A otro puerto con ese Caballo

Del editor al lector

Por Ricardo Roa

Hay una fórmula imbatible para permanecer en el poder: a jefe nuevo, retrato nuevo. Omar Suárez, de alias Caballo, conoce del tema: 27 años como jefe de los marítimos.

Pero no supo o no pudo hacer a tiempo la mudanza del último retrato de Cristina, que en 2012 confesó: “Yo lo quiero mucho”. Hoy está preso acusado de ninguna novedad: corrupción y coacción. Fue la pata acuática del kirchnerismo.

El Caballo nos cuenta la historia de una Argentina negra. Cosas que en el mundo de los sindicatos no es normal. Su primer retrato fue con Aldo Rico y la patota con la que asaltó el SOMU en 1989 cuando los carapintadas tenían poder.

Usó mano de obra pesada. Uno: Carlos El Indio Castillo, detenido por el secuestro y muerte de un estudiante y de un sindicalista antes del golpe del 76. Castillo militaba en la CNU, un grupo fascista. Otro: Osvaldo Paqui Forese, un paramilitar que integró la banda de Aníbal Gordon y fue acusado de haber asesinado a los legisladores uruguayos Michelini y Gutiérrez Ruiz.

Suárez fue menemista, duhaldista y kirchnerista. Cosas normales en el mundo de la política. Su única lealtad ha sido con el poder que protegió sus prácticas mafiosas. Empezó al lado de la ultraderecha. Terminó al lado del ex dirigente de la JP Kunkel y de su esposa senadora, que disponían como propios un auto y una camioneta del sindicato.

Decía: todo lo que flota es mío en una adaptación de todo lo que circula es mío de Moyano. Robó afiliados y extorsionó navieras y remolcadores y montó un rosario de empresas y hasta una casa en el río a la que llamó Cometa. Toda una confesión.

Les llevó en barco a Moreno y a Cristina esa armada brancaleone con cosechadora trucha y vacas clonadas expuestas en Angola, donde Cristina lo elogió en público. En otro viaje con ella le impidieron salir de la habitación por el estado en que se encontraba. No tenía frenos.

Figura bizarra y alimentada por la codicia, se abrazó cuando pudo a Barrionuevo y a Moyano. Y al final y con todo a Bergoglio. Hasta creó la radio on line Papa Francisco.

Las denuncias se volvieron imparables. Navegar la corrupción es más fácil que ponerla en puerto. No parecía estar en el ánimo de Canicoba Corral detenerlo. Como Suárez convivió funcionalmente con todos los ismos del peronismo. Y sabe como pocos sintonizar el poder y prestarle servicios al poder y aprovecharse del poder.

Algo lo cambió al juez, que apostó fuerte al triunfo de Scioli y está denunciado en el Consejo de la Magistratura. Pudo haber sido una charla con Angelici, el mismo que por pedido de Macri bajó a Oyarbide. Macri también quería ver preso a Suárez.

Coment� la nota