La CGT oficialista reclama un encuentro con la Presidenta

La central que lidera Caló busca descomprimir de ese modo los cuestionamientos internos ante la falta de respuesta oficial
La cúpula de la CGT más cercana a la Casa Rosada percibe que por momentos camina a tientas. Si bien los canales de comunicación con el Gobierno no están minados, la falta de respuesta a muchos de sus pedidos provocó cierta desconfianza con los funcionarios de trato cotidiano.

Desorientados, los sindicalistas presionan ahora para un e ncuentro reservado con Cristina Kirchner . Tras varios intentos en vano de avanzar con otros funcionarios en asuntos de la agenda sindical, como una eventual reforma tributaria o la suba de los topes de las asignaciones familiares, los dirigentes volvieron a la carga con un pedido de audiencia con la Presidenta. Ya se habría solicitado una reunión a través de los canales formales y mediante pedidos a más de un ministro. Todavía no obtuvieron una respuesta.

Los gremialistas pretenden escuchar de boca de Cristina el pedido de "prudencia" para las paritarias que les exigió el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich. También quieren conocer de primera mano sobre la viabilidad de algunas de sus exigencias y sobre el rumbo económico y político que tomará al Gobierno ante la escalada inflacionaria y el conflicto salarial de las fuerzas de seguridad.

Con este panorama, el jefe de la CGT oficialista, Antonio Caló, prefirió esta semana callar y aguardar por una señal desde la Casa Rosada. Su silencio ya le costó más de una crítica dentro del consejo directivo cegetista y su liderazgo está siendo más cuestionado que nunca.

Para los gremios, todo cambió después de la operación craneal a la que fue sometida la Presidenta. Sin la jefa del Estado en actividad full-time, los dirigentes sindicales tomaron nota de que sus iniciativas comenzaron a navegar en indefiniciones. Por estos días, surgen dos ejemplos bien claros: la negociación salarial está nublada de incertidumbre y a la caja de los sindicatos dejaron de ingresar con fluidez los millonarios aportes de las obras sociales.

Estos dos motivos fueron suficientes para empujar a algunos gremios a reevaluar puertas adentro si es conveniente mantener el alineamiento. De hecho, dos secretarios generales de sindicatos que aún pertenecen a la CGT oficialista se reunieron anteayer con Hugo Moyano y Luis Barrionuevo para avanzar en un plan de lucha y en un reclamo salarial común. Se trata del colectivero Roberto Fernández y del ferroviario Omar Maturano.

Les duró poco el entusiasmo a los gremios afines ante la agilidad que le dio inicialmente Capitanich al vínculo con la CGT oficialista. El jefe de Gabinete los convocó en más de una ocasión: primero fue por las paritarias y después fue por el alcance del acuerdo de precios ante la escalada inflacionaria. De ambos encuentros, los sindicalistas sintieron que salieron con las manos vacías. Tanta fue la frustración que tras una de las reuniones, Caló se negó a acompañar al chaqueño al atril de conferencias de prensa. "No hay ningún anuncio por hacer, así que yo me voy", se plantó el metalúrgico.

El reciente regreso de la Presidenta a la función oficial tampoco es garantía para los gremios. "La actividad asumida por Cristina nos da pocas posibilidades para que el encuentro se produzca de inmediato. Tal vez se concrete más adelante", dijo a LA NACION un jerárquico de la CGT oficialista. Y otro vocero agregó: "Estamos a la espera de que nos llame [Oscar] Parrilli o Capitanich, los voceros que designó Cristina. Otra opción tampoco nos queda".

En el listado de iniciativas gremiales inconclusas figuran la eventual reforma tributaria, las subas en los topes de las asignaciones familiares y agilizar el pago de los reintegros a las obras sociales sindicales. Las tres negociaciones terminaron en cortocircuitos con los funcionarios.

El proyecto de reforma tributaria derivó en un cruce retórico entre el jefe de la AFIP, Ricardo Echegaray, y el docente Horacio Ghilini. Los pedidos por el salario familiar fueron sólo escuchados por Juan Manuel Abal Medina, primero, y por Capitanich, después. También un borrador sindical sobre el tema pasó por el despacho del ministro de Trabajo, Carlos Tomada. Y la cuestión más tensa se dio a partir del reclamo por los fondos de la salud. José Luis Lingeri fue designado para negociar la deuda que el Estado mantiene con las organizaciones mutuales. Pese a que sus charlas con la titular de la Superintendencia de Servicios de la Salud, Liliana Korenfeld, son cada vez más habituales, en los gremios continúa el malestar por los millones de pesos que consideran que el Estado les adeuda..

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