La CGT oficialista debate su lealtad al Gobierno

La CGT oficialista debate su lealtad al Gobierno
Atraviesa su momento más difícil; hay sectores que amenazan con saltar al moyanismo y ya no callan sus críticas
Por Nicolás Balinotti |

Nació en octubre y se declaró devota kirchnerista. A cinco meses del surgimiento, la CGT oficialista pone hoy en duda su alineamiento. "No vamos a ser alcahuetes gratis", advierte un jerárquico de la central que reconoce que la relación con el Gobierno es cada vez más fría y distante.

En su hora más difícil, la cúpula de la CGT que encabeza Antonio Caló apura para mañana una reunión para definir su estrategia. Será sólo la mesa chica. Fue unánime el descontento por la "insuficiente" suba del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias. También creció el malestar por la presión oficial para cerrar paritarias a raya, por debajo del piso del 25% que planteó públicamente Gerardo Martínez (Uocra) como aumento de referencia.

Formada para oponerse al liderazgo de Hugo Moyano, en la CGT oficialista siempre hubo una lucha interna que no cesó tras el nombramiento de Caló y la distribución del resto de los cargos del consejo directivo. Bajo el mismo techo conviven posturas totalmente enfrentadas.

Hay dirigentes que amenazan con huir hacia el gremialismo opositor y que cruzan llamadas con Moyano y Luis Barrionuevo . Y hasta agitan con llamar a un paro, como advirtieron recientemente Oscar Lescano (Luz y Fuerza) y el colectivero Roberto Fernández.

Pero también hay gremialistas que se mantendrán alineados con el kirchnerismo más allá de la puja salarial y del ninguneo oficial, que alcanzó su cima de tensión con la decisión del Gobierno con respecto a Ganancias. Juran su lealtad a la Casa Rosada Caló, Martínez, el mecánico Ricardo Pignanelli y el estatal Andrés Rodríguez. También el mercantil Armando Cavalieri, que calló sus críticas al percibir que la caja de su gremio comenzó a engordar por el pago de la deuda del Estado con las obras sociales sindicales.

En un intento de bajar la tensión, Caló se mostró alineado. "Apoyo el modelo industrial porque al menos en la UOM no hubo pérdida del empleo", reconoció el martes pasado en una charla con LA NACION y la agencia Télam. Pero también lanzó un mensaje ambiguo: pidió compensar lo que fue la suba de Ganancias con la universalización del salario familiar y advirtió que negociará paritarias con el índice de precios del supermercado. Es decir, los reclamos seguirán y hay un reconocimiento de que la inflación del Indec "es un dibujo", como la calificó Omar Viviani, número 3 en el escalafón de la CGT.

Hay preocupación y pesimismo en la CGT oficialista. "Es verdad que es el momento más difícil de la relación con el Gobierno porque no vemos una salida para nuestras demandas. El congelamiento de precios es un error que puede explotar en el peor momento de un año electoral", analizó un gremialista que integró la comitiva cegetista que visitó el miércoles al papa Benedicto XVI.

Ya nadie esconde las turbulencias con la Casa Rosada. "El Gobierno nos está obligando a que nos juntemos", lanzó Lescano, molesto porque aún no logró cerrar el aumento del 27% que exigió para su gremio. Más duro fue el docente Horacio Ghilini, y su sentencia sobre lo insuficiente que consideró el alza de Ganancias. "Los últimos anuncios de la AFIP tendrán patas cortas y conseguirán el mérito de poner a las cinco centrales en contra de Cristina", dijo el docente al diario BAE.

El malestar también se expresó a través de gestos. El maquinista Omar Maturano no asistió al anuncio presidencial vinculado al Belgrano Cargas y entre sus íntimos reconoció cierta tensión con el ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo. El único representante gremial en la Casa Rosada en aquel acto fue Sergio Sassia, de la Unión Ferroviaria, quien pasó inadvertido en la fila 8. Sucedió algo similar con el anuncio de Ganancias, en el que la ausencia de la cúpula cegetista fue un dato saliente de la jornada.

Los sindicatos se sienten cada vez más relegados. Tanto los oficialistas como los opositores. El Gobierno ni siquiera tomó nota de los proyectos que presentaron para activar una reforma tributaria.

Algunos dirigentes barruntan que el descontento los empujará a unirse con Moyano en los reclamos callejeros. Durante la semana se mencionó una eventual unidad con la central del jefe camionero, algo que asoma como un deseo imposible. Dos jerárquicos del sector de Caló coincidieron en las razones por las que el acercamiento es casi inviable: "Si Moyano no se baja de la CGT y no resigna sus ambiciones, no hay unidad posible. «El Negro» se pasó de la raya con las chicanas. Y de eso no se vuelve".

coincidencias con moyano

Están divididas, pero comparten sus reclamos a la Casa Rosada

55%

Suba de Ganancias

Ese porcentaje solicitaron de suba de los topes del mínimo no imponible del tributo. Finalmente, fue del 20%

25%

Piso de paritarias

Será el porcentaje mínimo que exigirán como aumento salarial para este año

Asignaciones familiares

Todos los gremios piden la universalización del beneficio. Caló pidió un gesto del Gobierno para compensar lo que consideró la "insuficiente" suba de Ganancias

El congelamiento de precios

La CGT de Caló no comparte la iniciativa. Pidieron congelar precios, pero por un año. Para Moyano, el Gobierno aspira a bajar así las paritarias

Obras sociales

De manera unánime, exigen el reparto del dinero que el Estado les retiene a las obras sociales. Desde ambas CGT aseguran que se les adeudan 15.000 millones de pesos

No a la inflación del Indec

Nadie toma las cifras del Indec para negociar salarios. Usan de referencia estudios propios o privados, o los valores del supermercado

.

Del editor: cómo sigue.

El Gobierno dejó desarmado a Caló en la misión de formar un gremialismo K. Moyano espera con paciencia a los arrepentidos.

Comentá la nota