Se multiplica la rebelión gremial y presiona a la CGT para llamar a otro paro

Se multiplica la rebelión gremial y presiona a la CGT para llamar a otro paro

El moyanismo, las CTA, los metalúrgicos y los transportistas coinciden en sus movimientos para despegarse de la cúpula cegetista y avanzar en nuevas medidas de fuerza.

En las últimas 72 horas, al calor de la metamorfosis que terminó de transformar a la crisis económica en una crisis política, corrientes internas de la CGT y algunos de los sectores claves para medidas de fuerzas iniciaron movimientos que prometen sacudir el mundo gremial y trastocar los equilibrios de poder. Después de la contundente movilización de la semana pasada que expuso la ausencia de una conducción clara del movimiento obrero, el anuncio de medidas de fuerza y el reclamo de un quinto paro general vuelven a acorralar a la conducción cegetista, en momentos en los que la relación con el Gobierno pareciera resquebrajarse.

El retraso en hacer efectivo el decreto que rehabilitó el flujo de recursos hacia las obras sociales sindicales, sumado al intento oficial de modificar el contenido del proyecto de ley de blanqueo, agitaron la relación con la cúpula sindical que, pese a todo, sigue apostante a la cautela. 

El último episodio fue protagonizado por el sector abiertamente opositor a la cúpula cegeteista y coronó un plenario de regionales en el que, aseguran, participaron delegaciones de más de 70 filiales de CGT. Durante la tarde de este jueves, el Frente Sindical por un Modelo Nacional (Fresimona), que componen la constelación de gremios asociados a Hugo Moyano, el SMATA y la Corriente Federal de los Trabajadores, lanzó un llamado a un paro general para el 30 de abril próximo, como parte del plan de lucha propio.

La iniciativa fue anunciada junto a los líderes de las dos CTA, Hugo Yasky y Pablo Micheli, durante una conferencia de prensa realizada en la sede del SMATA y en la que los dirigentes de las centrales alternativas fueron invitados, pese a que la cumbre sindical fue planificada sólo para los sindicatos confederados como forma de mostrarle la fuerza propia al Consejo Directivo, hoy bajo el mando de Héctor Daer y Carlos Acuña, lo que quedó del triunvirato.

Si bien los sectores que lanzaron la convocatoria no tiene la capacidad propia para paralizar el país, los gestos de descontento expresados por diferentes corrientes y agrupamientos internos de la CGT auguran un pico de conflictividad para los últimos días de este mes.

El planario de regionales estuvo precedido por dos hechos significativos que marcan los movimientos en el mundo gremial.

Uno fue el Congreso de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), que sesionó el miércoles en Mar de Plata. Ahí, tres centenares de delegados mandataron a la conducción nacional que encabeza Antonio Caló para que le exija a la CGT el llamado a un paro general (también) para el 30 de abril. La UOM fue uno de los sindicatos, junto al gremio de la Alimentación de Rodolfo Daer, que traccionó internamente la decisión de la movilización sindical de la semana pasada y es uno de los sectores más golpeados por la recesión.

El otro elemento es la huelga general del transporte que transcurrirá el 1 de mayoy que va a tener alcance nacional. Más allá de los memes y críticas en las redes sociales porque la medida se realizará el Día del Trabajador, la decisión de la Confederación Argentina de los Trabajadores del Transporte (CATT) debería leerse en clave política. Siendo que el gremio de los colectiveros que conduce Roberto Fernández y el de los maquinistas de Omar Maturano, son tradicionalmente conservadores en cuanto al lanzamiento (y en algunas ocasiones hasta el cumplimiento) de medidas de fuerza, el dato relevante es que hayan lanzado un paro del sector sin buscar siquiera la anuencia previa de la cúpula de la CGT.

Apurado por el repercusión negativa que tuvo el anuncio, Fernández subió la apuesta el miércoles y dijo que los transportistas no van a trabajar "ningún feriado" hasta que no tengan respuestas oficiales en la demanda de políticas que moderen el impacto del impuesto a las Ganancias en los asalariados del sector.

Ese cambio despertó el entusiasmo en el moyanismo, que ve la oportunidad de que varios gremios que integran la CATT y el Fresimona, simultáneamente, puedan traccionar un acuerdo con la cúpula transportista para adelantar un día la medida sectorial y hacerla coincidir con el paro opositor. Si suceden estos movimientos, podría convertirse en una tormenta perfecta que desencadene una ola de protestas con dos víctimas principales: el Gobierno y la legtimidad de la conducción de la CGT.

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