CGT oficialista: un cumpleaños sin festejos

CGT oficialista: un cumpleaños sin festejos
No habrá velitas ni torta y nadie cantará el “Feliz cumpleaños”. En realidad, tampoco habrá festejos. El próximo jueves se cumplirá el primer aniversario de la CGT Balcarce, pero esa criatura, nacida en el congreso que se realizó en Obras Sanitarias, todavía no camina, casi no habla, se mueve muy poquito y no sale del regazo de su mamá Cristina (¿extrañará mucho a papá Néstor?).
Eso sí: reclama atención todo el tiempo, aunque no logra que sus llantos y sus berrinches conmuevan a los habitantes de la Casa (Rosada).

Así de esquiva es la suerte de la CGT kirchnerista, que nació para sepultar a Hugo Moyano y para convertirse en la interlocutora del Gobierno, pero, un año después, tiene la agria sensación de que nada le salió bien: soporta la cruda indiferencia oficial, sufre la deserción de muchos gremios y, para colmo, no pudo desactivar al líder camionero.

Hoy, aunque nadie piensa en dejar de ser oficialista (como se informa por separado), en esta central obrera hay planes para pasar a la ofensiva. Por un lado, como anticipó el diario BAE, el jefe de la CGT Balcarce, Antonio Caló, organiza para el 10 de octubre una cena con cien empresarios nacionales, en donde habrá un apoyo explícito del “modelo”. Por otro, tomó la iniciativa para evitar que la defensa de las obras sociales se asocie con la mera protección de “la caja” sindical: varios gremios K apadrinaron la creación del Instituto de Investigaciones Sanitarias de la Seguridad Social.

Este organismo, cuya presentación en sociedad fue hace dos semanas, durante una jornada de estudio sobre las obras sociales que se hizo en la UCA, aspira a convertirse en una suerte de INDEC (pero sin manipulaciones) de la seguridad social, que elabore estadísticas, capacite personal técnico y desarrolle investigaciones. La curiosidad es que tiene una conducción mixta, integrada por dirigentes de la CGT oficialista y expertos como Luis Scervino, director médico de la obra social de Obras Sanitarias. ¿Podrá la CGT Balcarce salir de su letargo?

La misma disyuntiva afronta la CTA liderada por Hugo Yasky. Tras la conmoción por la noticia de que el sindicalista de Ctera no quiere ser reelegido, habrá más sacudidas: un grupo de dirigentes ceteístas se reunió en secreto con Sergio Massa, fogoneados por Fabián Alessandrini, de ATE Zona Norte, directivo de la CTA kirchnerista y, a la vez, candidato del Frente Renovador.

Hay quienes deslizan que allí se habló de la posibilidad de que un puñado de sindicatos que hoy rodean a Yasky, piloteados por una poderosa organización que sobrelleva la rebeldía de varias seccionales, se sume a una CGT unificada luego del 27 de octubre.

Es un problema que no tiene la CTA opositora, aunque atraviesa otros dilemas. El más importante está vinculado con su proyecto de reforma sindical, que será oficializado el 10 de octubre, durante un encuentro con gremios ceteístas del sector privado. El borrador de esa iniciativa (puede encontrarse en http://xnuevaleysindical.org) incluye, además de la anulación de la personería gremial y del papel protagónico de la Justicia para dirimir conflictos, en lugar del Ministerio de Trabajo, otras propuestas irritativas para el establishment sindical: por ejemplo, la exigencia de que los convenios colectivos deban ser aprobados por asambleas o plenarios para eliminar “el poder de lapicera” de los máximos dirigentes. O la prohibición de los “aportes solidarios”, esas cláusulas que permiten la supervivencia del aparato sindical a través de descuentos obligatorios a todos los trabajadores o de la contribución de los empresarios.

Mientras, el moyanismo celebra como una goleada de Messi el triunfo de la oposición ante el oficialismo K en la asamblea que eligió la junta electoral en el gremio de cortadores de indumentaria. Y nadie descarta que el propio Moyano esté en primera fila en un acto que Massa prepara para después de los comicios legislativos. Allí será presentado el proyecto mediante el cual el intendente de Tigre quiere cautivar a casi todos los gremialistas: es el que dejará en firme las bases del modelo sindical vigente, aunque les impedirá la reelección indefinida para “reconciliarlos” con la sociedad.

La batalla por la continuidad o el cambio del modelo sindical ya habría registrado su primera víctima: en los pasillos de Tribunales hablan del despido de Ronaldo Gialdino, secretario de la Corte desde hace diez años y autor de los fallos laborales más importantes de los últimos tiempos. ¿Habrá sido fruto de la presión gremial?

Para reconciliar a los dirigentes con la sociedad también harían falta medidas de fuerza que no trastornen a la gente. Como las que aplicaron la semana pasada los choferes de la línea 60 de colectivos. Sus combativos delegados, alejados de la UTA, decidieron no cobrar el boleto en protesta por “el mal servicio” de la empresa, entre otros reclamos. En un mundo saturado de bloqueos, piquetes y paros sorpresivos, se pusieron del lado del ciudadano común, de otros trabajadores. Toda una revolución sindical.

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