las obras sociales. Y dicen que hasta habría mostrado interés en el Indec. ¿Pondrá su gente o sólo tendrá derecho a veto?

La segunda opción ya la habría puesto en marcha. En una de sus últimas charlas a solas con Macri, Moyano le advirtió que pasará a la oposición si elige para su gabinete a clásicas enemigas de él como Graciela Ocaña o Patricia Bullrich. Al camionero tampoco le gusta Triaca para suceder a Carlos Tomada: porque era un viejo rival del papá del legislador macrista y, en particular, porque éste es el candidato para ir a Trabajo de “los Gordos” y de otros dirigentes kirchneristas.

El otro gran postulante para la cartera laboral es Ezequiel Sabor, subsecretario de Trabajo porteño, un contador de perfil bajo que acumuló una fructífera experiencia en la gestión y que mantiene un fluido diálogo con sindicalistas de todos los sectores. Algunos hablan de que se convertiría en ministro de Trabajo bonaerense. Vidal le pidió que busque solucionar el conflicto en Cresta Roja.

Una pelea que Macri debe resolver pronto es la que mantienen el subsecretario de Transporte porteño, Guillermo Dietrich, que aspira a dirigir el área a nivel nacional, y Moyano, que quiere un lugar para su experto Guillermo López del Punta. El funcionario capitalino hace campaña contra el protegido moyanista mientras se mueve como si fuera ministro: el martes pasado, hizo promesas para revitalizar el sector fluvial a 50 armadores y al sindicalista Julio González Insfrán.Dietrich incluso amasó una relación estrecha con el taxista Omar Viviani, el peor enemigo de Moyano.

El camionero también se sumará a una fuerte campaña para reestructurar el PJ. Las primeras señales de esa jugada política surgieron de un asado compartido entre Sergio Massa y 35 dirigentes de la CGT Azul y Blanco, presididos por Luis Barrionuevo: allí, el tigrense advirtió que no quiere un cogobierno con Macri y que la consigna es “ayudar, siempre que no haya ajuste”.

Hay muchos perdedores sindicales que tratarán de reacomodarse ante Macri y una futura CGT en la que Moyano volvería a tener peso, aunque a los dirigentes kirchneristas les resultará difícil borrar tantos agravios contra el nuevo presidente y algunos gestos a favor de Daniel Scioli que los dejó al borde del blooper: hace 15 días, en la Unión Ferroviaria, se dieron cuenta de milagro que habían incluido “la derogación de la ley Banelco”, anulada por Néstor Kirchner, en un comunicado que enumeraba sus reclamos.

Parece que había muchos nervios por el terror a una derrota que, finalmente, anoche se confirmó.

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