CGT oficialista: la fidelidad tiene vencimiento

CGT oficialista: la fidelidad tiene vencimiento
Por Ricardo Carpena

Y se concretó, por fin, la ansiada unidad sindical. La CGT Balcarce se parece cada vez más a la opositora y su titular, Antonio Caló, ya se muestra más duro que Hugo Moyano.

La única que puede revertir este cuadro y devolverle la fe oficialista a sus dirigentes gremiales más cercanos es Cristina Kirchner, pero no hay ninguna garantía de que les dé bajo presión lo que hasta ahora les estuvo negando pese a tanta sumisión.

¿Cómo reaccionará la Presidenta ante el virtual ultimátum que estableció la CGT kirchnerista al convocar a un plenario de secretarios generales para el 7 de marzo? Se decidió hacerlo dentro de tres semanas precisamente para abrir alguna instancia de negociación con Cristina Kirchner, pero todas las señales oficiales son poco alentadoras.

Hay un paquete explosivo que el Gobierno no desactiva: 1) Subió un 20% el mínimo no imponible sin consultar a los sindicalistas K, que reclaman, como el moyanismo, un 50% de incremento. 2) Sigue sin resolver el alcance limitado de las asignaciones familiares. 4) Mantiene el cepo sobre unos 15.000 millones de pesos que le adeuda a las obras sociales. 5) No cambia su exigencia de que las paritarias tengan un tope del 20%. 6) Congeló precios por 60 días para moderar los pedidos de aumento salarial.

En medio de este panorama, Caló volvió de sus vacaciones y puso a prueba el miércoles pasado su habitual moderación: la mayoría de sus colegas de la “mesa chica” cegetista sólo acumulaban críticas contra el Gobierno y había varios dirigentes que, para colmo, volvieron a mantener canales fluidos de comunicación con la CGT que lidera Moyano.

Por eso el jefe de la UOM tuvo que ponerse al frente de ese malestar. Despotricó contra la inflación y los acuerdos de precios, y avanzó en un terreno políticamente riesgoso al afirmar que la economía del país “está estancada”. Fue tan lejos que algunos de sus compañeros lo cuestionaron por endurecerse tanto y hasta logró que Moyano pareciera oficialista: “La economía está funcionando -dijo el camionero-, lo que tiene que haber es un aumento que permita que el salario siga manteniendo el poder adquisitivo”.

Caló también debe atender las presiones de sus bases: ya advirtió a la plana mayor metalúrgica que reclamará no menos de un 25% de aumento en las negociaciones que comenzarán en marzo. El congreso nacional de la UOM debe reunirse en abril, pero podría adelantarse para disponer medidas de fuerza si fracasan las paritarias.

El viernes pasado, la conducción de la CGT Balcarce no sólo convocó al plenario de secretarios generales y a un encuentro de presidentes de obras sociales que promete ser picante, sino que, por primera vez, hubo dirigentes que mencionaron dos palabras que parecían prohibidas: paro general. Fue cuando un dirigente propuso que si la Presidenta no cede, el 7 de marzo se faculte al consejo directivo para ponerle fecha a una huelga.

La sorprendente moción habría causado más rechazos que aprobaciones en la CGT Balcarce, pero comenzó a preparar el terreno para lo que planifican secretamente sus rivales de la central obrera moyanista: hacer juntos un gran paro nacional en abril.

Los sindicalistas K con mejor llegada al Gobierno harán lo imposible por evitarlo y utilizan el endurecimiento cegetista para apurar un contacto con la Presidenta. Incluso tratarían de convencerla de que la salida sería convocar a un pacto social. Sólo si hay un acuerdo entre empresarios, sindicalistas y funcionarios, imaginan algunos, podría aplicarse un esquema de contención de precios y salarios. Esta posibilidad del diálogo tripartito se activó luego de la reciente visita del director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Guy Ryder, que habló de ese tema con sindicalistas y empresarios y que incluso mostró buena sintonía con Cristina Kirchner. Pero para llegar a eso haría falta algo imposible: un gobierno dispuesto a consensuar decisiones.

Como intuye que la Presidenta nunca conformará al sindicalismo, Moyano se prepara para la batalla con un plan gradual de medidas de fuerza que comenzará en marzo y que podría acelerarse a partir de abril, cuando finalice el congelamiento de precios.

El cronograma comienza mañana, con la marcha del gremio camionero al Ministerio de Trabajo por el conflicto de encuadramiento en un supermercado mayorista, y seguirá el 14 de marzo, en el mismo lugar, con la movilización, junto con la CTA disidente, en reclamo de “paritarias libres”. Y podría tener un punto culminante el 1° de Mayo, Día del Trabajo: al líder de la CGT Azopardo le gustaría hablar en un gran acto en una cancha de fútbol y su discurso estaría teñido de un concepto acuñado por Juan Perón, que lo entusiasma y que será la base de su lanzamiento político: “Si el justicialismo depende del sindicalismo, el sindicalismo, depende, a su vez, del justicialismo”.

El problema es que hace rato que Cristina Kirchner no parece creer en este tipo de consignas históricas ni en el justicialismo. Y mucho menos, en el sindicalismo.

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