Un paro nuevo para problemas muy viejos

Los delegados de Tamse volvieron a sorprender a los usuarios, aunque esta vez no fue con un paro repentino a las 5 de la mañana, como suelen hacer habitualmente. Rubén Curto.

Los delegados de Tamse volvieron a sorprender a los usuarios, aunque esta vez no fue con un paro repentino a las 5 de la mañana, como suelen hacer habitualmente. Decidieron innovar y llevar adelante un “paro a la japonesa” y entre las 9 y las 11 transportaron gratis a dos mil pasajeros en la línea Verde.

La medida, además, contó con el insólito aval de las autoridades de la firma, que optaron por ese mal menor “para no profundizar el conflicto”.

Cansados de los paros tradicionales, en los que siempre ofician de rehenes indefensos, no pocos usuarios le hicieron un guiño cómplice a la original protesta de ayer o directamente respiraron aliviados al confirmar que al menos una vez no se contarían entre los damnificados de una protesta.

Pero ese beneplácito para con la modalidad elegida esta vez por los choferes para llamar la atención dejó en un segundo plano la valoración de los motivos del reclamo.

Según los delegados, fue por el mal estado de unidades, por la inminente “privatización” de la firma y por declaraciones de su titular, Alberto Jiménez, respecto de que Tamse tiene 1.682 empleados aunque funcionaría bien con 1.300.

Para refrescar la memoria, habría que tener en cuenta que ninguno de esos tres elementos representa novedad y que son, más bien, algunas de las cuestiones que apuran justamente la necesidad de un cambio drástico en la empresa.

Tamse arrancó en 2002 con coches desvencijados, luego incorporó unidades nuevas, que ya promedian los siete años de uso, y es cierto que no logró nunca recuperar toda su flota. También lo es que las unidades se rompen mucho más seguido que en las privadas.

El destino inmediato de la empresa no es una privatización. Va camino a licitarse como parte de todo un sistema que ya tiene las licencias caducas y que avanzará en un replanteo general en la cantidad de prestatarias, las líneas y las modalidades de viaje. Y en relación con el exceso de recursos humanos, es la cruz que Tamse carga desde su origen, cuando absorbió el personal remanente de numerosas quiebras de firmas privadas.

Esa empresa fue, vale recordarlo, la tabla de salvación para cientos de choferes que quedaron a un paso de la desocupación. Las sucesivas gestiones se encargaron luego de engordar más aún esa plantilla. Los choferes están en su derecho de procurarse garantías de continuidad laboral.

No parecen estar justificadas protestas “preventivas”, por temas –como la futura licitación– que están en la agenda pública hace más de dos años y que fueron tema central en la campaña electoral. El hecho de que esta vez los choferes hayan elegido no castigar a los pasajeros, sólo agrega un dato de color, pero no modifica la situación de fondo.

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