Más poder para el camionero después del 20N

Más poder para el camionero después del 20N
Por Ricardo Carpena.

La realidad política argentina parece salida de una historieta. Es cierto que en nuestro país ya no quedan superhéroes y que cuesta distinguir a los buenos de los malos, pero algunos dirigentes tienen la piel más dura que el traje de Iron Man, Buenos Aires se muestra a veces tan indefensa como Ciudad Gótica y hay una presidenta que cree ser la Mujer Maravilla.

Para sumar semejanzas con el mundo de los cómics, no parece casual que Hugo Moyano escuche en estas horas advertencias como la que marcó a fuego a un personaje como El Hombre Araña: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Ese es el dilema del líder camionero: ¿qué hacer con el gran poder que le transfirió el impactante paro del 20N ? Acertar en sus próximos pasos será como hallar la kryptonita que debilite más al kirchnerismo. Pero tomar la decisión incorrecta podría dejarlo con menos seguidores que el Guasón (y a merced de los fanáticos de El Pingüino).

En las próximas 48 horas comenzará el debate sobre este tema entre la CGT Azopardo y sus aliados de la CTA rebelde, de Pablo Micheli, y la CGT Azul y Blanca, de Luis Barrionuevo. El moyanismo insiste en hacer a mediados de diciembre una movilización frente al Congreso con el fin de presentar el millón de firmas que habilitarían el debate legislativo del proyecto para eliminar los topes a las asignaciones familiares, aunque el éxito del paro general hizo que algunos dirigentes se entusiasmaran con una segunda marcha, esta vez a la Plaza de Mayo, que sume a otros sectores políticos y sociales.

La segunda opción está en perfecta sintonía con lo que piensa Micheli: para darle un mensaje más contundente al Gobierno habría que organizar un gran acto ante la Casa Rosada e inclusive hacerlo un domingo para permitir que se movilice la clase media que el 8N llenó muchas calles del país. Es casi lo mismo que tiene en mente Barrionuevo.

La coalición moyanista-miche+lista-barrionuevista vive un efervescente momento de euforia: el Gobierno reaccionó ante la huelga de una forma tan destemplada que confirmó que la medida de fuerza había sido importante, y hasta sus críticos sindicales más implacables terminaron reconociendo que los motivos de su lucha eran justos.

Primero fue Roberto Fernández, de la UTA, que admitió que el paro del 20N había sido “importante” y le pidió a la Presidenta “que escuche el reclamo de los trabajadores para buscarle una solución”. Luego, Héctor Daer, de Sanidad, afirmó que “el Gobierno debe escuchar los reclamos que plantearon los trabajadores que realizaron el paro”. Y, por último, uno de los sindicalistas favoritos de la Presidenta, Gerardo Martínez, de Uocra, advirtió que los reclamos del líder camionero “son justos y no son un capricho”.

En la inesperada postura de la CGT Balcarce pesaron dos componentes, tal como quedó al desnudo en el agitado encuentro que sus dirigentes mantuvieron la semana pasada en UPCN. Por un lado, la comprobación de que incluso en gremios K, muchos afiliados desoyeron el pedido de no adherir al paro. En la UOM, que lidera Antonio Caló, sorprendió que la adhesión metalúrgica al paro haya superado el 50% en La Matanza . Algo similar sucedió entre los colectiveros de la UTA, pero Fernández, ante sus colegas cegetistas, le echó la culpa al Gobierno por no haber desplegado el operativo de seguridad que había pedido para que los choferes pudieran salir a trabajar.

Por otro lado, avalar públicamente los reclamos de Moyano, que no difieren de los propios, le permitiría a la CGT Balcarce apelar a una advertencia indirecta para marcarle la cancha a un gobierno que sigue sin convertirla en interlocutora privilegiada. Caló, que estuvo desaparecido todo el día del paro, pareció resignado a su papel secundario cuando explicó que la Casa Rosada no responde a sus demandas porque “maneja sus tiempos” y “algún problema habrá tenido”.

Pero, a la vez, dio “dos o tres meses” de plazo para que se solucione el problema del mínimo no imponible. Aun así, se animó a ese ultimátum porque, según la promesa oficial, en enero una comisión sindical negociará con el Gobierno una solución a los descuentazos que provoca el Impuesto a las Ganancias, cuyas escalas serán replanteadas y hasta se le cambiaría el nombre para evitar que se asocie el salario con un mero dividendo. Caló no alteró su fe kirchnerista ni siquiera tras los desplantes por parte de la Presidenta y de Aníbal Fernández que dejaron descolocados a dos próceres de la UOM.

Cristina Kirchner lo hizo indirectamente al elogiar al sindicalismo combativo de Villa Constitución que siempre atacó Lorenzo Miguel, pero el que consiguió enardecer a la familia metalúrgica fue el senador ultra K al equiparar a Vandor con un traidor y hablar de “Augusto Timoteo Moyano”. La réplica, demasiado moderada de todas formas, fue una solicitada del gremio en la que lo califican de “saltimbanqui trasnochado”.

Más rápido de reflejos, Moyano le pidió a Julio Piumato, de Judiciales, que llamara al líder de la UOM para solidarizarse con el gremio (¿por eso ayer dijo que era “posible” una reunión entre ambos?) e instruyó a sus abogados para que presentaran una denuncia judicial contra Fernández por “apología del crimen” y “amenazas”. Y hasta terminó armando un homenaje a Vandor que mañana hará la CGT Azopardo, al que invitó a parientes del dirigente asesinado y de otro mártir metalúrgico, José Ignacio Rucci. No obstante, aún no le respondió a Barrionuevo si se sumará a una inminente marcha ante la sede del PJ que impulsan la CGT Azul y Blanca, que lidera el gastronómico, y las 62 Organizaciones, encabezadas por Gerónimo Venegas, para exigir que Aníbal Fernández sea expulsado del partido por sus agravios a la memoria de Vandor.

El gran poder de Moyano, ése que lo convierte en una suerte de superhéroe camionero, quizá no haya sido un paro sobrenatural o la alianza increíble con Micheli y Barrionuevo, sino haber conseguido algo que ni los historietistas más imaginativos podrían haber soñado: que el locuaz senador kirchnerista dejara de hablar por unos días.

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