Paro general: dos palabras que ningún funcionario podrá decir que no entiende

Paro general: dos palabras que ningún funcionario podrá decir que no entiende
Por Ignacio Miri.

A diferencia del 8N, la protesta tiene una larga historia y fue convocada por dirigentes tradicionales.

Cristina Kirchner maneja un conjunto de resortes formales de poder pocas veces visto : el Frente Para la Victoria disfruta de cómodas mayorías en el Congreso nacional y la mayor parte de los gobernadores y legisladores provinciales en todo el país proclaman su fidelidad a la Presidenta. Centenares de intendentes y miles de concejales en todo el país dicen ser kirchneristas. Si se pone la lupa en los jueces y fiscales en actividad, se puede concluir que ningún gobierno de la democracia nombró tantos como el kirchnerismo.

La Presidenta también suele disfrutar de los elogios públicos de los empresarios más poderosos . Cuesta encontrar declaraciones críticas firmadas por el titular de alguna compañía.

Una abrumadora mayoría de los diarios, canales de televisión y radios celebran cada una de las palabras de Cristina.

Pero ese formidable edificio kirchnerista construido en nueve años de uso desprejuiciado del poder tiene grietas. Por una de ellas se escapó la multitud de manifestantes que hicieron explotar plazas y calles en todo el país el 8N . El Gobierno procuró entender con complejos diagramas -confeccionados en la SIDE y reproducidos en medios oficialistas– cómo se originó esa protesta. Buscaron nombres de propietarios de pequeños blogs y de usuarios de Facebook. Se preocuparon por detectar cuál fue la chispa que generó el fuego sin hacer caso a la pila de leña seca que se acumuló con la larga lista de errores de gestión y de decisiones oficiales postergadas en el último año. Cualquier visitante de las redes sociales sabe que quejas hay siempre: lo nuevo es que ahora hay mucha más gente que las escucha. A pesar de eso, la Casa Rosada hizo como si nada hubiera cambiado desde las elecciones en las que Cristina Kirchner recibió 54% de los votos.

Hoy pasará otra cosa. Ex aliados del Gobierno -el único de los convocantes al paro que puede presumir de un currículum 100 % libre de kirchnerismo es Luis Barrionuevo– llevarán adelante una huelga tradicional, igual a las que el sindicalismo peronista hizo florecer en todas las administraciones salvo las de los Kirchner .

Habrá empresas cerradas, puentes y calles cortadas, bienes no distribuidos, servicios no prestados. Habrá cuentas para calcular cómo se afectó la actividad económica y reglas para medir el grado de éxito del paro. Habrá declaraciones de dirigentes y sindicatos con una larga –en muchos casos, demasiado larga– historia. Habrá una lista precisa de reivindicaciones que esta vez estarán dirigidas sin excepciones al Gobierno y no a las empresas empleadoras. Esos reclamos servirán también como respuesta a decenas de discursos de la Presidenta dedicados a reseñar medidas tomadas “en defensa de los trabajadores”. Mañana, a diferencia de lo que ocurrió el 9 de noviembre, ningún funcionario podrá decir que no entendió los motivos de la queja .

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